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Republicanismo

De noticias falsas y dossiers

Por Santiago Cervera - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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ha pasado desapercibido en el marasmo informativo de cada semana, pero a mi me parece un escandalazo. El Congreso ha constituido un grupo de trabajo, adscrito a la Comisión de Defensa, encargado de luchar contra las noticias falsas, las renombradas fake news. Normas de la subcomisión: trabajarán a puerta cerrada, convocarán al confesionario a editores y operadores de plataformas de internet, no habrá actas, y darán cuenta de sus acuerdos al Ministerio de Defensa “por deferencia”. La ideíca se le ocurrió a Cospedal una tarde que acudió apresurada a dar una conferencia al periódico La Razón. Seguramente pensó que era poco glamuroso contar su día a día en el Ministerio, y soltó la invectiva de que a la nación hoy se le defiende más en el muro de Facebook que patrullando fronteras. Dicho y hecho, mandó una carta al presidente de la Comisión de Defensa del Congreso en la que le decía que “juntos debemos estudiar a fondo la amenaza de la desinformación contra nuestra democracia y busquemos (sic) soluciones a la altura de este gran desafío de nuestro tiempo”. Ella, Cospedal, la que llamó finiquito en diferido al soborno a Bárcenas y cuyos subordinados directos están procesados por la destrucción a martillazos de aquellos discos duros, es nuestro bastión contra la desinformación y la manipulación de las masas. Esta señora es incapaz de explicar qué es un retuit, pero en su propuesta afirma que “el carácter interactivo de los medios digitales añade una mayor carga afectiva y emocional a los mensajes que los hacen más efectivos”. Lo que en realidad le preocupa del espacio digital no es esa supuesta emotividad, menuda estupidez y pedantería, sino el alcance popular que tiene fuera de los canales tradicionales que la política sabe pastorear. Que el actual Congreso de los Diputados, en el que no hay una mayoría parlamentaria, haya aceptado con tanta sumisión la invectiva de la Ministra es digno de toda sospecha. La coartada que se ha instalado es el mantra según el cual decisiones populares fuera de los cánones de la lógica política convencional, como la elección de Trump o el brexit, sólo han podido ser posibles gracias a ingentes procesos de manipulación de la opinión pública apoyados en la permeabilidad de las redes sociales. Al fondo, Rusia, a quien se atribuye una auténtica industria de la desinformación de occidente. A los médicos nos enseñan lo de Guillermo de Ockham: las causas más sencillas son las más probables, y si un enfermo tose es más frecuente encontrar un catarro que un carcinoma sarcomatoide. Aplicando esta norma, tal vez a Trump lo eligieron porque Hillary era peor que él y los británicos estaban últimamente hastiados de la burocracia bruselense. En las semanas previas al referéndum catalán, el gobierno de las irreconciliables Santamaría y Cospedal deslizó la especie de que se estaban detectando injerencias cibernéticas rusas. Todo orientado a crear un irreflexivo estado de prevención que finalmente desembocara en la expedición del salvoconducto necesario para que unos diputados se pongan a decidir el tipo de noticias que pueden distribuirse. Porque supongo que su primera encomienda habrá de ser establecer el criterio según el cual una información es verdadera o falsa, true o fake. Que además esté inscrito ese trabajo en el ámbito de la defensa nacional, donde por sistema se soslaya cualquier nivel de transparencia y rendición de cuentas, asusta. Si por añadidura el tinglado está supervisado por una incompetente como Cospedal, ya aterra.

Mientras se constituye este siniestro grupo de trabajo parlamentario, el ágora político de Madrid se inquieta por la palabra dossier. Definición: kit de información que se construye con la finalidad de acabar con la carrera política de alguien, y que lo mismo puede albergar contenidos de interés público que miserias personales. El poder de las cloacas. En tiempos de Zapatero, instalada la crisis, se aceptó la idea de que el CNI podía dedicarse a investigar la vida interna del país para alertar de riesgos económicos. En tiempos más recientes parece que se amplió el uso de espías hacia el espacio político, sólo así es posible un fenómeno tan castizo como el del pequeño Nicolás. Juntando lo de los neo-espías con lo de los villarejos que han sido y serán, tenemos todo el fango que queramos. Y luego resulta que la mierda informativa viene de Rusia.