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Ezkaba 1938-2018

Un viaje en el tiempo. Oír, ver y sentir lo que pudieron pasar los miles de presos del fuerte de San Cristóbal. Ése es el objetivo de la muestra inaugurada por el Gobierno foral en el Planetario

Un reportaje de Txus Iribarren Fotografías cedidas - Jueves, 3 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Uno de los montajes de Hedy Herrero de los paneles, diseñados por Horixe, intenta sugerir cómo eran los fosos del fuerte durante los años del penal.

Uno de los montajes de Hedy Herrero de los paneles, diseñados por Horixe, intenta sugerir cómo eran los fosos del fuerte durante los años del penal.

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  • Uno de los montajes de Hedy Herrero de los paneles, diseñados por Horixe, intenta sugerir cómo eran los fosos del fuerte durante los años del penal.
  • Recreación del una vista general del fuerte.
  • Caras de hambre y de frío entre los presos.
  • El penal tuvo una vertiente de sanatorio durante una etapa.
  • El apoyo de grupos de mujeres a los presos fue clave.
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Han pasado 80 años, pero un paseo por el entorno del fuerte de San Cristóbal sirve para hacerse una pequeña idea de lo que pudo ser este Mathausen foral. Casi se escuchan las conversaciones en los corros en los fosos y se huele el hambre y se siente el frío y la humedad de las galerías bajo tierra. La dirección general de Paz, Convivencia y Derechos Humanos del departamento de Relaciones Ciudadanas e Institucionales del Gobierno de Navarra ha tratado de recoger en paneles (con fotomontajes de Hedy Herrero), audios y vídeos las claves de lo sucedido no sólo durante la Guerra Civil y la fuga del 38 así como los diversos trabajos de campos, proyectos educativos, publicaciones y aportaciones de la sociedad civil a una recuperación de la Memoria Histórica que en esta legislatura ha recibido el empujón clave del respaldo y compromiso institucional. La muestra se puede visitar en el Planetario del 2 al 15 de junio.

El Fuerte de Alfonso XII o de San Cristóbal se construyó para defender Pamplona, pero la aparición de la aviación de guerra hizo que esta instalación quedara obsoleta. Tras el movimiento revolucionario de 1934, el Estado habilitó el Fuerte de San Cristóbal como espacio de encarcelamiento hasta la amnistía de 1936. Con el golpe militar de julio de 1936 el Fuerte se volvió a utilizar como penal. La violencia desatada por los sublevados provocó miles de asesinatos, detenciones, depuraciones, incautaciones de bienes y otras vulneraciones de derechos humanos. Cientos de navarros fueron encarcelados en él como detenidos gubernativos, sin haber sido sometidos a procedimiento judicial. El Fuerte se llenó con miles de prisioneros de toda el Estado especialmente castellanos y gallegos, sobre todo tras la caída de los territorios del frente Norte en manos de los sublevados.

Muchos presos de San Cristóbal no sobrevivieron a su encarcelamiento. Un número importante de presos gubernativos, tras ser “puestos en libertad”, eran asesinados por grupos paramilitares, previamente informados, que les esperaban a la salida. Otro grupo significativo de presos murió tras intentar fugarse. El primer intento importante ocurrió en octubre de 1936, tras el que fueron ejecutados 25 presos. Pero la gran fuga del penal de Ezkaba ocurrió el 22 de mayo de 1938, tras la que las autoridades pusieron en marcha una verdadera cacería que finalizó con el asesinato de 220 personas.

Además, cientos de presos murieron a consecuencia de las insalubres condiciones de vida en el penal, por la falta de atención médica y por la escasa alimentación;entre ellos, 46 de los fugados capturados tras el 22 de mayo de 1938. En un primer momento los presos que fallecían eran enterrados en los cementerios de las localidades cercanas. Cuando estos lugares llegaron al límite de su capacidad, las autoridades militares decidieron crear un cementerio en las proximidades del Fuerte: el Cementerio de las Botellas. Estos pasajes y muchos más se pueden conocer de modo muy visual recorriendo esta muestra.

iniciativas educativas

Escuelas con memoria. El trabajo de asociaciones e investigadores ha permitido recuperar la memoria de los presos y fugados del penal de San Cristóbal. La lista de autores y colectivos pioneros es muy amplia. Entre ellas destacan asociaciones como Txinparta o el autobús de la Memoria;editoriales como Pamiela;investigadores como Felix Sierra, Iñaki Alforja, Fermín Ezkieta, Amaia Kowasch o Donazar, entidades como Aranzadi, además de los ayuntamientos de la zona... Recogiendo ese testigo, el Gobierno de Navarra ha impulsado el programa “Escuelas con Memoria, por la Paz y la Convivencia”, un proyecto educativo de transmisión intergeneracional

de valores en torno a los lugares

de memoria.

Campamentos internacionales. De igual manera, en 2017 el

Gobierno de Navarra

organizó un campo de trabajo

juvenil internacional como

experiencia en la conversión

de espacios vinculados a la

violencia y al terror en lugares

de paz y convivencia.

enfoque de género

Redes de solidaridad. “La represión desatada tras el golpe de 1936 dejó historias de sufrimiento y dolor de las personas represaliadas y sus familias. Pero en torno a aquellos trágicos acontecimientos hay también hermosas historias de solidaridad y compromiso. Mujeres de diferentes ideologías se organizaron en ayuda de los presos a lavarles

las ropas, llevarles paquetes con comida y, sobre todo, para transmitirles afecto y cercanía. Mujeres a las que no conocían, que no eran familiares ni amigas hasta entonces, y que decidieron arriesgar su seguridad para que los prisioneros pudieran mantener la esperanza. Historias desconocidas, de mujeres valientes y

solidarias”, dicen los paneles.

Apoyo desde Segovia. A partir de 1937 fueron trasladados en torno a 300 segovianos al Fuerte de San Cristóbal en Pamplona, las familias de los presos se organizaron para llevarles allí la comida. Cada quince días viajaban dos mujeres (pues se iban turnando) que transportaban varios sacos con los paquetes de todas las familias. En la carga se incluía la comida y ropa limpia. Así estaban organizados los viajes en tren por los vecinos de Bernardos, Coca, y Nava de Asunción, se explica con testimonios de estas personas.

Emakume Abertzale Batza. En el libro Tejiendo Redes, de Amaia Kowasch y editado por el Gobierno, se detalla también le listado y el compromisos de mujeres pertenecientes a la organización Emakume Abertzale Batza,de apoyo a los presos nacionalistas vascos.

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