Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

Un futuro a compartir

Las declaraciones de Uxue Barkos e Iñigo Urkullu, con mensajes propios en un escenario común, abren un nuevo tiempo que plantea el nunca más a la violencia y el respeto a las víctimas como principio ético

Sábado, 5 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Tres realidades diversas con una comunidad de intenciones dibujan desde ayer un futuro a compartir. En Kanbo se escenificaba el acta internacional del fin de la violencia, en el que la sociedad e instituciones de Iparralde han colaborado. En Bertiz, las dos materializaciones institucionales de Hegoalde, Navarra y la CAV, sus respectivos presidentes, Uxue Barkos e Iñigo Urkullu, abrían con mensajes propios en un escenario común un nuevo tiempo que se plantea desde el principio ético del nunca más a la violencia y el respeto y reconocimiento a las víctimas de esta. Traspasada ya la línea en la que se inicia ese futuro que ETA hacía hasta hace nada imposible, la memoria crítica de lo que se deja atrás, indispensable para que nunca más se repita;el reconocimiento integral de todas las víctimas, inexcusable para asentar la convivencia, son fundamentos comunes de esa diversidad institucional que Barkos y Urkullu personalizan y que, sin embargo, se reconoce a sí misma en su vinculación y en su necesidad también común de “reconocimiento y reparación de todas las víctimas” y de “consolidación de una memoria plural y compartida” por todas las fuerzas políticas, sustentada en “los Derechos Humanos y la dignidad humana como elementos incuestionables e invulnerables, incluida la superación de la excepcionalidad en las políticas penitenciarias”. No en vano, ese horizonte compartido desde la diversidad exige afianzar el nuevo escenario y compartir la paz de igual modo que el doloroso pasado que se acaba de cerrar. Y exige hacerlo con la esperanza de alcanzar en todo caso la convivencia que ayude a conseguir un nuevo impulso de desarrollo en nuestro país, con todas las realidades institucionales que engloba, y que pueda responder como merecen quienes en todas ellas y a pesar de todas las dificultades pretenden culminar ahora el esfuerzo de ofrecer un país distinto a las generaciones que ya crecen en ausencia de esa lacra absurda que ha sido la violencia. Superada esta, siendo pasado ya ETA, el presente se asienta en ese nuevo modelo de relación, de convivencia, de confianza -también entre las realidades institucionales que representan a la realidad histórica- para proyectar y construir entre todos los vascos, sin excepción, un futuro mejor para todos y un país mejor en el que cabremos todos.

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