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Juan Carlos Torrego Seijo | profesor titular de ciencias de la educación en la universidad de alcalá

“El problema de los centros educativos no es tener conflictos, sino carecer de programas para atenderlos”

“Hoy ya nadie considera normal el maltrato escolar”. El experto en convivencia Juan Carlos Torrego explica que esta sensibilización permite nuevas líneas de actuación

G. Montañés | Unai Beroiz - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Torrego, antes de la jornada de formación para docentes que ofreció en Pamplona.

Torrego, antes de la jornada de formación para docentes que ofreció en Pamplona. (MIKEL SAIZ)

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Torrego, antes de la jornada de formación para docentes que ofreció en Pamplona.

PAMPLONA.- Juan Carlos Torrego Seijo, vallisoletano afincado en Madrid, es doctor en Educación, profesor en la Universidad de Alcalá y director del máster en Psicopedagogía y del máster online en Educación: Aprendizaje Cooperativo, Convivencia y Mediación de Conflictos. Torrego, que por ejemplo ha ofrecido formación sobre este tema desde hace más de 12 años en Navarra, impartió el 19 de abril en la sede del departamento foral de Educación, en Pamplona, una conferencia dentro de la formación para docentes del programa contra el bullying Laguntza. Aquí, analiza algunas de las herramientas disponibles para atender el maltrato escolar.

Tras esa trayectoria de años en la formación en temas de convivencia, ¿percibe que haya un cambio?

-Sin duda ha habido cambios. Por un lado, hay una toma de conciencia sobre el hecho de que la convivencia es un factor de calidad en los centros educativos. Y, por otro, hoy hay bastante material, teórico y práctico, para atender problemas de convivencia.

Al ser un factor que tienen en cuenta las familias al elegir centro, ¿eso no puede generar dudas al informar de estos casos?

-El problema no es tener conflictos, sino carecer de programas específicos para atenderlos. A mí me da más tranquilidad que esos centros tengan programas para prevenir el bullying y que, si hay casos, haya alguien encargado de atenderlos. Estos programas están a disposición de los centros y, de hecho, muchos los están poniendo en marcha con éxito.

El pasado miércoles se celebró el día contra el bullying. ¿Cómo valora esta jornada?

-Contar con días así de sensibilización es fundamental, aunque parece ingenuo pensar que esa sea la única vía de intervención. Estos casos se producen en los centros educativos, en todas las instituciones, independientemente de la clase social, de su titularidad... así que además de sensibilizar, hay que atender el fenómeno.

¿Cuál es la sensación que percibe entre el profesorado: los docentes creen que pueden marcar la diferencia, les preocupa que se les cargue con esta responsabilidad...?

-Seguramente un poco de todo. El profesorado vive la necesidad de crear entornos seguros, y también ve esa sobreexigencia por parte de la sociedad, que les hace responsables de la gestión de un tema que es lo suficientemente complejo como para que más personas se sumen. Como la sociedad, las familias, y el propio alumnado.

¿Qué deben tener claro?

-Lo primero, entender qué es el acoso escolar [Torrego lo define como una conducta de persecución, con violencia física o psicológica, de un alumno o de un grupo contra otro al que se elige como víctima. Esto puede hacerse por acción o por omisión de socorro;y tiene que haber reiteración, intencionalidad y asimetría de poder]. Y hacerle frente con todas las herramientas que sabemos que son útiles: como intervenciones individuales con los alumnos, y también potenciando los protocolos. Hoy sabemos que el acoso tiende a reducirse, si no a desaparecer, cuando los alumnos están organizados en un programa, como el de alumnos ayudantes.

¿En qué consiste?

-Es un programa en el que los alumnos formados y seleccionados ponen a disposición de sus compañeros lo mejor de ellos mismos, que es su solidaridad, su compañerismo... Detectan y derivan problemas. Es un programa que llega al alumnado y también es institucional, de centro, por lo que requiere de mucha supervisión docente. Nosotros [se refiere al grupo de investigación de Inclusión, Mejora Educativa, Convivencia y Aprendizaje Colaborativo, IMECA, del que es coordinador] implantamos el programa desde el último ciclo de Primaria hasta la propia universidad. Son planes que, si se plantean bien y se incorporan al plan de convivencia del centro, han venido para quedarse.

¿Cómo puede asegurarse que los planes de convivencia no se quedan en buenas intenciones?

-Desgraciadamente, muchas veces los planes y documentos institucionales son entendidos de un modo burocrático, y no como una oportunidad de ordenar lo importante, como es la convivencia. El plan tiene que ser un documento vivo, que guía y evalúa actuaciones, que recoge los grandes valores de convivencia por los que apuesta el centro... Entendido de esa manera, tiene mucho sentido.

Y defiende el aprendizaje cooperativo. ¿Cuál es su función aquí?

-El aprendizaje cooperativo es el empleo didáctico de grupos reducidos donde los alumnos trabajan juntos y crean interdependencias entre ellos, de tal manera que se maximiza su aprendizaje y el de los demás. No es solo es que estén en grupo. Un factor que suele estar presente en el maltrato es la soledad o la diferencia, la no inclusión en un grupo. Así que el aprendizaje cooperativo rompe esa soledad y es una estrategia que tiene en cuenta la diferencia, porque partimos de grupos heterogéneos.

las claves

“El profesorado ve la necesidad de crear entornos seguros, y también la sobreexigencia de hacerles responsables de este tema”

“El aprendizaje cooperativo rompe con la soledad y es una estrategia que tiene en cuenta la diferencia, porque hay grupos heterogéneos”