En fin

La justicia y la indignación

por javier arizaleta - Sábado, 28 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Esta semana vivimos rodeados por dos decisiones judiciales que nos tienen atrapados y que nos afectan de manera cercana. El juicio por la pelea, o lo que fuera, que pasara en Alsasua, y el fallo por la violación, o lo que fuera, de los cinco integrantes de La Manada. No tengo claro hasta qué punto se han solapado ambos casos en el tiempo. Si esto ha sido casual o no. Lo cierto es que nos ha tocado a los ciudadanos dilucidar los cargos y que en ambos casos nos tengamos que poner en lugar de los otros. Dejemos el caso de Altsasu a un lado por que, de momento, las vendas de la justicia están en alto. Pero el juicio a La Manada ha dejado una profunda herida en la sociedad que no está claro si, en futuros recursos, el TSJN o el Supremo serán capaces de cerrar. Las dudas que despierta este juicio, independientemente de que se acate mejor o peor la sentencia, es que no resuelve para nada la cuestión: ¿qué puede o debe hacer una mujer en una situación de agresión o violación? La indignación por esta sentencia hay que dejarla bien clara para el futuro. No puede ser que esta indefinición que afecta de lleno a todas las mujeres se quede en silencio y en más de lo mismo. Si siguen adelante, hay dos recursos que pueden aclarar el asunto en el futuro. No es cuestión de que los jueces nos indiquen qué podemos hacer o no. Es necesario que los ciudadanos y ciudadanas lo tengamos interiorizado. Al ver la reacción de decepción sobre la sentencia a La Manada, uno piensa que la justicia a veces puede ser más una decisión personal de los jueces que una consecuencia inevitable de la aplicación de la leyes. Los hechos fueron los que fueron pero hay demasiadas dudas de que la sentencia fuera, en fin, la más justa.