Mar de fondo

Los suyos

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 5 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ya lo siento, pero me niego a brindar con champán porque no me desborda la alegría sino el cansancio. Y rechazo participar en entierros honoríficos porque sobran vueltas al ruedo tras infinitas banderillas. Me conformo con que no nos tuneen la historia, no enfanguen el presente y en el futuro se recuerde que, amén de asesinos y asesinados, hubo quien calentó este infierno y hoy se broncea en la hamaca. Es un perdón que falta en esta ceremonia: el que algunos les deben a sus presos. Menos vítores y más disculpas.

Y no, no me parece mal que nos visiten observadores internacionales, pues por lo visto los locales carecemos de gafas. Tampoco que contemos con artesanos de la luna, verificadores de prestigio, desfacedores de entuertos sin fronteras y cónsules con pedigrí, que maquillan el fracaso con una conferencia galáctica cuando no son tan importantes y, sobre todo, no lo somos nosotros. Comprendo, pues, ese teatro del comunicado, la disolución y el sellado porque la humillación está fea y conviene ofrecer una mano y hasta un mimo al derrotado, y en eso estamos.

Lo otro es lo que me subleva. El hecho de que aún haya quien pretenda aplaudir a los suyos cuando lo que debería hacer es rogarles clemencia. El hecho de que tras gritar que la lucha es el único camino cogieran el de la sidrería mientras que abrían el de la cárcel a muchísimos jóvenes. El hecho de que jamás, nunca, haya oído a ninguno de esos revolucionarios en cuerpo ajeno, los de la guerra a distancia, los del goraetamilitarra, asumir su responsabilidad en el sufrimiento también de los verdugos, su propia gente. No habrá paz hasta sacarlos, dicen. Paz en su conciencia, espero.