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Almadieras del siglo XXI

Leyre Marco y Virginia Laspidea ganan con su trabajo el descenso en la XXVII edición de la fiesta

Las jóvenes burguiarras son un ejemplo de relevo generacional del tradicional Día de la Almadía

M. Zozaya Elduayen - Sábado, 28 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Virginia Laspidea y Leyre Marco, pioneras, navegarán y saltarán hoy la presa de Burgui con un caudaloso Esca en su primer descenso como almadieras.Virginia Laspidea y Leyre Marco, pioneras, navegarán y saltarán hoy la presa de Burgui con un caudaloso Esca

Virginia Laspidea y Leyre Marco, pioneras, navegarán y saltarán hoy la presa de Burgui con un caudaloso Esca en su primer descenso como almadieras. (CARLOS MARCO)

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Virginia Laspidea y Leyre Marco, pioneras, navegarán y saltarán hoy la presa de Burgui con un caudaloso Esca en su primer descenso como almadieras.Virginia Laspidea y Leyre Marco, pioneras, navegarán y saltarán hoy la presa de Burgui con un caudaloso Esca

“Hay que implicarse, aprender para poder enseñar y mantener la tradición almadiera”

BURGUI/BURGI.- Leyre Marco Sanz y Virginia Laspidea Ustés, jóvenes burguiarras de 22 años, verán hoy cumplido su deseo de descender por el río Esca en almadía en el marco de su fiesta anual que Burgui celebra desde 1992.

Las dos amigas compartían sueño cada año, cuando contemplaban desde la orilla asomarse las balsas por el molino, y se decían a sí mismas que algún día ellas también surcarían el río en esa jornada en la que todo Burgui late al unísono en la fiesta de interés turístico nacional que recuerda su pasado almadiero y maderista.

Así se lo transmitieron al grupo que desde hace unos años ha tomado el relevo de los mayores. No hubo objeción alguna. Como decía el nuevo presidente de la Asociación Cultural de Almadieros Navarros, Koldo Cilveti, en la presentación de las jornadas: “Es un paso natural”.

Solo había una condición, la misma que para el resto: participar en las tareas previas a la fiesta. Y lo han hecho todo lo que se lo han permitido sus obligaciones como estudiantes de 5º de Medicina y master de Investigación Biomédica respectivamente.

Sonríen ambas al recordar su insistencia en la transmisión de las ganas de tomar parte del equipo. “Nos pusimos muy pesadas hasta que nos escucharon, pero nos dijeron claramente que si queríamos bajar en almadía. teníamos que acudir a trabajar. No lo dudamos. Desde el mes de enero, solo hemos faltado a dos salidas por los exámenes”, subrayan. El pasado fin de semana fue la última, y para entonces ya sabían que sí, que se habían ganado el descenso y que hoy serán las protagonistas femeninas, las primeras mujeres que en un cuarto de siglo ocuparán las balsas como almadieras, con los nervios propios del respeto al río.

Y lo harán vestidas como tales, con una indumentaria que ellas mismas han creado. En esto también serán pioneras, y es otra de sus contribuciones al que consideran “el mejor día del año”.

“La acogida ha sido fantástica. Nos hemos sentido completamente integradas, útiles y hemos aprendido mucho, sobre todo, a cortar y retorcer verga de avellano y mimbres silvestres para unir los troncos;algo que antes solo conocíamos de oídas”, remarcan.

JoVEN EQUIPO Virginia y Leyre saben que representan la novedad de la XXVII edición en cuanto a que son las primeras mujeres que se han ganado con su trabajo el descenso, pero reconocen que han aprendido de un equipo joven, que antes tomó el relevo y trabaja cada año con ilusión por su patrimonio cultural. En este sentido, tienen claro que representan a la juventud que acude a las salidas y hace posible la fiesta;jóvenes tanto del valle de Roncal como del vecino Salazar. “Nos hemos quedado sorprendidas de todo lo que saben desde bien pequeños, cuando ya salían a trabajar para aprender mucho antes de cumplir los 18 años, edad para bajar en almadía. Hay que implicarse, aprender para poder enseñar y mantener las tradiciones de nuestro pueblo y del valle”, expresan convencidas.

Tomar parte en las tareas ha hecho además, que estas vecinas de Burgui sean conscientes de la cantidad de trabajo que hay detrás del evento. “Hace falta gente en todas partes: para renovar la junta, para trabajar antes y en el día. Se puede ayudar de muchas maneras: vistiéndote de roncalesa, estando en los puestos, etc. Si queremos que haya fiesta, tenemos que colaborar. Nos toca empujar para mantener el pueblo vivo y más en este día, en esta fiesta que es muy nuestra, pero que acoge a muchísimas personas”, reconocen. Son ya parte de esa generación pirenaica, de chicos y chicas comprometidos con la tradición y la continuidad, como Iker Cilveti repetirá descenso con su padre, Koldo, y Asier Aspurz, de 19 años, que se estrenará hoy junto al suyo, Jesús, asiduo a la cita anual almadiera.

Las jóvenes regresaron ayer a Burgui como cada fin de semana libre, pero éste será especial. Al vivir de cerca la víspera de la bajada de las almadías desde Oleguía al atadero de Basari, y saber de ese viaje más íntimo en el silencio solo roto por el murmullo del río, los pájaros y el viento que se enreda entre los árboles. Lo más parecido al descenso del abuelo, Tomás Sanz, almadiero y maderista, que hoy vive a sus 96 años con orgullo el compromiso con la fiesta de sus nietos Leyre y Alain Salvador. Como él, otros muchos de sus coetáneos sufrieron la vida dura del viaje de la madera por el río hasta lejanos lugares, mientras las mujeres guardaban la casa, se ocupaban de la crianza y del huerto.

Todo esto y mucho más recuerda la fiesta identitaria del pueblo de los oficios un día grande para Burgui, un sentimiento compartido que se proyecta hacia el futuro con la ilusión y el trabajo de sus jóvenes, con ascendencia burguiarra o sin ella, pero con un alto grado de implicación desde su llegada. “Todo suma”, concluyen satisfechas las dos jóvenes almadieras