Un referente en el futuro de la Feria del Toro

En las frías y agrestes tierras salmantinas reside la última de las ganaderías de Pamplona que visitamos. Tras su debut el pasado ciclo, los toros del Puerto de San Lorenzo esperan convertirse en un clásico en la Feria

Un reportaje de Patxi Arrizabalaga - Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Tras un día de viaje desde el sur, llegamos a Tamames en Salamanca a pernoctar en La Bombilla, sitio emblemático de la zona, sobre todo por su buen cocido. Hemos quedado a la mañana con José Juan, hijo mayor de Lorenzo, y que está al frente de la casa ganadera. Pero antes una rica cena a base de sopa de cocido y cabrito asado junto al amigo Paco Cañamero nos mantiene al tanto de toda la información actual del campo charro. Y hablamos, cómo no, de la familia Fraile, una de cuyas ramas es la propietaria de la camada que visitaremos mañana. Y es que en esta tierra, donde los grandes señores y las grandes ganaderías de encastes míticos van desapareciendo, los Fraile son un referente de trabajo, esfuerzo y lucha generación tras generación. Y la noche se hace oscura y silenciosa mientras va terminando nuestra charla.

Tras el desayuno, montamos las maletas al coche por última vez. La próxima vez que abramos el maletero será en Pamplona, y eso se nota en el rato que cuesta ir colocando todo, porque hemos ido cargando el vehículo de bolsas extras, como debe ser cuando uno viaja: naranjas, limones, aceitunas y demás viandas ocupan parte importante del gran maletero. Tras despedirnos de la casa de Tamames, salimos hacia el Puerto de la Calderilla que apenas está a diez minutos del pueblo. En ella se encuentran, divididas en dos partes, la ganadería de El Pilar de Moisés Fraile y la de su hermano Lorenzo, que es la que este año nos ocupa. Y allí, el trabajo incesante es patente a estas horas. Piensos, camiones, tractores, todo está en marcha poco antes de la hora de almorzar, que es cuando nos han citado. Cielo azul, sol, todo aún seco porque a finales de febrero el agua solo ha visitado nuestra tierra, y aunque fría, la mañana nos acompaña para poder recorrer cercados. En la plaza central aparcamos y paseamos entre la zona de la plaza, la hermosa capilla, las corralizas, más cocheras que caballerizas hoy en día, y la moderna casa donde Lorenzo vive.

Montados en la pick up vamos viendo los toros. Ya tienen separadas las corridas que tienen preparadas, y vamos viéndolas, aunque primero nos vamos a Pamplona. Diez toros se ven molestados en su relax matinal y se levantan para saludarnos. Camada de toros negros, donde un negro burraco, salpicado de pelos blancos, llama más la atención, pero solo por su pelaje. Digo esto porque el lote está muy bien presentado. Volumen, caja, pechos, manos cortas y fuertes y aparatosas encornaduras nos deja claro que si mañana fueran los festejos pasarían sin problemas cualquier reconocimiento. El encaste Atanasio-Lisardo se muestra en cada toro. Largos y enmorrilados, uno a uno, los vemos con tranquilidad.

Tras la visita nos tomamos un café en casa donde nos espera Lorenzo, que ya va notando los años, y se ha quedado a la lumbre. Eso sí, con sus nietos alrededor jugando bulliciosos. En la charla nos enteramos que ocho festejos mayores tienen ya contratados, entre ellos dos tardes en Madrid, Pamplona, Bilbao, Francia, Salamanca... que demuestran que esta casa es de las punteras en estos momentos. Surge la charla de Pamplona y su pasado debut, donde la tarde fue irregular aunque dos toros importantes si tuvo. Y charlamos del sexto como más importante. Sale el Madrid del pasado otoño y José Juan nos da el dato curioso que los dos importantes toros que propiciaron el triunfo de Miguel Ángel Perera fueron sobreros antes: uno en Pamplona y otro en Bilbao. Al final se reseñan ocho o diez toros, pero solo seis salen, y esos que van sobrando a fin de temporada componen otra corrida de primera categoría. Y es que esto no es matemáticas y nunca se sabe. Aunque nos acercamos, cuenta Lorenzo. Hablamos de su debut en el pasado ciclo, pero la charla deriva en el futuro. Las intenciones de esta casa es quedarse en la ferial Toro. Ser un referente como en Madrid, nos dice José Juan desde el corazón. Y eso no es fácil. Echamos un rato cordial hablando de nuestra pasión, y como casi siempre, intentando arreglar todo en una conversación, pero no queremos molestar más. Es mediodía. Buena hora para ir pensando en llegar antes de que oscurezca.

Nos vamos, salimos ya de regreso a casa. Cansados por la kilometrada que llevamos entre pecho y espalda, pero renovados por los grandes momentos vividos, sin saber ninguno de los tres cuál ha sido el mejor. Las seis horas y pico de vuelta dan para mucho, pero por encima del agradecimiento por el viaje vivido a todas las personas que tan bien nos han recibido, está la feria del Toro, y el explícito deseo de que sea un éxito. El tema ganadero, en teoría el más difícil de predecir al tratarse del bravo animal, ya lo hemos visto y contado. Ahora, a pasar los peldaños de la escalera que nos lleva al siete de julio y esperar que los bípedos estén a la altura y den su medida, y así se lo podamos verbalizar en este magnífico y excepcional medio, siempre abierto a todos ustedes. Allí estaremos para contárselo, desde la humildad y la honradez, pero con seriedad y firmeza. Nunca podemos olvidar el camino del maestro Polite, hacía quien mañana correré presto a contarle hasta el último segundo de un viaje, una vez más, para recordar.

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