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Opinión

Sentimientos encontrados

Por Begoña Errazti - Sábado, 5 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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el esperado comunicado de ETA ha marcado la semana en los medios de comunicación. No es para menos, aunque, probablemente, ha sido menor la expectación en la sociedad de lo que hubieran pensado en esa organización en sus mejores tiempos. Y, aunque para mí se terminó hace seis años y medio -y creo que para la mayoría también-, me ha alegrado;ha llegado, finalmente.

Sin duda, es para sentir contento. Sin embargo, no se trata de echar las campanas al vuelo como si hubieran logrado acabar con todos nuestros males ni tampoco negar su valor, tal como pretenden algunas voces que se escudan en el sufrimiento de las víctimas (de algunas).

Tengo sentimientos encontrados ante esta buena noticia y las reacciones que voy escuchando que más parecen molestas que otra cosa: ruido y propaganda, mentiras, sin pedir perdón, relato falso, no hay conflicto político, es un lavado de cara…, nos dicen.

Es sabida mi posición contraria a esa organización armada, por lo que estoy segura de que se me entenderán estas breves reflexiones, fruto de mi esperanza porque se ha acabado, pero también de mi desconfianza ante quienes parecen sentir enfado por su fin. Voy por partes.

Ha desaparecido y con eso debemos quedarnos. Hicieron muy mal, sí, por supuesto;generaron un enorme sufrimiento, también, pero ahora es tiempo de generosidad y de tirar hacia delante, siempre con el debido respeto a quienes lo sufrieron más directamente (y en eso la sociedad vasca ha demostrado su capacidad, humanidad y ética). Sin embargo, se niega ahora lo que sirvió en 1977 para que perdonáramos por decreto a las y los fascistas implicados en tantas décadas de dictadura, de muertes, de corrupción y violencia cotidiana.

Durante años y años, oímos exigir su desaparición indiscutible, se les llenaba la boca diciéndonos que sin ETA se podía hablar y defender cualquier idea. Aquí está, ya ha llegado el día, seguro, para siempre, y resulta que seguimos -y seguiremos oyendo-que no se puede defender el proyecto político independentista pues está contaminado por esa organización violenta. Y los argumentos son tan pobres como los que podrían servir para denostar injustamente al Partido Socialista y afear su actividad política porque ETA también se declaraba socialista.

El conflicto político no ha terminado con la disolución de ETA, es anterior a ella y también será posterior, mientras no se resuelva el deseo mayoritario vasco que exige, elecciones tras elecciones, que se respete y reconozca nuestra condición nacional. Con ETA o sin ETA tampoco ahora nos van a dejar porque, de nuevo, seguirán retorciendo los argumentos para seguir debilitando al pueblo vasco.

Siguiendo los estándares internacionales en estos casos, Jean René Etchegaray y Brian Currin apuntaban ayer los tres temas claves ahora: víctimas, personas presas (acabar con la dispersión) y trabajar la reconciliación buscando soluciones en común. Añado yo: con respeto a las diferencias en nuestras adscripciones nacionales, pero también sin negar los derechos al pueblo vasco porque haya existido ETA.

En cualquier caso, quien ha ganado es la sociedad vasca. Gana también la política vasca que se enfrenta a un reto enorme para responder a la ciudadanía en un contexto de involución democrática y durísima recentralización del Estado. Y ganamos todos y todas porque sin violencia vivimos mejor.

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