Música

The funk brothers

Por Javier Escorzo - Jueves, 26 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

No hay en nuestro país muchos grupos como O’funk’illo, capaces de mezclar estilos aparentemente tan dispares como el funk, el rock, el rap y el metal, obteniendo de todo ello un resultado cohesionado y coherente. Tuvieron un inicio de carrera fulgurante;su música sorprendió y cautivó a un público de lo más heterogéneo, lo que les permitió actuar en festivales de todo tipo y acometer extensas giras por salas. En 2006, tras ocho exitosos años de carrera, decidieron separarse por discrepancias artísticas y personales, pero en 2010 volvieron a reunirse;aunque la idea inicial era conmemorar el décimo aniversario de su primer disco, el buen ambiente con el que se desarrolló todo hizo que el proyecto siguiera activo hasta nuestros días. El pasado viernes llegaron a Pamplona dentro de la gira de su último trabajo, un recopilatorio que resume sus dos décadas doradas de andadura con colaboraciones de treinta artistas entre los que, por cierto, están los navarros El Drogas o Brigi Duke.

Con pocos minutos de retraso sobre la hora prevista, las luces de Zentral se apagaron y comenzó a escucharse la sintonía de El bueno, el feo y el malo, tras la cual no llegó ningún espagueti western, sino una ración concentrada de lo que ellos mismos definen como “funky andaluz embrutesío”, o lo que es lo mismo, una descarga brutal de funky aderezada con una contundencia y una actitud propias del rock’n’roll más furibundo. Su base es, sin lugar a dudas, un funk en el que el bajo de Pepe Bao desempeña un papel protagonista;no en vano estamos hablando de uno de los mejores bajistas del país, que ha colaborado con muchos de los mejores artistas nacionales (Luz Casal, Raimundo Amador, Mikel Erentxun, Manolo García, Barón Rojo…). Sin embargo, es en O’funk’illo donde puede dar rienda suelta a su creatividad con las cuatro cuerdas, derrochando imaginación y virtuosismo en todos los temas (O’funk’illo groove, A jierro, Dinero en los bolsillos…). Por otro lado, Javi Marssiano es un versátil guitarrista, muy capaz de tocar funk, pero también otros estilos como hard rock (Esos cuernos) o reggae (el himno fumeta Mary Jane), con lo que los temas se llenan de nuevas texturas. En el último vértice del triángulo está Andreas Lutz, cantante con carisma, estética ZZ Top y gracejo andaluz, que se dejó la garganta, saltó y no dejó de enardecer al público.

Con semejantes músicos sobre las tablas (también había batería, teclista y corista), no es de extrañar que se recrearan en las partes instrumentales. En la sala daba igual: algunos cantaban y todos bailaban sin parar. El desparrame duró hasta los bises, con Rulando o Arte un waka. Grupo difícil de definir y, en su estilo, imposible de superar.