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Uxue Barkos Berruezo | Presidenta del Gobierno de Navarra

“La disolución de ETA llega tarde porque no debió existir, pero es un punto de inflexión para el futuro”

La presidenta Uxue Barkos valora el final de ETA y reflexiona sobre la necesidad de una memoria compartida que permita “mirar al futuro sin olvidar el pasado”

Una entrevista de Ibai Fernandez | Fotografía Patxi Cascante - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, en su despacho.

La presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, en su despacho. (PATXI CASCANTE)

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La presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, en su despacho.

Pamplona- El pasado jueves ETA anunciaba su disolución. Un “momento histórico”, señala Uxue Barkos Berruezo (Pamplona, 1964), que sin embargo considera que era algo ya asumido por la gran mayoría de la sociedad. “Navarra se merece vivir su pluralidad en convivencia”, señala la presidenta del Gobierno de Navarra, que lamenta que ETA no haya reconocido que todo el daño causado fue “injusto”. Un final que pese a todo supone “un punto de inflexión” que debe servir para “mirar al futuro” desde una “memoria activa y crítica” con el pasado. Es el objetivo principal de la declaración que el viernes por la tarde presentó junto al lehendakari Iñigo Urkullu en el Señorío de Bertiz, y en la que también se propone crear una mesa de trabajo con el Gobierno central para analizar la situación de los presos. “No planteamos impunidad, solo una normalización de la política penitenciaria que facilite un clima social con el que encarar mejor el futuro”, afirma.

¿Cómo ha recibido el final de ETA?

-Como lo que es, una respuesta a lo que la sociedad le ha venido exigiendo durante tantos años. Llega tarde, claro, porque ETA nunca debió existir. Pero deja una sensación de esperanza y de optimismo para el futuro. Un punto de inflexión a partir del cual construir un futuro de paz y sin violencia para nuestros hijos.

¿Se imaginaba que sería algo así?

-Cuando era periodista siempre pensaba en eso, en cómo sería el final de ETA. Era una noticia que me hubiera gustado dar. Ha sido en Kanbo como podía haber sido en Aiete, Loiola, Lizarra o Argel. Porque hubo oportunidades, con gobiernos del PSOE y del PP, para acabar antes. Al final ha sido así, de manera escalonada y en un momento en el que la sociedad había pasado página. Sobre todo las nuevas generaciones, que ven esto como algo muy lejano.

La disolución ha llegado después de varios pronunciamientos en los que ETA ha hablado del daño causado y de un perdón condicionado. ¿Qué le ha parecido?

-Que ETA ha perdido una oportunidad histórica al no hacer una revisión crítica de su propia historia. Del dolor causado y del reconocimiento de todas las víctimas. Y eso era fundamental. De todas formas, las declaraciones de ETA ya no tienen ningún interés. Es pasado absoluto. Nuestro reto ahora es que ese pasado sea un pasado con memoria, y no con olvido.

¿Cómo se conjuga ese mirada del futuro sin un olvido del pasado?

-Una sociedad sin violencia, en este caso una sociedad sin ETA, es una conquista que no podemos permitirnos no disfrutar. Pero eso no debe hacernos olvidar el dolor de quienes han sufrido el terrorismo en primera persona. Y debemos ser rigurosos en eso. Mirando al futuro, pero desde una memoria activa en el reconocimiento de las víctimas. Buscando la reparación con un mirada crítica y compartida de lo que fue ETA.

¿Piensa buscar un acuerdo con el resto de partidos?

-Quiero comentarlo antes de forma sosegada, de la manera más discreta posible. Pero con honestidad para intentar avanzar en un relato común. Porque la sociedad tiene una deuda con la memoria de lo ocurrido estos últimos 50 años. Como lo ha tenido también durante muchos años con la memoria del 36.

¿Son experiencias equiparables?

-No, porque una es más reciente y por lo tanto, más sensible. Pero no por ello el dolor es menos dolor. Tienen sus especifidades, pero las vamos a encarar con la misma ambición, buscando la reparación. Navarra ha sido una referencia en el conjunto del Estado y para otras CCAA en la memoria histórica. Y queremos avanzar también en el reconocimiento y la reparación de la memoria reciente.

¿Van a hablar con las víctimas?

-Lo hemos hecho desde el principio. Es la primera vez que el Gobierno cuenta con un área específica dedicada a la reparación y acompañamiento de las víctimas del terrorismo. Cuando llegamos al Gobierno había víctimas del terrorismo a las que nadie se había acercado. No partimos de cero.

La política de atención a las víctimas sin embargo ha sido muy criticada por algunas víctimas.

-Sí, y leemos esas expresiones en toda su extensión, aunque la crítica a veces no se corresponda con la acción real del Gobierno. Vamos a estar acompañándolas siempre, hasta donde quieran, como hemos hecho desde el primer día, porque las víctimas son el testimonio vivo que nos recordará siempre un horror que nunca debió ser.

¿Debe haber un único relato de lo ocurrido?

-Es clave y fundamental que la memoria parta del consenso entre las fuerzas política. Sé que no es algo fácil, y que va a necesitar tiempo, pero es un camino que tendremos que empezar a transitar desde el diálogo con todas las fuerzas políticas. Es el trabajo que empieza ahora.

¿Y ve a los partidos en el escenario? Las primeras reacciones han sido precisamente para subrayar las diferencias.

-Tenemos visiones muy diferentes de lo que ha sido nuestra historia más reciente, pero esas diferencias no deben ser insalvables. Si no, no tendría sentido la política. Un relato que dignifique a quienes sufrieron en primera persona la violencia debe partir de una reflexión compartida. Se lo debemos a la sociedad navarra.

¿En qué términos ?

-Yo no pondría límites. Tenemos un mínimo común denominador, porque todos compartimos que la violencia política no es válida, que los cauces deben ser siempre democráticos. Hay elementos básicos para echar a andar. A partir de ahí, el objetivo debe ser promover una cultura de paz, de respeto y convivencia para que el pasado no se repita, donde la memoria de las víctimas sea respetada y preservada. No es un reto a corto plazo, pero nunca lo alcanzaremos si no echamos a andar desde donde estamos ahora.

¿La colaboración institucional con EH Bildu puede dificultar este mensaje ante determinados sectores de la sociedad?

-Entiendo que haya gente que lo vea así. Pero durante años hemos defendido las vías democráticas como cauce de toda actuación política. Ahora para algunos ya no es suficiente. Sin embargo, ha habido un punto de inflexión real y debemos ponerlo en valor.

¿Por qué el Gobierno de Navarra no estuvo en el acto de Kanbo?

-Porque las iniciativas que le competen al Gobierno deben llevar su propio cuño, y este debe estar adecuado a lo que pide la sociedad. Tenemos un papel institucional que debíamos preservar.

¿Es más ajustada a la sociedad navarra la declaración aprobada en Bertiz junto al Gobierno Vasco?

-Sí. En realidad, no hay ninguna posición nueva. Solo la voluntad de dar un impulso a este nuevo escenario desde dos instituciones que compartimos un trabajo común en materia de paz y convivencia. Una tarea basada en el reconocimiento de la memoria, justicia, verdad y reparación para las víctimas. Y también en el fin de las medidas de excepción penitenciaria. Creo que es algo que comparte la mayoría de la población y que se corresponde con este nuevo tiempo.

¿Era el momento para empezar a hablar de política penitenciaria?

-Tanto como para reivindicar la memoria y la injusticia del horror de ETA. No son realidades equiparables, desde luego que no. Pero sí son retos que debemos de atender porque un clima social para avanzar en la construcción de la paz. Desde el consenso político y en atención a las víctimas. Y no con un fogueo partidario de corto alcance.

¿Qué cambios proponen?

-Planteamos una propuesta de trabajo con el Gobierno central que permita adecuar la realidad penitenciaria a este nuevo escenario, como ya se ha hecho en Francia. No hablamos de beneficios penitenciarios, ni de incumplimiento de penas. Solo de terminar con una política de excepcionalidad que supone un castigo añadido para las familias.

UPN ya ha dicho que no.

-Debería explicar bien por qué no quiere una normalización en la política penitenciaria. Porque en los años bien duros UPN decía que Navarra sería generosa. Eso es engañar a la sociedad y es de un cinismo indignante. Puede tener su posición, y puede ser diferente a lo que decía hace 20 años. Pero amenazar a Rajoy con vetar sus presupuestos es chantaje puro y duro. No se puede hacer esa política de cambalache con estas cosas. Es irresponsable.

¿Qué pasa si Rajoy dice que no?

-Ya veremos, estas cosas requieren tiempo. Desde luego, no voy a subirme al púlpito. Seguiremos defendiendo un trabajo serio y riguroso entre instituciones que ayuden a mejorar un clima de convivencia. Confío en que al final impere el sentido común, porque es una propuesta de trabajo en una dirección en la que también apunta el PSOE, y que en su día defendieron UPN y el PP. Solo hay que tirar de hemeroteca.

¿Qué papel les queda a las otras víctimas de la violencia política?

-No creo que sea positivo mezclar víctimas. Ni las de ETA, ni las del 36 ni las de otras violencias. Equiparar una cosa con otra es una error, y ahora estamos en un punto en el que toca afrontar el final de ETA.

Pero habrá que atender cuestiones como la tortura, la guerra sucia y otros excesos del Estado.

-Por supuesto, claro que sí. Y en eso está también el Gobierno de Navarra. Se ha hecho un reconocimiento a esas víctimas, que en algunos casos son también víctimas del terrorismo reconocidas por el Estado. Pero no sería acertado meterlo todo en un mismo saco. Cada circunstancia debe tener su mirada propia.

¿Confía en que la desaparición de ETA suponga una distensión en el debate político en Navarra?

-ETA renunció a la violencia hace siete años, así que realmente no creo que suponga cambios a corto plazo. Pero sí confío en que todos los actores políticos seamos capaces de avanzar en un consenso mínimo en estas cuestiones que son básicas. Tenemos que demostrar que con posiciones antagónicas también se puede convivir. Y que se debe convivir.

¿Considera que hay un problema de convivencia en Navarra?

-Quedan heridas importantes que nos han dejado fronteras en nuestra sociedad. Y son fronteras que tenemos que superar, alejados de discursos extremistas con los que algunos intentan defender sus posiciones de una manera irresponsable.

¿Como cuando el PP habla de la batasunización de Navarra?

-Cuando escucho cosas de ese tipo me llevo las manos a la cabeza. Quizá sea que para algunos, el simple cambio de Gobierno les parece ya una imposición. Pero ese es un problema de algunos. No hay más que bajar a la calle para ver que eso no es así. La sociedad va muy por delante.

Sin embargo, las cuestiones identitarias siguen marcando buena parte de la agenda política.

-Puede ser, pero no por nuestra voluntad. A mí me gustaría que en el seno del debate parlamentario se tomara más el pulso a lo que se vive en la calle. Lo que preocupa a los ciudadanos es el empleo, las pensiones, la igualdad. No hay más que ver la últimas movilizaciones. Sin embargo, hay quienes prefieren fomentar otros temas más de mitin agitprop. Pero se equivocan.

¿Porqué se ha convertido el euskera en un elemento de confrontación política?

-Porque el mensaje que se está dando es deliberadamente equivoco. No es real que haya una política de discriminación ni de imposición. Lo único que ha hecho este Gobierno ha sido intentar reparar las carencias que dejaron los gobiernos anteriores. Comprendo la preocupación de quien se cree esos mensajes, pero no son ciertos y se va a ver en las próximas convocatorias de OPE.

¿Será capaz la sociedad navarra de superar su frontera identitaria?

-Quedan heridas todavía, claro. Entre otras cosas por el castigo al euskera y a determinados rasgos culturales y símbolos que interesadamente se han relacionado con la violencia de ETA. Hará falta mucho trabajo y mucho empeño, pero hay infraestructuras de convivencia que hay que empezar a trabajar.

¿Es posible en una tierra donde hay visiones tan antagónicas?

-Hay que desterrar esa idea de que desde posiciones políticas diferentes no se pueda convivir, porque entonces estaríamos abocados a la guerra perpetua. Navarra se merece vivir su pluralidad en convivencia. La pluralidad no es un símbolo de enfrentamiento, es un elemento de riqueza. Debemos aprender a convivir con ella con naturalidad.

Cuando llegó al Gobierno dijo que era una presidenta abertzale en una comunidad que mayoritariamente no lo es. Una expresión que sin embargo le han echado en cara.

-Se ha querido sacar de contexto. Y es muy injusto porque yo lo que hice fue señalar que todas las ideas defendidas en términos democráticos son posibles. Y reivindicar la capacidad y el derecho de esa parte de Navarra, que ha estado apestada durante décadas, a llevar con orgullo las instituciones navarras. Y a hacerlo con capacidad y eficacia. Gestionando el interés general de Navarra, mucho mejor que los anteriores.

¿Qué le parece que le digan que se trata de un Gobierno identitario?

-Que no es verdad. No hay balance identitario, por ningún sitio. No lo hay. Sin embargo se están corrigiendo las cifra de empleo, se han puesto en orden las cuentas de la comunidad, se han mejorado los servicios públicos y los derechos sociales. Es lo que está haciendo el Gobierno, más allá de lo que interesadamente intenta hacer ver otros para sustentar la teoría de un Apocalipsis que nunca fue real. Una estrategia torpe de quien se siente débil. Pero el tiempo al final pone y quita razones.

las claves

“En los años más duros UPN decía que Navarra sería generosa, su actitud ahora es cínica e irresponsable”

“Todos compartimos que la violencia no es válida, y ese es el punto de partida desde el que buscar el consenso”

“Las preocupaciones reales de la gente están lejos de los debates identitarios que promueve la oposición”