Fin de ETA, el alivio de una cobarde

Esther Alonso - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Confieso que fui cobarde. Asumí desde niña que solo un sector de la sociedad podía decir libremente lo que pensaba, que había temas que era mejor no tratar, que mirando a otro lado se vivía más tranquilo, más seguro, mientras otros luchaban por nosotros. Luchaban y morían por cobardes como yo, que nos mantuvimos callados cuando al vecino Iruretagoiena le pusieron una bomba en el coche, acobardados, pero aliviados, porque no explotó bajo nuestras camas, sino un poco más allá…

Confieso que fui cobarde, pero menos, cuando me enteré con horror que Ortega Lara estuvo encerrado 532 días bajo el suelo que yo pisaba cada día.

Confieso que fui cobarde, pero me junté con otros cobardes -y muchos valientes- cuando salimos a la desesperada por las calles de Ermua intentando detener la ejecución anunciada de Miguel Ángel Blanco. No llegamos a tiempo en esa ocasión, pero ETA recibió el mensaje, e inició un proceso de desintegración que ha culminado hoy.

Me siento aliviada, porque mis hijos vivirán sin miedo;confortada, porque al menos una vez se oyó mi voz. Sin embargo, me siento culpable, por no haber manifestado mi rechazo mucho tiempo antes.