La charla

Camisetas con vida propia

Por Álvaro Meoqui - Viernes, 4 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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m añana es ya 5 de mayo. La escalera sanferminera coge carrerilla y nos ponemos a dos meses de llenar de alegría Pamplona por mucho que algunos ignorantes quieran otra cosa. La fiesta como siempre va a estar en la calle y la gente como siempre será la protagonista. Estoy viendo ya esas calles repletas con todos esos puestos donde hay miles de camisetas de fútbol colgadas de perchas o tumbadas en el suelo como si estuvieran tomando el sol en Benidorm.

Cuando pasas por ahí y ves esas camisetas en el suelo no piensas para nada en lo que significa si se la pone un futbolista. Tú piensas en que te gustaría cogerte a ti una, pero a tu tripa sanferminera le da la risa, a su vez quieres convencer al pesado de tu hijo de que la de fulanito ya no se lleva y de reojo miras a esa cena tan rara que le traen al señor que las vende y entre eso y tu resaca te estas poniendo un poco malo.

Un día hablando con un entrenador navarro me comentaba que debíamos hacer un estudio de por qué hay camisetas de equipos que parecen que ganan los partidos con solo vestirlas. Recuerdo que fue el año que la Real Sociedad tenía la liga en el bolsillo, pero unos de Madrid con camiseta blanca se la levantaron el último día. Me pregunto yo si los mismos jugadores del Bayern de Múnich el martes pasado hubieran sido del Madrid hubieran dejado escapar la eliminatoria. Seguro que no. Seguramente Keylor con otra camiseta no hubiera tenido su día. Que se lo pregunten al del Bayern.

Yo creo que no hay estudio posible, cuando tu vistes la camiseta de un equipo sabes perfectamente cuál es tu cometido. Supongo que al saltar al Sadar vistiendo de rojo tendrás la sensación de que esa camiseta te habla, te ordena o incluso te grita que nunca te debes rendir. Seguro también que si te pones la del Barça te exigirá que seas buen pelotero o si pones la de Alemania que seas un ganador. Mi sensación es que las camisetas de fútbol tienen vida propia, aunque en pleno San Fermín solo tomen el sol.

El autor es técnico deportivo superior