María Pagés bailaora

“El flamenco hace convivir la tradición con la evolución;lo contemporáneo no sale de la nada”

Su arte va más allá del baile. María Pagés no entiende el flamenco sin compromiso, sin un proceso previo de buscar la esencia, mezclando tradición y contemporaneidad

Fernando F. Garayoa Javier Bergasa - Viernes, 4 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

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pamplona- Una oda al tiempo, en un tiempo, en el que no hay tiempo...

-Justo. El tiempo es relativo, eso ya lo sabemos, y es lo más preciado. Pero hay muchas maneras de reflexionar sobre él y, dependiendo de dónde estés situado, qué edad tienes, en qué lugar vives, el tiempo es, realmente, relativo. Y en esta producción, precisamente, lo que hemos querido es darnos tiempo para hacer las cosas, porque cuando las quieres hacer bien, parándote en ellas, necesitan de tiempo.

Precisamente, el flamenco es una de las artes que juega con el tiempo de una manera más alucinante: los minutos pueden parecer horas cuando la bailaora o el bailaor se congelan en una figura o volar enfurecidos cuando se acelera el pulso del taconeo.

-Bueno, pero creo que eso pasa en todas las artes, en la música, en la poesía... Cómo una palabra que dura poco puede contar tanto, o los silencios musicales, donde parece que no hay tiempo, pero lo notas como por abajo que sigue corriendo. Creo, eso sí, que el flamenco tiene una enorme riqueza rítmica. Y por eso vale la pena ese trabajo que hemos hecho de desgranar tantos palos flamencos de muy diversa índole y matiz emotivo e histórico, porque hay palos que son como primitivos y otros que son de ida y vuelta, que han viajado muchísimo;es decir, unos son muy localizados y otros han recorrido medio mundo. De esta forma, es muy interesante la reflexión sobre los cantes que hay en una Oda al tiempo.

Centrándonos en esos conceptos que integra el montaje, al margen de los filosóficos y poéticos, ¿cómo se integra la Teoría de la Relatividad en un espectáculo flamenco?

-Si hay algo que hemos aportado en nuestra trayectoria a los contextos o a cómo el pensamiento es aplicado a la coreografía ha sido a través de El Arbi, ya que el viene del mundo de la literatura, de la universidad. Al margen del compromiso, que es marca de la casa, ya que también ha sido un activista de los derechos humanos. ¿Cómo hemos aplicado la Teoría de la Relatividad? Es muy fácil. En el miedo, que es uno de los temas que hay en la obra, ese miedo humano que todos tenemos, que nos acompaña toda la vida y que lo superamos cada uno como puede, está reflejado por una bulería rápida que no sé cuántas marcas tiene en un minuto. Pero luego hay otro palo, el de la melancolía, una vidalita, en el que los golpes rítmicos son muchos menos. El minuto de la obra en el miedo es muy intenso, donde pasan mil cosas, de manera frenética, porque te empuja;mientras que en el de la melancolía te dejas llevar y ese peso de la vida, del cansancio, hace que el movimiento sea la centésima parte de la otra.

Destaca la contemporaneidad de este montaje, pero sin perder de vista la raíz, los orígenes, un juego, una cohesión, que ya forman parte de su propia idiosincracia: así es María Pagés.

-En una Oda al tiempoes verdad que hay una reflexión sobre la contemporaneidad, porque ese era nuestro primer objetivo. Pero, ¿que es lo contemporáneo? Porque, inevitablemente, estamos en un diálogo continuo con la memoria;y eso es el flamenco, lo que lo define. El flamenco tiene esa cualidad de hacer convivir la tradición con la evolución. Y, al fin y al cabo, no hay más, porque lo contemporáneo no sale de la nada: somos el resultado de todo lo que hemos ido sembrando a lo largo de la vida. Y siempre tienes que recurrir a ello para poder avanzar. En una Oda al tiempoesto es algo que está claro porque en su dramaturgia hay un sistema cíclico en el que naces y brotas de una situación para, inevitablemente, volver a ella: como el día y la noche o las estaciones del año;al igual que nacemos, morimos y otras generaciones toman el relevo. En todo el planteamiento de Una oda al tiempo,El Arbi (su compañero vital y creativo) y yo teníamos muy claro que esa sensación cíclica es la que tenía que ser y estar.

¿Cómo se conjuga lo efímero del baile con el protagonismo que tiene la memoria en este espectáculo?

-La paradoja de la vida es esa, naces sabiendo que te vas a morir. Y con el tiempo pasa lo mismo, sabes que es efímero pero también que hay mucho detrás;hay una parte de eternidad en todo lo que es la vida y el universo. Sabes que hay un límite, sabes que puedes medir el tiempo en minutos aunque éste sea ilimitado, pero tú lo puedes acotar. Estas son las bellas contradicciones de la vida.

El pasado septiembre la vimos bailar sola, en el MUN, ahora se presenta arropada por su compañía, ¿cambia mucho María Pagés, interpretativamente, de uno a otro formato?

-No. Si hay algo en lo que estamos trabajando es en que haya una coherencia en este momento de la vida como intérprete, un momento en el que sí ves el límite del tiempo, en cuanto a lo físico o de la vida. Lo que intentamos es mantener lo esencial con lo que yo soy capaz ahora, con mis años y con mis luchas. No hay un intento de ir a otro lado. Lo que sí hay es un trabajo muy potente a nivel de equipo. Yo me siento portavoz de ocho bailaores con los que hemos estado trabajando cinco meses atacando muy duro. Porque, a nivel coreográfico, hacer este espectáculo es todo un reto, ya que abarca muchos registros, desde algo muy básico hasta algo muy potente, tanto técnico como de expresión.

Y el espectador, ¿es capaz de captar toda esa esencia conceptual del montaje o simplemente debe sentir y, posteriormente, si le interesa, investigar cómo se ha gestado tamaño espectáculo?

-Cuando se abre el telón, el espectador debe dejarse, sentir. Yo no puedo ver lo que ve el espectador, pero El Arbi, que somos un solo ojo, sí;y eso es muy importante. Por otra parte, lo que quieres es que el espectador absorba todo lo que le mostramos, se llene y se emocione como le venga en gana. Porque, en realidad, hay mucho contenido, y no queremos que diga: “¡Eso es de Octavio Paz!”. No, eso nos ha servido a nosotros para destilar y sacar lo esencial, ayudándonos a explicar la inquietud que tenemos y darle forma. Eso es lo interesante de los procesos.

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