El Supremo da clases de Derecho a los tribunales alemanes

Javier Orcajada del Castillo - Jueves, 3 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Era de esperar: el Supremo no puede recibir el desplante de un simple tribunal de un land, por eso su airada reacción ante su negativa a extraditar a Puigdemont le ha costado una reprimenda de nuestro máximo tribunal, pues le acusa de “falta de rigor” en su incendiaria respuesta. Eso se llama contumacia. El Supremo acusa abiertamente, nada de semántica jurídica: que sus decisiones son arbitrarias y de mal documentados. Con el retruécano de que si se diera el caso, pero en sentido contrario, sería seguro pedirían a los jueces españoles reciprocidad. Es decir: acusan a los jueces alemanes de no regirse por los principios de derecho, sino por criterios subjetivos, de simpatía personal o por afán de provocar un conflicto con jueces españoles. Esta es la demostración de que los tribunales españoles se ponen las leyes por montera, y como los de otros países no aceptan sus criterios porque los consideran contrarios a las leyes y los principios del derecho, arremeten contra ellos con furia indisimulada y valiéndose de mecanismos no reglados en las relaciones judiciales internacionales. Deberían hacérselo mirar, pues los rapapolvos y revocaciones a sentencias de tribunales relacionadas con el procés catalán ya han sido rechazadas por tribunales belgas, suizos y ahora por alemanes. Lo ridículo son sus ansias de revancha contra decisiones de jueces y tribunales de países democráticos porque son independientes de cualquier órgano de sus gobiernos. Parecería una ironía, pero la realidad es que el ministro de Justicia español no cesa de fustigar en público a los jueces belgas, suizos y alemanes y les califica de ignorantes. Además, el juez Llarena se permite ignorar la petición de liberar a los presos del procés que le hacen desde la ONU. En el caso de Suiza parece que se trata de un pulso de Llarena, que se vale del chantaje para forzar a las autoridades suizas a extraditar a una diputada catalana poniendo a un fugitivo helvético como anzuelo. Además, se demuestra que los códigos penales de los estados democráticos europeos son más racionales y humanos que el español, que peca de represivo y busca la condena a ultranza, pues nuestros jueces deben de pensar que si un acusado no es condenado, constituye un fracaso personal del juez. La jueza Concha Espejel es la mujer de un coronel de la guardia civil;es la que juzga a los chavales de Altsasu. Y a nadie le sorprende. Cosas veredes.