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‘Shock’ de incredulidad en la planta noble

cargos y empleados municipales recibieron con tristeza la sentencia sobre un hecho que conmocionó a la ciudad

Un reportaje de Kepa García - Viernes, 27 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Incredulidad y desolación. Mucha tristeza por lo que puede suponer la sentencia sobre La manada en la lucha social contra las agresiones sexistas a las mujeres y por la víctima de aquellos cinco sevillanos que convirtieron la madrugada del 7 de julio de 2016 en un infierno. Una fría sensación recorrió los pasillos del ayuntamiento nada más hacerse pública la resolución judicial sobre lo sucedido en aquel maldito portal.

El alcalde Asiron y su equipo más cercano se reunieron poco antes de las 13 horas para escuchar juntos la resolución. Aunque daba la sensación de ser un jornada normal, no lo era. No lo podía ser. Un grupo de estudiantes de 1º de la ESO de las ikastolas Jaso y Etxepare (Baiona) recorrían ruidosos los pasillos del edificio consistorial ajenos a lo que estaba a punto de conocerse. Participaban en una de las visitas que se llevan a cabo al edificio consistorial, que incluye el balcón del que se lanza el Chupinazo, el salón de actos donde se celebran los Plenos y la sala de ceremonias.

Estas dos últimas dependencias se encuentran en la planta noble, una a cada extremo. En medio queda el despacho del alcalde y varias salas con empleados municipales. Una de ellas dispone de televisión y fue habilitada para que el personal pudiera seguir la lectura de la sentencia. Asiron, Patricia Perales, Aritz Romeo y Joxe Abaurrea se encontraban en otro de los despachos esperando, mientras la funcionaria Maite trataba de conectarse desde su mesa de trabajo para escucharlo. Finalmente el juez comenzó su relato y enseguida se pudo ver que los autores se iban a ir de rositas de la acusación con mayor pena. Maite no lo podía entender, preguntándose incrédula cómo alguien puede defender que aquello no fue una violación. Y entonces le vino a la memoria la respuesta que se generó en la ciudad y se sintió mejor al recordar que hubo un antes y un después en este camino imparable hacia la igualdad, cuando la sociedad pamplonesa y sus instituciones abanderaron una reivindicación que muchas ciudades hicieron suya después. Esto sigue.

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