¿Centro para especies protegidas?

Por Bixente Serrano Izko - Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Es de suponer que los mendigos de nuestras esquinas urbanas no tienen muchos títulos académicos de alto rango, aunque haberlos habrá quien sí tiene alguno, logrado con su esfuerzo en mejores tiempos. O bien las cosas le vinieron luego mal dadas, o bien alguna tarambainada le llevó definitivamente a mal traer por marañas sin sendas. Pero, con títulos o no, en algún papel estarán registrados muchos y muchas como ciudadanos y ciudadanas con derecho a ser electores y elegibles en esa carrera política tan llena de arribistas y, a lo que se ve, de poseedores de títulos comprados en zocos gestionados desde el patio de Monipodio.

Estamos en una sociedad cada vez más inficionada por la titulitis, y no hay representante público alguno que se atreva a mostrar sus desnudeces académicas. Sin embargo, no habría por qué exigir titulaciones técnicas y académicas de relumbrón a integrantes de candidaturas. Son otro tipo de garantías las exigibles a candidatos y candidatas, mucho más fundamentales que las de sus postgrados. Apostaría a que el mendigo habitual cercano a mi portal no tiene tales títulos, pero nadie puede negarle su derecho a presentarse a las elecciones. Aunque gran parte de la ciudadanía no lo vea así, y se deje cegar por pergaminos y pliegos firmados e incluso falsamente autentificados por las más altas jerarquías académicas. Tanta ceguera afecta hasta a aspirantes a cargos electos, que llegan a convencerse de la imprescindible obligación de mostrar títulos, los hayan ganado o no con estudios, así los hayan mendigado en covachas y antros de burócratas de la venalidad. Si Cifuentes y otros casos que van saliendo son malos políticos, no se debe a su falta de títulos honradamente logrados. Es al revés, por ser mala gente para la política se han inficionado de la titulitis y recurren a mercadear certificaciones falsas.

Aunque la prensa del corazón me suele afectar más al estómago que al ritmo de mis sístoles y diástoles, puedo entender por qué han puesto el nombre de Reina Sofía a un hospital y a un museo más o menos puntero de arte. En este mundo patriarcal, cuando se quiere humanista, bien sabemos el papel asignado a la mujer fuera de su casa: las que no tienen méritos para lucirse en la prensa del corazón tendrán opción a ser maestras o secretarias o la mano izquierda o derecha de algún gran hombre público. Las que sí han logrado o heredado méritos podrán ejercer de mano de santo en hospitales ante cámaras televisivas, o de mecenas del arte, de la cultura y hasta de la ciencia.

Me cuesta más entender cómo han podido bautizar a una universidad con el nombre de un cazador de elefantes. ¿Con qué propósito cultural y científico? ¿Como centro a especializarse quizás en zoobiología? ¿De ahí, tal vez, que se acepte la matriculación de alumnado de especies tan protegidas como Cifuentes? ¿Como materia de investigación en sus laboratorios para poder otorgar títulos del más alto prestigio gracias a sus buenos resultados con alumnado de semejantes especies?

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