Todos los sábados, a las 11.00 en el Café Iruña

Quedar para pintar

Todos los sábados, a las 11.00 en el Café Iruña, un colectivo de dibujantes locales se reúne para mantener viva la llama de la afición que les unió hace cuatro años.

Un reportaje de Paula Etxeberria Cayuela. Fotografía Iñaki Porto - Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Colectivo de pintores que se reunen los sábados para pintar por Pamplona.

Colectivo de pintores que se reunen los sábados para pintar por Pamplona. (Iñaki Porto)

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Colectivo de pintores que se reunen los sábados para pintar por Pamplona.

Todos los sábados, a las 11.00 horas en el Café Iruña, sin importar si llueve, hace frío o un día cálido con un sol radiante como el que lució ayer, decenas de dibujantes y pintores locales quedan para dar rienda suelta a la afición que les unió hace cuatro años, a raíz de un cursillo trimestral de acuarela celebrado en la Escuela de Arte de Pamplona.

De aquella experiencia nació el grupo Acuarela -así se llaman en WhatsApp, aunque en Instagram son Iruñasketch-, que empezó con 8 personas que se conocieron en aquel curso, y hoy supera las 50. “Se fue corriendo la voz y se fueron sumando amigos, vecinos... Y hoy estamos 53, la gran mayoría de Pamplona o en general de Navarra, aunque hay alguno de San Sebastián o Vitoria”, cuenta María Urmeneta, una de las asiduas a estas quedadas de los sábados en las que se juntan en el Café Iruña para moverse luego por la ciudad en busca de algún rincón atractivo para dibujar y pintar. “Si hace bueno vamos hacia el río, a las pasarelas, si no nos quedamos por la parte vieja, o en el interior del Iruña si llueve”, añade Urmeneta, quien inició la experiencia del grupo junto a Carlos Romero, Miguel Díaz, Lorena Muruzabal, Lourdes Varela, Marilen, Javier Sola y Eloísa Bonera. Luego se sumaron otros muchos: Beatriz, dos Alicias, Roberto, Benito, Manolo, Edurne, Ana, Curro, Marie, natural de Burdeos pero afincada en Pamplona... y así hasta 53. Entre ellos hay arquitectos, vendedores de seguros, restauradores, médicos, abogados, estudiantes, enfermeras, ingenieros... Hombres y mujeres prácticamente por igual. Aunque predominan las personas jubiladas, quizá porque disponen de más tiempo para las aficiones, el grupo reúne gente de distintas generaciones -la más joven tiene 22 años, aunque suele sumarse a las quedadas la hija de una de las integrantes, de 11 años de edad, y el mayor supera los 75-;gente diversa que, a pesar de sus diferencias, conecta a la perfección a través del dibujo y la pintura.


la estampa de los sábados Cada uno busca su sitio, a la sombra o al sol -si las hay, ayer hubo suerte-, en un porche, en un banco o sentado en su propia banqueta plegable;sacan sus cuadernos, de tamaños manejables, fáciles de transportar, sus acuarelas, lápices o tintas, y a disfrutar inmortalizando lo que a cada uno le llama la atención: transeúntes, edificios, árboles, o un detalle de cualquier otro motivo. Y después de pintar, ponen en común lo creado. “Lo mejor del grupo es la espontaneidad, y que es algo muy cooperativo;nos ayudamos”, dice Carlos Romero, médico jubilado. Y con el tiempo, aseguran, todos han aprendido a trabajar mejor sus técnicas. “Pintar en grupo te ayuda mucho a aprender de otros estilos, de otras técnicas;nos nutrimos unos de otros”, apunta Alicia Osés. “Nos aportamos conocimiento sobre material y otras cosas que puedan interesarnos, y así vamos evolucionando en esta afición. Sobre todo, hacemos esto sin afán de nada, sin ninguna meta. Solo pintar. Disfrutamos con ello. Nos animamos mucho todos, no nos cuestionamos, aquí no existe el lo haces bien o lo haces mal, el mejor o el peor...”, cuentan varios de los participantes en la experiencia Acuarela. Participantes, mejor que miembros, porque recalcan que no son ninguna asociación. “Lo mejor de este grupo es que es ácrata, no hay cuotas, ni normas ni jefes;nadie manda, por eso funciona tan bien”, destaca Manolo Esparza, jubilado de 67 años. “La norma es que no hay normas”, coincide con su compañero Miguel Díaz.

No hay compromisos. A cada quedada de sábado acude el que quiere, el que puede, con total libertad. Y de estas reuniones salen “otras cosas”. “Nos enteramos de cursillos que se organizan y nos interesan, o planeamos alguna salida... Pero los sábados quedamos exclusivamente para pintar. Por el gusto de pintar”, dicen.

Y, a través de él, por el gusto de compartir, de socializar, tan necesario en estos tiempos dados al individualismo y al contacto virtual.

La afición ha derivado ya en amistad, y, viéndoles juntos, se entiende que los asiduos a estas quedadas -en torno a 15 de los más de 50 participantes en el grupo- no fallen casi ningún sábado, y deseen que Acuarela “tenga una larga vida”. Y siga creciendo. “¿Te gusta pintar? Vente. No hace falta nada más”, invita Miguel Díaz.