A pie de obra

Amaiera

Por Paco Roda - Lunes, 7 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Hombre, después de 50 años tirando de gatillo, cientos de muertos y presos, miles de años de condena, litros de sangre, sudor y lágrimas, de agonías sin desenlace, de vidas ulceradas, infancias prohibidas, familias sepultadas y esperanzas sedadas, del conflicto irresuelto, y del mapa con su independencia, de engaños y desengaños y socialismos imposibles, y años de hartazgo, de espera y desespera, de duelos, detenciones de lesa perversidad, comunicados, negociaciones y negaciones, de idas y venidas, de redadas con nocturnidad y alevosía, del Batallón Vasco Español, de Amedos, Gales y Galindos, de torturas y fondos reservados, de alto el fuego y vuelta a empezar, de entierros y homilías y huelgas de hambre, de prisiones y dispersiones y perdones, arrepentimientos y pecados de los que comer caliente cada día, de vías Nanclares, doctrinas Parot, kilómetros de carretera, de manifas y más manifas, de Yoyes y Lasas y Zabalas y todavía Naparra, de Presoak Etxera!!!, de Kale Borroka por vena, de Iraultza a la Hil, de KAS, KAS, KAS Herriko Alternatiba, de Amnistia orokorray la Mesa de Argel, los acuerdos de Lizarra, Loyola y la propuesta de Anoeta, de treguas sin tregua, del Plan Ardanza, el Plan ZEN y Ernest Lluch rompiendo el cielo, de Martxelo Otamendi y Unai Romano llamando desde el infierno, de Brouard reivindicado y nada, de Hipercores y zulos y un señor llamado X con nombre y apellidos y de exiliados forzosos todos. Después de todo esto. Llegan las cenizas de ETA envueltas en un comunicado que más bien parece el prospecto de un fármaco contra el Alzheimer. O el murmullo de un ahorcado. Después de lo sabido y por saber, sepultada la utopía del pueblo trabajador vasco, ETA echa la persiana como si la historia no fuera con ella. Y no reclamaré nostalgia ni los mantras sudados. Solo digo que esta historia merecía otro final. Más digno. Por tanta pregunta por contestar.