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Jesús Azcona Mauleón Antropológo y sociólogo. Premio sociedad y valores humanos 2018

“Navarra ha vivido demasiados años de política institucional que no reflejaba su pluralidad: el reto es saber leer los cambios”

Txus Iribarren Mikel Saiz - Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Pamplona-A sus 76 años de edad, con una larga serie de publicaciones e investigaciones a sus espaldas, Jesús Azcona (Arróniz 1942) tiene la perspectiva temporal, la legitimidad moral y la profundidad intelectual para ofrecer una mirada que resulta tan fresca como sensata sobre su trayectoria pero también sobre la realidad actual de Navarra. Son días de actos, de entrevistas -también para la revista del Colegio, de la que se extraen varias respuestas biográficas- y de emociones, aunque Jesús Azcona Mauléon tiene un hueco para atender a los medios y transmitir las reflexiones de “un lector avezado y un pensador rumiante”, como se autodefine...

En el acto de recogida de su premio puso énfasis en mostrar su preocupación por la presencia del machismo en la sociedad...

-Sí. Quiero subrayar mi interés actual por el machismo. Quizás resulte una tontería, pero el hecho de que mi hija sea feminista y mi hijo aliado feminista ayuda -sin duda- a reflexionar sobre ello. Quizás eso me hace sentir la importancia de poner el foco en un tema del que no soy experto, pero que ocupa parte de mis lecturas y me informo permanentemente sobre él. Me interesa mucho y me inquieta. Quizás porque resulta tan flagrante que a estas alturas tengamos que estar sufriendo de este modo la discriminación y la violencia de género. O, dicho de otro modo, que aprendamos tan poco. La equidad entre hombres y mujeres se presenta en la actualidad como una empresa difícil de alcanzar.

Pasando a otro tema de actualidad, en una de sus investigaciones se centró en los límites geográficos y sociales del euskera en Navarra. Eran otros tiempos, pero el tema sigue candente en la sociedad con el debate sobre la ley el euskera, etc....

-Cuando realizamos el estudio nos volcamos en diseñar herramientas metodológicas capaces de recoger la pluralidad y la riqueza del tema. Estábamos muy ilusionados pensando que se trataba de una oportunidad. Las opiniones recogidas en toda la geografía navarra nos dieron luz. Nos desplazamos por muchos pueblos y ciudades de la comunidad. Constatamos en los distintos actores sus vivencias y experiencias en torno a la lengua vasca. Supimos comprender, en las voces de todos los entrevistados y entrevistadas, qué significaba el euskera. La importancia o no que le otorgaban a la hora de sentirse navarros. También, en su caso, su dimensión política. Fue muy interesante.

¿Ha roto el euskera sus propias fronteras geográficas en Navarra con el impulso social? ¿Cuál es su receta para una buena convivencia lingüística o un consenso básico sobre este asunto muy sensible?

-No sé bien qué se entiende cuando se afirma que el euskera ha roto sus propias fronteras en Navarra con el impulso social, pero sí tengo claro que es necesario trabajar con inteligencia para que la lengua vasca -si así lo desean los navarros y navarras- se mantenga viva y siga enriqueciéndonos como comunidad.

Las identidades y sentimientos culturales también han estado presentes en su trayectoria y además su propia experiencia vital con estancias y viajes por varios países. En un plano amplio, ¿qué futuro ve a las identidades minoritarias en un mundo globalizado y uniformizador?

-Viajar ha sido para mí un aprendizaje continuo. Salir de mi pueblo a una edad temprana y acceder a estudios universitarios es, sin duda, un lujo al que no tenían accesos muchas personas en aquel momento. Hoy en día, sin embargo, la situación es distinta. Ha cambiado mucho. Y esto no es un tópico. Las investigaciones coinciden, desde hace ya un tiempo, en resaltar la importancia de los cambios. Aunque en su análisis y su comprensión haya diferencias, no hay dudas en cuanto al diagnóstico. Diferencias, por otra parte, enriquecedoras, ya que permiten ver la situación desde distintas perspectivas y posibilidades. El futuro está abierto y hay que crearlo con herramientas adecuadas. Esa es la clave.

Cuando escribía mi discurso para la recogida del premio que el Colegio de Sociología y Politología tan generosamente me ha concedido, me serví del pensador Z. Bauman para ilustrar esta idea. Bauman coincide en esto y formula otras propuestas que apuntan hacia la necesidad de plantear la riqueza cultural -la diversidad- como paso necesario para reflexionar sobre lo social, especialmente en un mundo global donde la innovación pone a prueba la solidez de todos los vínculos. Se nos plantean preguntas por la identidad y/o comunidad que nos desbordan. Pero, en todo caso, esto es lo relevante, a mi juicio: cuestiones que se resuelven con más diálogo, más democracia e incluso, por qué no decirlo, más sentido común. ¡Qué falta hace!

Y, mirando de puertas a dentro, ¿es posible articular estructuras políticas compatibles con la pluralidad identitaria o cultural? Estamos viendo estos días el complejo encaje de Catalunya...

-El caso de Cataluña hace evidentes estas carencias. Carencias en el modo de hacer política. Y, sobre todo, carencias “creativas” para imaginar “otros modos de hacer política”. Las ciencias humanas y sociales tienen mucho que aportar sobre esto, como la comprensión y/o formas de acercamiento, para que así también puedan escucharse la ciudadanía y sus representantes.

Ha sido una persona muy implicada también en el estudio de la realidad cercana. Entre sus trabajos está “Etnia y Nacionalismo Vasco”...

-Fue una de mis primeras obras. Eran momentos duros y a través de esta investigación aprendí mucho y dediqué mis esfuerzos a trasladar esos conocimientos a los estudiantes y a la ciudadanía en general. Participé en conferencias, congresos, seminarios y foros. También tengo mucho aprecio a los dos tomos publicados en la Editorial Verbo Divino, en el año 1987, en la colección “Para Comprender”. En el primero, abordé la historia de la Antropología y el segundo es un tratado monográfico sobre Cultura. Me hizo ilusión que fueran traducidos al portugués en Brasil. Aún tengo varios trabajos sin publicar…, Vida y obra de Julio Caro Baroja, Los Zapotecas de la Sierra Juárez, W. Schmidt y J.M. de Barandiarán, entre otros.

La Comunidad Foral es sociológica y políticamente compleja. ¿Se puede afirmar que en Navarra existen culturas o subculturas diferentes?

“Me inquieta mucho el tema del machismo y la violencia de género. La equidad entre hombres y mujeres es una empresa difícil de alcanzar”

“Hay que trabajar con inteligencia para que el euskera, si los navarros lo quieren, se mantenga vivo y supo

-Navarra es una comunidad que tienen en su seno una pluralidad muy grande. Y esto es, sin duda, una gran riqueza. Esto lo pude estudiar y analizar con atención cuando en 1985 realizamos -por encargo del Gobierno de Navarra, como decía antes- la investigación sobre los límites geográfico-sociales del euskera. Hicimos muchas entrevistas. Fue un trabajo muy interesante para comprender a través de la lengua los vínculos y el territorio. Han pasado muchos años desde entonces y muchas cosas. Por ello, no sabría en estos momentos responder con objetividad a esa pregunta.

En esta línea es claro que la sociedad navarra ha cambiado mucho desde entonces. Y está viviendo nuevos cambios. ¿Cómo ve la conexión entre una supuesta corriente social de fondo y su representación o estructura política-institucional?

-Es relevante pensar en tiempo de cambios. Navarra ha vivido durante muchos años -demasiados años diría yo- con una política institucional que no ha sabido contemplar la pluralidad de la comunidad. También hay que recordar que hemos vivido tiempos difíciles. Muy duros. Con mucho dolor y mucho sufrimiento. No era fácil. Ahora el reto es saber comprender los cambios, haber aprendido en el proceso, y articular políticas que estén atentas a nuevos desafíos. A veces, tengo la impresión de que abordamos temas nuevos en odres viejas. Y, de nuevo, esto no es fácil. Pero, insisto, hay que ser valientes, explorar soluciones creativas y arriesgar.

El mundo del saber en general es un espacio del que precisamente siempre surgen respuestas nuevas a viejas preguntas. ¿Cómo le dio por estudiar Antropología, una ciencia seguramente desconocida para la mayoría de los ciudadanos navarros, en aquella época, en aquel contexto social...?

-Pienso que en la vida de los seres humanos hay mucho de azar, de casualidad. Lo cierto es que no creo en el destino. Podríamos decir -en ese sentido- que mi llegada a la Antropología tiene mucho de circunstancial. Con apenas doce años, salí de Arroniz para ingresar en el seminario del Verbo Divino en Estella. Algunos primos míos mayores me habían precedido y, cuando llegué, ya estaban allí internos. Eran tiempos duros y difíciles. Mi familia era una familia numerosa. Éramos diez hermanos. Mi padre era músico y agricultor. Como se decía en aquella época, los “Azcona-Mauleón” eran considerados una “familia fuerte”. Esto significaba contar con una cierta holgura económica. No sabría decir en qué momento de mi vida me empieza a interesar la antropología. Me examiné del bachiller en el Instituto Príncipe de Viana de Pamplona. Pocos años después me fui acercando a la disciplina a través de compañeros que, en esos momentos, estudiaban en Lovaina, Bélgica. Uno de ellos me informó de la existencia de los estudios de Antropología en Friburgo, Suiza.

¿Qué aporta de específico la Antropología con relación a otras disciplinas sociales como la Sociología, Etnografía, Historia, etcétera en el conocimiento de lo social?

-Los orígenes del término -anthropos (“hombre” o “humano”) y logos (“conocimiento”)- apuntan a sus contenidos. La Antropología abarca un amplio programa cuyo fin es el estudio y/o esclarecimiento del ser y el devenir de los seres humanos. La Antropología acompaña a otras disciplinas, ayudando a pensar aquellos aspectos que permiten dar una visión global de la vida, de la pluralidad de formas de vida. Toda incardinación de la sociedad en un mundo material ha de ser explicada y, en ese sentido -a través de la labor etnográfica- comprendemos cómo surge la diversidad y como se unifica. Podemos decir que la antropología -con sus distintas especialidades- ayuda a conectar y generar conocimientos globales.

Se ha relacionado a la Antropología con el estudio de pueblos o culturas primitivas y/o relativamente aisladas, sin embargo, es mucho más que eso, ¿cuáles serían en la actualidad los campos o áreas de conocimiento propios de la antropología, o las perspectivas de enfoque desde la Antropología?

-En mi opinión, es un error clasificar a los seres humanos por su mayor o menor “primitividad”, como en algunas ocasiones se ha hecho. Dicho con otras palabras, no existe ningún pueblo o grupo humano sin normas, sin tecnología, sin control social, sin valores… por “primitivo” que lo consideremos. Que sea diferente a “lo predominante” o se encuentre menos “conectado” -diríamos hoy- a otros grupos, es otra cosa. La clave está en recuperar comprensión empírica recogiendo la pluralidad de regímenes de existencia en nuestro mundo. Investigar de qué estamos hechos. Desde esta perspectiva la antropología está muy viva. Los jóvenes investigadores son los que tienen ahora el desafío.

¿Tiene la Antropología la presencia social necesaria hoy en día?

-¿Qué es hoy en día presencia social? Es difícil responder a esta pregunta. Parece que el sentido común invita a decir que no. Pero no estoy seguro de esto. Es curioso esto que me preguntas. Si. Estoy de acuerdo con tu formulación. Hoy en día parece que el glamour que la antropología tuvo en fechas no tan lejanas, de alguna manera, se ha perdido. Sin embargo, dependiendo de cómo miremos, la presencia social también se hace más patente por otros cauces que las tecnologías generan. Digo esto, pero -al mismo tiempo- no estoy seguro. Quizás los cambios en los que estamos inmersos, reclaman una reflexión sobre qué es hoy presencia social. Y, aún más allá, qué es lo social, qué es lo que une, lo que conecta.

¿Qué es lo más relevante que le ha aportado el estudio de la Antropología desde el punto de vista intelectual y humano?

-A través de la Antropología -entiendo y comprendo- el mundo “mejor”. Aunque confesaré que, ahora, en algunos momentos, la realidad que estamos viviendo me desborda. De todas formas, he tenido la fortuna de ejercer mi profesión en la Universidad. Todo un lujo. Hasta que me jubilé -hace ahora seis años- disfrute de mi trabajo en las aulas y en la investigación que acompañaba siempre mi labor docente. Soy lector avezado y pensador rumiante, que cada día dedica una buena parte del tiempo a leer y escribir. He sido y soy, sin duda, un afortunado.

¿Entre investigador social y enseñante-profesor con cuál de los dos oficios o actividades se quedaría?

-En mi caso no existe ninguna diferencia entre investigador social y enseñante-profesor. Para mí, ambas actividades han sido complementarias y se retroalimentan. Prácticamente, todas mis investigaciones están escritas para ser utilizadas en mis clases. Aunque, no he publicado los poemas o versos, escritos al albur de lo que acaecía. Se los regalaba a mis estudiantes. Recuerdo que una estudiante me hizo un examen en verso. Le puse una buena nota y no se lo podía creer. La pregunta por la transmisión del conocimiento es importante formularla. Distintos modos y “tecnologías” que sin duda enriquecen las prácticas docentes. Por ejemplo -en mi caso- ha sido la poesía. Ella ha contribuido a desarrollar mi imaginación, además de disfrutar y generar otro tipo de vínculos con el saber. La poesía, nos recordaría María Zambrano, es expresión y nace del mismo conflicto del ser humano.

¿Tiene futuro la Antropología en el actual contexto sociopolítico?

-Las transformaciones del mundo nos abruman, pero precisamente en momentos de cambio, la labor de la antropología para explicar científicamente como se sostiene la sociedad resulta relevante. Se trata de describir cómo los hombres y mujeres hacen cosas para expandirse, relacionarse, compararse y organizarse. Describir para comprender.

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