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La otra crónica

Síntomas de agotamiento

Por Javi Gómez - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

la palabra que define el estado actual de Osasuna es agotamiento. No físico, ya que aunque las rotaciones han brillado por su ausencia el equipo parece llegar con las piernas más bien frescas, pero sí de todo lo demás. Hay síntomas de agotamiento en el lenguaje no verbal de unos jugadores que reaccionan sobrexcitados. Hay síntomas, más claros aún, de agotamiento en una grada que ve como cada día el resquicio de la ilusión es cada vez más pequeño y ya roza lo diminuto. Y hay síntomas de agotamiento en el discurso.

La expulsión de Xisco, un jugador que más allá de que tiene carácter se había mostrado siempre correcto, o los aspavientos de unos cuantos de sus compañeros con el árbitro, rivales o, incluso, con gente de su mismo equipo, son una muestra importante de la frustración reinante en la plantilla, especialmente con los partidos en El Sadar. Porque la falta de fiabilidad como locales es la causante de muchos de los males de Osasuna. La desesperación hizo estragos en varios jugadores rojillos y acabó por llevarse a Xisco por delante.

Ni siquiera el golazo de Borja Lasso sirvió para que ni el equipo ni Diego, que pedía calma en la banda, se tirasen a por el partido con todo

Otro síntoma claro fue que, tras el golazo de Borja Lasso, el equipo no tocó en arrebato y se tiro a por el Córdoba. Ni ese gran tanto, que encajaba perfecto como punto de inflexión para cambiar el partido, sirvió como chispa para lanzar al equipo a por la victoria. Pero ni al equipo, ni al entrenador, que pedía calma en la banda cuando había que ponerle una guindilla al partido para activar a todo el mundo.

Es cierto que El Sadar no ha sido este año el de antaño en ninguno de los sentidos. Las altas expectativas creadas ayudaron en verano para agotar los abonos pero también tenían unas obligaciones y esas no eran otras que no provocar la desesperación de los aficionados día tras día. Al final, El Sadar está pitando más que en años donde el equipo no daba para más pero por lo menos se dejaba la piel en el campo. Esta temporada la sensación de bloqueo que se transmite desde el césped se puede confundir con desgana, que no existe (ciertamente es un grupo muy comprometido), y eso en Pamplona enerva a cualquiera.

A falta de siete jornadas es muy complicado darle la vuelta a todo lo acumulado durante tantos meses. Aún es posible, sin duda, pero antes de mantener ese discurso, el equipo debe de hacerlo efectivo en el campo. Demostrar, con hechos, que los síntomas de agotamiento pueden revertirse.

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