En honor a la verdad, del movimiento de pensionistas

Aurora Bilbao Soto - Viernes, 20 de Abril de 2018 - Actualizado a las 12:11h

 A veces, la verdad no brilla, más que por su ausencia. Los argumentos esgrimidos en algunos artículos de opinión que leemos en la prensa, y que escuchamos en los debates en la televisión y en la radio, en relación con el amplio movimiento de pensionistas, que nos estamos movilizando en los últimos tiempos, se sustentan en alguna que otra utilización perversa de los datos, así como en una serie de, llamemos, “errores de concepto”, y a los que me voy a referir seguidamente. Elegir el nivel salarial actual, del que no podemos sentirnos ni mucho menos orgullosos, para “enfrentarlo” al nivel de pensiones actuales, no parece que sea ni justo, ni ético, ni recomendable. Esta utilización de los datos parece buscar la división entre generaciones. El nivel salarial antes de comenzar la crisis era muy superior al actual y las pensiones eran muy parecidas a las actuales, pero hacer, en ese momento, la comparación no le interesa a nadie. Lo que se debe buscar es la convivencia armónica en un marco de igualdad y solidaridad que haga de esta Sociedad el paradigma del bienestar. Debemos tener muy presente que la Economía Plateada es una de las fuentes de riqueza que está surgiendo con fuerza en Europa, y que siendo consecuentes no se nos puede abandonar económicamente, por un lado, y querernos llenar de ayudas, para una vida futura mejor, por otro, que de seguir así no podríamos pagar.

Primer error de concepto: Analizar por separado los mundos por generaciones.

Éste no es un criterio que se ajuste a los valores que deben impregnar nuestra Sociedad: igualdad, solidaridad, empatía, justicia social …. Con esta visión del mundo categorizado por edades, se añade un factor más al enfrentamiento entre generaciones, cuando lo que hay que buscar más que nunca es el pacto intergeneracional. Todas las personas dependemos unas de otras. Si hay un niño o niña en riesgo de exclusión o pobreza, el problema debe recogerlo la Sociedad. Si hay jóvenes sin empleo digno, el problema debe transferirse a la Sociedad. Si hay una persona mayor que no puede poner la calefacción en pleno invierno, le corresponde a la Sociedad (es decir, todos y todas y cada uno de nosotros o nosotras) dar respuesta a esa situación. Porque somos una unidad y gozamos y sufrimos con todo lo que acontece a cada una de las partes de esa unidad, y si no lo hacemos, es que vamos en dirección equivocada. ¿Cómo actuar? Por un lado, exigiendo a los poderes públicos su solución. Por otro, tener en cuenta cómo han respondido los diferentes partidos políticos a estos problemas y decidir coherentemente nuestro voto en las elecciones el día que a la ciudadanía le toca ser dueña del futuro.

Segundo error de concepto: Considerar que las pensiones son transferencias de las personas que trabajan hacia “las que han trabajado ya”. Las personas que ahora perciben una pensión han invertido en ella durante todos los años de su vida laboral en forma de sus cotizaciones a la Seguridad Social. Que nadie ponga en duda el derecho de las personas jubiladas a percibir una pensión tan digna y justamente ganada (merecida). Las pensiones, por tanto, no puede considerarse que procedan del esfuerzo de las personas que están “en activo”.

Tercer error de concepto: Pensar que las reivindicaciones de los pensionistas van en detrimento de los derechos del resto de la población. Más bien al contrario, las reivindicaciones de todos los grupos de pensionistas y jubilados van mucho más lejos. Si luchamos no es sólo por nuestra situación personal sino para que las generaciones venideras tengan un futuro más seguro. Las personas mayores nos hemos ganado el derecho a una pensión que nos permita tener la suficiencia y la independencia económica.

Las personas “no mayores” tienen (por ley) derecho a una suficiencia e independencia económica a través de un trabajo. Si hay un derecho que contraviene a otro, es que algo va mal. Sin asomo de duda, las pensiones y el empleo digno son derechos que no sólo no se contravienen, sino que además están en simbiosis total.

Ni algunas pensiones actuales, ni la mayoría de los salarios actuales de las personas “en activo” pueden garantizar la tan codiciada independencia económica personal. Tampoco es halagüeña la situación de las personas "en activo”, ni el de las que están en “stand by obligado” (personas en paro). El acceso a un empleo parece más que un sueño, una pesadilla. Si no hay empleo, y cuando lo hay, los salarios a veces no son ni tan siquiera “de subsistencia”, no es por culpa de las pensiones. Es responsabilidad directa del gobierno y de la falta de ética y sensibilidad de quienes elaboran un modelo de país en el que las personas mayores sobran. La miopía selectiva de quienes quieren conducirnos al enfrentamiento intergeneracional desconoce que los derechos o son universales o no son derechos.

Luchamos por la igualdad entre hombres y mujeres, entre mayores y jóvenes, entre personas “en activo” y las que están “en stand by”, porque entendemos que la igualdad es el pilar que sustenta la Sociedad del Bienestar, a la que aspiramos.

La pregunta es: ¿Cómo conciliamos este pacto intergeneracional?

Cuarto error de concepto: El sistema de pensiones actual no es sostenible, porque no hay recursos.

Este mantra es el error que más perjudica, porque tiene una doble intención. Por un lado, justificar las medidas que toma el gobierno y por otro abocar a la ciudadanía a buscar refugio en los planes de pensiones privados, cuyos únicos beneficiarios son la banca, las clases dominantes y más de un político.

Recursos hay, lo que no hay es voluntad de una distribución más coherente y justa de los mismos. Es necesario un nuevo modelo del sistema que garantice las pensiones universales y su actualización-revalorización para mantener su poder adquisitivo. Capítulo aparte merece la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito de las pensiones. Mientras la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 25%, la brecha de las pensiones es del 35%, una discriminación más hacia las mujeres, y ya vamos sumando muchas.

No podemos olvidar que las personas que disponen de la garantía de percibir una pensión se encuentran dentro del grupo de las personas privilegiadas, teniendo en cuenta que hay personas que ni tan siquiera disponen de ella. No obstante, tampoco hay que olvidar que muchos hogares con problemas de recursos (salarios absolutamente insuficientes, elevada tasa de paro, etc.) han necesitado de la ayuda de “sus

mayores” (sobre todo de las mujeres mayores) tanto a nivel económico como de otra índole. De prolongarse la situación de crisis económica (también de valores), esto puede contribuir a poner en riesgo de empobrecimiento a las personas que generosamente han compartido su pensión con miembros de su familia que se hallan en una situación difícil. De esto no hay ni tablas, ni estadísticas fidedignas, pero la realidad que se vive está ahí para quien tenga la sensibilidad suficiente para verla, analizarla y “sentirla”.

Es posible que los pensionistas hayamos podido aguantar la crisis económica en mejores condiciones, aunque la dinámica de los últimos años va a peor. Las personas mayores están más entrenadas, han aprobado con sobresaliente cum laude un máster de cómo vivir momentos difíciles en todos los niveles de la vida. Esto engrandece a la Sociedad, porque la Sociedad que no cuida de sus mayores es una Sociedad sin empatía, anómica por completo, y muerta a nivel humano. Lo fundamental es gestionar los recursos disponibles (que los hay y suficientes) y redistribuirlos con enorme equidad y justicia, poner el foco en los grupos más vulnerables (mayores, viudas, infancia, juventud …). Así progresaremos hacia la tan deseada Sociedad del Bienestar que nos merecemos y que no es ninguna utopía. Pensar que la Humanidad puede sobrevivir sin retomar los valores y el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, eso sí que es una utopía. Lo que realmente está en juego es el modelo de Sociedad, en el que quepan niños y niñas, jóvenes, “maduros activos”, los “en stand by”, los “seniors”, los “nagusiak” (los principales en euskera), pero todos y todas por igual, llenando de sentido la etimología de la palabra Sociedad (compañerismo, asociación, unión …)

La marea gris de pensionistas, al igual que la marea lila de mujeres no vamos a detenernos. Seguiremos llenando las calles y lucharemos por TODOS Y TODAS, incluso por quien no se lo merezca.

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