‘Mujeres errantes’, humillación, maltrato y supervivencia

La escritora asturiana Pilar Sánchez Vicente publica un libro que abarca un siglo y dos generaciones

Lunes, 7 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

gijón- La escritora asturiana Pilar Sánchez Vicente (Gijón, 1961) ha enhebrado una historia de humillación, maltrato y supervivencia con un atisbo de esperanza en la novela Mujeres errantes (Roca Editorial).

La autora quiso “dejar constancia del maltrato y la discriminación” de las tres mujeres protagonistas del relato, que abarca casi un siglo y dos generaciones, para concluir que la autodestrucción y la pérdida de los valores humanos “no solo tienen que ver con la miseria”, según dice. Es, apunta, una novela de “relaciones destructivas” ambientada en el barrio de Cimadevilla, en Gijón, con conexiones con Nicaragua a través de la obra poética del sacerdote Gaspar García Laviana.

La escritora afirma que buscó dar testimonio de la situación de extrema pobreza de los habitantes de Cimadevilla a principios del siglo XX y de la generación de los años 80 montada en la cresta de la ola de las drogas, el sexo y el rock and roll.

en busca de los orígenesMujeres errantes tiene como principal protagonista a Greta Meier, una afamada escritora suiza afincada en Londres, politoxicómana y de amores intensos que regresa a su tierra natal para acompañar en sus últimos días de vida a su madre enferma, que le confiesa que no es su madre y emprende un viaje en busca de sus orígenes que la lleva al barrio alto de Gijón y la conecta con las mujeres que vendían pescado en las calles.

A principios del siglo XX, Cimadevilla era un reducto de pobreza donde las mujeres se dedicaban a vender pescado o limpiaban las casas de las clases acomodadas del barrio de Viesques. Greta es hija de madre soltera que quedó preñada del señorito de la casa del barrio rico donde servía y cuando su madre, emigrante en Suiza, descubre que “abre un grifo y sale agua”, decide que hará todo lo que sea necesario para que ni ella ni su hija regresen a su tierra. La escritora ha dicho que esta historia nació al haber encontrado en un archivo sonoro cintas grabadas de conversaciones de pescaderas de Cimadevilla.

La novela se fue enriqueciendo con lo que recordaba de los relatos de su tía abuela que también vendía pescado en la calle y con las cartas que un sacerdote jesuita le envió a su padre. - Efe

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