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Música

Tarde de titanes

Por Teobaldos - Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto de la orquesta sinfónica

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Navarra (con alumnos del Conservatorio Superior). Piotr Paleczny, piano. Antoni Wit, dirección. Programa: concierto para piano y orquesta de Ignacy Paderewski. Primera sinfonía, Titán, de Mahler. Programación, ciclo de la orquesta. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 26 de abril de 2018. Público: tres cuartos de entrada (30, 24, 15 euros). Incidencias: entre los asistentes al concierto, una nutrida representación institucional polaca.

Sobre el escenario, junto a dos auténticos veteranos titanes de la música, Wit y el pianista Paleczny, los jovencísimos titanes del conservatorio superior que se arriman a los profesores de la orquesta para abordar compromisos importantes. Todos, en su campo, firmaron una tarde gloriosa. El pianista por la envergadura de la dificultad del concierto de Paderewsky;el resto, por la extraordinaria versión de la Titán de Mahler.

El pianista, compositor -y político- polaco Paderewaky propone un concierto para su instrumento y la orquesta agotador para el pianista y, en algunos momentos, también para el oyente, con una tensión sonora y física en el recorrido del piano, que no deja espacio al resuello -sobre todo en los movimientos extremos-. Solo en el segundo tiempo, el piano se calma, y la orquesta, en un contrapunto bellísimo, desarrolla un lirismo arrebatador -magníficos el concertino, violonchelo primero y la cuerda-. En los allegros, prima el virtuosismo, la velocidad;casi no da tiempo a paladear los temas, por la sensación de cascada de notas;tal es el torbellino del molto vivace final, por ejemplo. Paleczny concentrado y, en algún momento, un poco ajeno a la orquesta -o viceversa- hace gala de una prodigiosa técnica, solventa su difícil papel, y le saca al piano todo su esplendor, que, en este concierto es el de la espectacularidad. El intimismo y profundidad del pianista se reveló mejor en el delicadísimo nocturno de Chopin de la propina: una delicia.

La versión de la primera sinfonía de Mahler de Wit y sus huestes fue francamente hermosa. Muy trabajada, sin prisa, recreándose en los tiempos lentos para que se oyera todo, y aupando los culminantes fuertes a la más emocionante exaltación orquestal. 1.- Tensión en el inquietante y etéreo pedal del comienzo, con un tempo retenido y tranquilo para que se oigan todos los pájaros. Brillante explosión del fuerte. 2.- La versión de Wit de este segundo movimiento es muy personal;esa décima de segundo que espera en la caída del tema le da una gracia especial al vals. También disfrutamos, sin rubor, de los sonidos abiertos, extravertidos, jubilosos de los instrumentos de viento. Para luego volver al vals, con ese punto de portamento y decadencia tan vienesa. 3.- Lucimiento del contrabajo solista, del fagot, de la tuba, del oboe, del clarinete. El conocido tema del Frere Jacquesno demasiado pesante, no es una marcha fúnebre trágica. Muy buen manejo del rubato. El pasaje sosegado, muy bello en un sonido de media voz. 4.- En el cuarto movimiento, Wit pasa de la tempestad a la calma con maleabilidad orquestal sin fisuras;las trompas, aun siendo protagonistas, quizás se sobrepasan un poco, con respecto a al cuerda -acogedor adagio;no en el escalofriante final, donde, junto a las maderas, -con postura de gaitero y descaradas sonoridades-, y el resto de la orquesta, consiguen esa plenitud sonora mahleriana que ya preconiza su extraordinario sinfonismo posterior.

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