Música

La incontestable verdad del escenario

Por Javier Escorzo - Viernes, 4 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Fecha: 28/04/2018. Lugar: Indara. Incidencias: Muy buena entrada, rozando el lleno. El público demostró conocer al dedillo la trayectoria del madrileño. Ramoncín estuvo acompañado por su banda, Los Eléctricos del Diablo: Óscar Castelló (guitarra y coros), Miguel Jiménez (bajo), David Castelló (batería), Charley Gonzalo (violín), Manuel Silva (guitarra y coros), Jesús Varas (piano y teclados). Dos horas y media de actuación.

José Ramón Julio Márquez Martínez, más conocido como Ramoncín, posiblemente sea el músico nacional más controvertido. La polémica le acompañó desde el inicio, cuando era un jovencísimo punk con rombo pintado sobre el ojo que cantaba El rey del pollo frito (que, malinterpretada por el público, le valió el sobrenombre que le acompañó durante décadas). Su carrera fue un ascenso vertiginoso (el viejo Anaita fue testigo de algunos momentos históricos) que alcanzó su punto culminante en 1990, con la edición del disco en directo Al límite: vivo y salvaje. Después vinieron otras experiencias en diferentes disciplinas (televisión, literatura…), y, quizás lo que más polvareda levantó, su enardecida defensa de los derechos de autor como miembro de la SGAE, por la que fue linchado por la opinión popular (en un Viña Rock no pudo tocar porque le recibieron lanzándole cedés cortados en forma de estrellas ninja) e incluso fue denunciado en los juzgados (donde fue declarado inocente). En los últimos años ha recuperado su actividad musical, está componiendo nuevas canciones y ofreciendo conciertos con su banda, Los Eléctricos del Diablo.

Así llegó a Indara, que mostraba un magnífico aspecto, repleta de seguidores del artista madrileño. En las primeras filas, grupos de personas venidas de otras ciudades como Madrid o Barcelona que, según contaban, le seguían por todo el país. Ramón salió, guitarra en ristre, y arrancó con uno de sus grandes clásicos, Putney bridge, inaugurando una actuación plagada de himnos. Le siguió ¡Déjame!, también de los años ochenta. Sustituyó la guitarra por la armónica para interpretar Ángel de cuero y rememoró su primera visita a Navarra, allá por 1978. Por aquellos tiempos el público solía arrojarle huevos en los conciertos;en Tudela, en lugar de lanzárselos se los regalaron. Y en Pamplona estrenóLa chica de la puerta 16, que compuso al alimón con el añorado Pepe Risi. Era 1984 y ya trataba el tema del maltrato a la mujer;como era de esperar, en Pamplona estuvo acompañada por palabras de desprecio hacia los miembros de La Manada. Del rock’n’roll eléctrico que había marcado el inicio pasaron al Blues para un camello, y, acto seguido, a un tramo de canciones de temática erótico festiva (Canciones desnudas, Reina de la noche), que Ramoncín bajó a cantar al lado del público, para regocijo del sector femenino de su parroquia.

El tono solemne volvió con Diez segundosy Veneno, con la banda sonando como un cañón (dos guitarras -tres cuando la cogía Ramón-, bajo, teclados, batería y, ocasionalmente, también violín), y acelerando al máximo en el tramo final (Rock’n’roll duduá yLa cita). El delirio llegó en los últimos bises, con la mítica Hormigón, mujeres y alcoholy Al límite, en la que incluyeron un medley punk de El circo del rock’n’roll. Cada uno podrá tener su opinión sobre Ramoncín y su música, pero la calidad del espectáculo que ofrece sobre el escenario es incuestionable.