Reflexiones sobre la sentencia de ‘La Manada’

Por Blanca Regulez - Martes, 1 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Tras la lectura del fallo en audiencia pública de la sentencia de los autodenominados La Manada, y superadas las reacciones sociales ante la tibia condena a los cinco hombres y el voto particular existente de absolución, nuestra obligación como sociedad es detenernos y reflexionar sobre ello.

En un Estado de Derecho democrático como es en el que vivimos, debemos primar sus principios básicos ante cualquier ataque que puedan sufrir, porque ello nos llevará a sentir seguridad como ciudadanía para que nuestros derechos no se vean vulnerados. Principios como la separación de poderes y la independencia judicial deben cumplirse y no pueden verse atacados por la publicación de una sentencia, compartamos o no lo que ella refleja.

No debemos olvidar que, como Estado de Derecho, debemos respetar las resoluciones judiciales dentro de un procedimiento judicial en el que existen y en el que están regulados un sistema de recursos para que, en aquellos casos que las resoluciones se crean no ajustadas a derecho e injustas puedan ser corregidas, cómo éste es el caso, ya que la sentencia no es firme y por lo tanto aún no definitiva, si bien ello no es óbice para que se puedan realizar sobre ellas críticas cuando no son compartidas, siendo ésta la postura del Gobierno de Navarra que, en palabras de su portavoz María Solana, así lo transmitía a la sociedad navarra, “el fallo no respondía a la postura que los servicios jurídicos del Gobierno foral han defendido durante el proceso, y que por tanto se recurrirá”.

Por tanto, ¿qué es lo que ha indignado a la sociedad? La sentencia condenatoria sí cree a la víctima y sí otorga verosimilitud a sus declaraciones asumiendo como probado todo su relato y, en base a ello, razona su condena, pero las alarmas saltan y de ahí la indignación. Cuando la calificación de estos hechos no responden a lo que la sociedad demanda, como siempre la sociedad va por delante de la ley, no se entiende que sean calificados los hechos como abuso sexual y no como agresión sexual, y tampoco que la diferencia esté en la existencia o no de intimidación tal y como está recogida en nuestro actual Código Penal, y no como lo que percibimos en nuestro día a día como intimidación, y en este caso de forma tan notoria.

La clave está en la tan necesaria perspectiva, tan traída y llevada estos díasde géneroen el ámbito judicial, que escandaliza a determinados operadores jurídicos, y tan necesario lo ven otros. Estamos ante un Derecho que tiene género, y éste no es el femenino, estamos ante normas legales hechas por hombres e interpretadas bajo el prisma masculino. La perspectiva de género debe hacer que quienes aplican las leyes no sólo deban quedarse en la literalidad de la ley, sino que deben comprometerse en su aplicación teniendo en cuenta los tratados internacionales como el Convenio de Estambul, que define la violación como “las relaciones sexuales sin consentimiento”, perspectiva que sí debiera aplicarse en fase de apelación de la sentencia y no por la presión social (que ha sido mucha y fuerte), sino porque así debe ser, una justicia que tenga en mente y presente al 50% de la población mundial.

Debemos trabajar para que los delitos en que las víctimas son las mujeres, delitos contra la libertad sexual, la violencia de género, etcétera, no se cuestione el comportamiento de la mujer y se centren realmente en el comportamiento delictivo del agresor o agresores, que supere la violencia estructural que sufre la mujer por el simple hecho de ser mujer y su cosificación en el ámbito sexual. Todo ello se consigue con educación, educación en género y en igualdad de nuestra sociedad, de forma transversal en la que estén implicados todos los ámbitos: judiciales, sanitarios, educativos, políticos y sociales. Corremos el riesgo de que todo el trabajo que hemos venido realizando durante estos últimos años animando a las mujeres a denunciar, y que estaba dando sus frutos, sufra un grave retroceso, porque en estos días son muchas las mujeres que se hacen esta pregunta: ¿para qué voy a denunciar?

Desde el PNV de Navarra queremos trasladar un mensaje contundente de condena ante cualquier acto que limite la libertad sexual de todas las mujeres, y un posicionamiento férreo al lado de las mujeres víctimas, ya que cuando agreden a una mujer nos agreden a todas y a todos como sociedad.

La autora es responsable de Igualdad del PNV de Navarra