A la contra

La luna en la ventana

Por Jorge Nagore - Sábado, 28 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

No fui en su primer par de años al Auzolan de la calle Tudela. Me parecía que estaba traicionando al de San Gregorio. “Lo tienes en la calle Tudela, ¿vas o te lo pido?”, me decía Iosu en San Gregorio. Pídemelo, Iosu, que yo cruzar Conde Oliveto igual no hago en semanas. Se descojonaba. No había librería como el Auzolan de San Gregorio, incluso con la reforma ya hecha, que puso mesas en el medio y amplió más los espacios y cambió el producto, que pasó a ser de saldos y de oferta cuando abrió el de la calle Tudela, mucho mayor. Incluso así, sin muchas de las novedades, centrado más en libro de colecciones, barato o temático, Auzolan San Gregorio era el mejor lugar del mundo para pasar una hora. Gratis. He pasado miles de horas gratis entre aquellas paredes, primero cuando no vivía en aquella calle y luego cuando pasé más de 10 años viviendo a poco más de 50 metros. Y creo que el 90% del dinero que he gastado en libros, que es bastante, lo he gastado allá, así que al menos en este caso no siento mala conciencia por su cierre, tan solo pena, claro, la pena que sentimos miles de personas que vemos cómo se apaga una luz que había en el Casco Antiguo y en toda la ciudad, una luz que salía de una bajera pequeña pero acogedora, amable y hecha a la medida de las personas del pasado siglo, sin grandes diseños ni complicaciones, con aquellas estanterías en las que se distinguía por editoriales y luego de arriba abajo y de izquierda a derecha por autores. Podías pasarte un mes husmeando la estantería de Anagrama y luego de pronto una mañana tras cobrar te llevabas medio Bukowski como si fuese un alijo. Gracias, Auzolan, gracias Iosu, Mertxe, Txema, Fernando y todos los muchísimos demás, incluido el amado Javi que nos dejó este domingo. “Al ladrón se le olvidó la luna en la ventana”, decía vuestro marcapáginas. A la ciudad nunca se nos olvidará Auzolan.