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El agujero oscuro de Ezkaba

La nueva edición del libro de Fermín Ezkieta sobre el fuerte revela que había casi 700 presos sin registrar tras el golpe del 36, lo que dio pie a sacas sin controlar y más desapariciones

Un reportaje de Txus Iribarren.| Fotografía Iban Aguinaga/cedidas - Domingo, 22 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El agujero negro de Ezkaba.

El agujero negro de Ezkaba. (CEDIDA)

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El agujero negro de Ezkaba.

desde que Txinparta o Iñaki Alforja pusieran su foco en hacer visible a la sociedad pamplonesa el hecho de que a pocos kilómetros de sus tranquilos hogares se encontraba uno de los ejemplos más duros de la represión franquista, el Fuerte de San Cristóbal no ha dejado de dar noticias y sorpresas. Fermín Ezkieta es uno de los autores que más está profundizando en esta temática en los últimos años. Su investigación es una prueba de lo primero, ya que va por la tercera edición del libro Los Fugados del fuerte de Ezkaba. Esta última acaba de salir a las librerías y aporta una novedad relevante que explica algunas incógnitas: en el trágico verano de 1936 había entre rejas 668 presos opositores al golpe franquista que no aparecían reflejados en los registros penitenciarios. ¿Cuántos de ellos murieron en sacas y nunca se supo de su destino? ¿Es por esta razón por la que ni siquiera en esta edición del libro ha sido posible desvelar la identidad del cuarto fugado, cuyo origen se sitúa en Azagra pero no hay ni rastro de él en los papeles? Estas preguntas y otras reflexiones sobre el futuro del fuerte son las que deja en el aire la nueva publicación de Ezkieta presentada la pasada semana en dos charlas en Burlada y Mendillori.

descubrimiento

Documentación

Presos sin registrar

La principal aportación de esta edición es “desvelar el número de opositores a la sublevación militar que pasaron por el fuerte en 1936, hasta ahora, un agujero negro. Las dictaduras son cuidadosas al ocultar sus crímenes, pero su burocracia los delata”, explica. Así, un certificado de enero de 1944 detalla el número de presos en el fuerte mes a mes en 1936. Descontando los inscritos en el Libro de Registro, que tenían condena judicial (17 a 31 de octubre de 1936), el nº de detenidos sin registrar era de 356 a finales de julio de 1936;668 en septiembre y 327 a fin de año. “¿Cuántos de ellos fueron objeto de sacas, para ser fusilados?”, comenta.

exhumaciones

Nuevas fosas

Otros 17 cuerpos y los fusilamientos del Norte

El trabajo para actualizar este libro sí que ha conseguido, en cambio, ubicar -gracias a los trabajos de la Sociedad Aranzadi- dónde murieron 17 fugados que no constaban en ediciones anteriores: 6 en Burutain, 5 en Urtasun, 2 en Lintzoain, 1 en Olabe (a parte de la fosa de 16), y en Urdaniz 3. Ezkieta destaca también las aportaciones de los vecinos para localizar estos lugares. Fermín Ezkieta, en este aspecto, quiere romper con otro estereotipo que sitúa la mayoría de los fusilamientos en la Ribera, mientras que la zona norte fue más tranquila. Es cierto que los valles de la Navarra verde tuvieron un julio más tranquilo y que las cifras de la Zona Media, Estella y Ribera son muy altas, pero si se suman los fusilamientos tras la fuga de San Cristóbal en estas zonas el mapa cambia a partir del 38.

contrapunto

¿Buenos y malos?

Algunos uniformados republicanos y parte de la población franquista

La fuga de San Cristóbal, como otros pasajes de la guerra, dio lugar a situaciones contradictorias. Aunque el libro documenta notables muestras particulares y colectivas de solidaridad con los fugados entre la población, también hay casos contrarios. Sólo así se puede entender que la persecución se saldara con tantas detenciones y fusilamientos. Por otro lado, Ezkieta quiere desmentir el apoyo unánime de los uniformados al golpe de 1936. Así, según cuenta, el responsable de los carabineros de Eugi, sargento Eugenio Benedid Osta (nacido en Valcarlos), se pasó al bando republicano y participó en la defensa de Bilbao. Tras evitar caer prisionero, huyó por el monte y, atravesando las líneas enemigas, se encaminó hacia Francia en compañía de otro carabinero, Benigno Simón Linzoain, de Villava. Al final fueron sorprendidos y tiroteados en el pueblo navarro de Latasa, pero el 7 de septiembre, gracias a su conocimiento de la zona cruzan la frontera por Kinto. Osta cayó prisionero en Catalunya con el fin de la guerra. Fue condenado en 1939 por el delito de traición y recluido en la cárcel de Pamplona. Según dice, el comandante de la Guardia Civil en Eugi, Julián Encabo, “inmisericorde perseguidor de los fugados”, declaró que Benedid era “amigo de contrabandistas y admirador del maldito Frente Popular, repartiendo su propaganda por bordas y pueblos en febrero de 1936”.