En todos los juicios

por jorge nagore - Miércoles, 2 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 09:21h

Por naturaleza, en cualquier disputa, tendemos a creer a una de las partes, en el caso de la violación de San Fermín 2016 la gran mayoría a la acusadora y agredida, a la que damos toda la verosimilitud puesto que creemos que lo que nos cuenta es muy verosímil y que para denunciarlo por fuerza tiene que haber una razón muy poderosa, infinitamente más poderosa que haberse sentido supuestamente menospreciada. La inmensa mayoría la creemos, consideramos que no está ajustado el Código Penal con lo sucedido - el problema tal vez no sea que los jueces dictaran mal la sentencia, sino que jurídicamente hay una puerta que deja abierta eso de la no intimidación, cuando no debería existir jurídicamente esa puerta en este ni en ningún caso- y de ahí vienen las protestas, porque pensamos que la versión de ella creída por 2 jueces y la calificación jurídica recibida está descompensada. Pero, por otra parte, deberíamos valorar- como idea concreta y general- el hecho de que un juez, aunque estemos en total desacuerdo con su no visión del suceso, haya considerado que la acusada no prueba fehacientemente la acusación que hace y que por tanto no es capaz de trasladar la culpabilidad real y jurídicamente punible de los acusados, a los que no defiende, por cierto. No sé si este caso concreto es el mejor para destacar este hecho, quizá no, por la inmensa carga emocional generada, pero la justicia es eso, es tratar de ser justo con todos, con pruebas. Siendo temas, casos y sensibilidades muy distintas, me viene a la mente Alsasua. Imagino que estamos de acuerdo en que este caso también las acusaciones hay que demostrarlas. Pues eso vale para todos los juicios y para todos los acusados, nos parezcan buena gente, mala o directamente despreciable. Ojalá de esto cambien cosas en el Código Penal, pero también en nuestra forma de saber -no solo opinar- qué es justo y qué no.