El placer viene por añadidura

Luis Beguiristain - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Antes se decía: A vivir que son dos días. Toda postura radical atrae o produce una fuerza en sentido opuesto. En estos últimos siglos la Iglesia ha sido radical en dos cosas. 1ª. Al afirmar que en una encarnación nos jugamos la eternidad. 2ª. Ha reprimido la sexualidad de una forma excesiva por ignorancia y, de paso, para tener sometido al rebaño. De ahí han surgido otras dos posturas opuestas. A. Mucha gente está obsesionada por vivir a tope. En su tiempo libre buscan formas arriesgadas de entretenimiento y se dejan llevar de una manera inconsciente según algunas corrientes sociales. B. En lo sexual están enganchados a ligar al tope de sus posibilidades, olvidándose de que están en la mejor edad de la vida para todo, y también para rendir al máximo en aquello que elijan como crecimiento humano. En la comida pasa lo mismo. Los señores de los michelines, que han robado la palabra restaurador a los restauradores de muebles y de castillos, buscan a la gente para deleitar sus paladares con cosas demasiado sofisticadas y rebuscadas. Esperemos que llegue un día en que se pongan a estudiar qué alimentos son los más saludables, según los conocimientos de ahora, y que su objetivo sea dar comida nutritiva y sana para la gente corriente, en lugar de prodigar el placer de los sentidos para la gente pudiente. Su ejemplo serviría para el resto de sitios más discretos.

El objetivo de nuestras vidas debería ser aquél que, cuando uno se imagina que es mayor pueda decir: “he hecho lo mejor que he podido aquello para lo que la naturaleza me ha hecho existir aquí”.

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