La tribu

No lo cuentas

Por Javier Saldise - Lunes, 7 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

l a mierda de La Manadava a seguir apestando, como no podía ser de otro modo, y el tufo se va a quedar muchísimo tiempo entre nosotros, unas eternidades alrededor de los tipejos, vete a saber cuánto en la vida de la víctima. Se ha hablado mucho, pero hay tanto sitio en el abismo del estupor para recoger las sensaciones que ha generado esta violación y sus consecuencias, que esto no para... Amigos de Sevilla, abochornados e indignados cuando se supo de la atrocidad, no salían de su asombro con la sentencia y, entre sus comentarios utilizaban con frecuencia la palabra vergüenza. La mierda de La Manada, por su condición de sevillanos, avergüenza mucho a sus paisanos, a la gente de bien -otros son bestias- que estimula su sentimiento alrededor de la empatía y la pertenencia y no de este sonrojo. Los colectivos y entidades que llevan años trabajando por la normalidad en las fiestas, grupos que llevan muchos pasos en la lucha por la igualdad entre géneros también en San Fermín, sienten indignación por el retroceso, el ninguneo de un trabajo costoso de mejora en las relaciones. Al Unión Adarve, un equipo madrileño de Segunda B, les conocían como la manada -su mascota es un lobo y de ahí el sobrenombre- pero desde que comenzó a saberse la locura de los violadores de los Sanfermines y otras tropelías decidieron capar ese apelativo, porque ya está envenenado, ensuciado. Varios amigos andan con la cabeza loca con sus hijas, porque si tradicionalmente empiezan a calentarse con la llegada del verano y los festejos de todas partes, están ahora con el ánimo encendido y el sentido común desbocado tras la bestialidad. Y es que a veces soñamos que alguien vigila por nosotros, que cerrará los caminos a los malvados. Europa también mira el asunto. Hasta los psiquiatras han venido a vernos. Los jueces deben estar a lo suyo, a aplicar las leyes. Los ciudadanos, a lo que les queda: se avergüenzan, se indignan, se asquean, se asustan. Y, mientras, en el abismo siguen cayendo el enfado, el retroceso, el miedo, la brutalidad y sus formas. Que algunas no lo cuentan.