Ópera

Una personalidad teatral

Por Teobaldos - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Recital de ópera

Bryan Terfel, bajo - barítono. Orquesta Sinfónica de Navarra, director Garth Jones. Programa: Mozart: Obertura y Madamina de Don Giovanni. Polonesa de E.Oniegin de Chaikovsky. Le Veau d’Or del Fausto de Gounod. La Copla de M. Navaja de la ópera de Tres Centavos de K. Weill. Aria de Mefistófeles de Boito. Wagner: preludio de Loengrin;Aria de Hans de Los Maestros Cantores;Cabalgata y escena final del tercer acto de La Valkiria. Programación: Abono de la Fundación Baluarte. Lugar, sala principal. Fecha: 14 de abril de 2018. Público: tres cuartos de entrada (45, 32, 21 euros, con rebajas para jóvenes).

Bryan Terfel sale a escena con su figura de ganadero galés, faz concentrada en el personaje que va a interpretar, camaleónico de roles, ecléctico de estilos. Eso sí, todos los papeles de la primera parte, muy bien encuadrados en su voz y fisiología, y centrados en esos personajes malditos -que tanto nos gustan, y le gustan- y a los que él dota de especial poderío y teatralidad: Don Juan, Mefistófeles, Mackie Navaja, y el Falstaff que se burla del honor.

Cuando canta, su voz corresponde a su figura: sobre todo en los agudos, es expansiva, se dilata en la sala y abre como un abanico, abarcándolo todo;esas bocanadas de sonido sosteniendo los calderones en la parte alta del pentagrama, impresionaron al público. Algo menos, en algunas notas graves. Comenzó con el famoso catálogo del Don Giovanni, cantado como si fuera la ópera representada. Los “Mefistófeles” de Gounod y Boito fueron rotundos, convincentes, imprecatorios, casi satánicos. Y una soberbia versión de Kurt Weill, muy matizada, de excelente pronunciación textual, cercana y canalla. Cerró la primera parte -muy a su medida- un, de nuevo, muy teatralizado Falstaff, con barriga y todo, pero, magistralmente interpretado en su cinismo. Terfel, encandiló, además, con su potente silbido, con el que comprometió al público. Pero, toda la humanidad desplegada durante el recital, no tendría tanto éxito, si no estuviera basada en la voz. Voz que, desde luego, es la apropiada para Wagner. Estamos ante uno de los grandes wagnerianos actuales. La segunda parte, dedicada al genio de la ópera, por el propio carácter de las arias elegidas, mostró el lado más intimista, los matices más delicados, del cantante. Preciosa y maleable el aria de Los Maestros Cantores, dentro del grosor wagneriano. Pero, sobre todo, sobrecogedora la escena final del tercer acto de La Valquiria -el adiós de Wotan-: sosteniendo siempre la omnipotente base sonora necesaria, Terfel va de unos matices en “piano” enternecedores, por ejemplo, cuando canta “…estos luminoso ojos que yo acaricié…”, -pianos wagnerianos, claro, redondos y macizos-, a unos contrastados fuertes cuando castiga a Loge. Personalmente, sin quitar mérito a la primera parte, dos horas de Wagner con Terfel… Y con la Sinfónica de Navarra, y el director G. Jones, que solventaron muy bien el reto del Preludio de Lohengrin, la famosa Cabalgata de las Valquirias, y, sobre todo, el acompañamiento de la escena final, solucionada con bellísimo lirismo en la cuerda y con buena dosificación del volumen: lo más complicado, para no tapar al cantante. Antes, la orquesta cumplió con la polonesa de E. Oniegin -metida un poco de relleno-, y las oberturas de Don Giovanni, y de Nabucco;esta última con una versión soberbia. De propina dos canciones populares: una de nostálgicos recuerdos, y otra, una preciosa canción de cuna galesa: nada más acogedor que esa voz carnosa de barítono;nada más hermoso que la ternura en un hombretón como Terfel.