Susana Rodríguez Lezaun periodista y escritora

“Es mi novela más negra;tiene una oscuridad dolorosa que te aprieta el corazón”

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Unai Beroiz - Martes, 8 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Susana Rodríguez Lezaun, ayer en Pamplona.

Susana Rodríguez Lezaun, ayer en Pamplona.

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Susana Rodríguez Lezaun, ayer en Pamplona.

las claves

pamplona- Otra escritora, Tadea Lizarbe, acompañará a Susana Rodríguez Lezaun en la presentación de la tercera novela de la autora de la Chantrea, que vuelve a ofrecer al lector una historia de crímenes especialmente oscura. “Es la más negra de mis novelas”, confiesa. Y reconoce que, aunque el argumento la removió, también disfrutó escribiéndolo porque le permitió aprender mucho acerca de las construcciones militares que existen en Navarra y que apenas se conocen. Un secuestro, unos crímenes crueles, oscuridad, humedad, angustia... Son los ingredientes de Te veré esta noche(Penguin Random House).

La novela está atravesada por una cuenta atrás.

-Antes casi que el final tuve clara esta estructura por varias razones. La primera, porque la historia es una cuenta atrás vital para David Vázquez, el policía protagonista, y también para la familia que desaparece. En un secuestro, cada día, cada minuto es importante y cuanto más tiempo pasa es peor para el desenlace. Así que quería imprimirle esa necesidad de prisa a la novela, aunque reconozco que también es porque me gusta mucho la tensión (ríe). Quería enganchar al lector, situarlo en el primer capítulo lo más alto que pudiera e intentar mantenerlo allí hasta el final.

La escena inicial es brutal.

-Veía clarísima esa escena. Tú imagínate que vas en el coche con las personas a las que más quieres y en las que más confías, tu familia, y en ese regreso de la casa del pueblo a casa, que es algo que hacemos mucho los navarros los fines de semana, te entra sopor, te duermes y te despiertas sola. Estás dentro del coche en un descampado que no reconoces, es de noche cuando has salido de día, no sabes qué pasa ni dónde están tu madre, tus hijos, tu marido...

El terror se desata en una situación aparentemente ordinaria.

-Así es. Recuerdo que cuando fui madre mi miedo no era a que se murieran mis hijos, sino que tenía pesadillas con que los perdía. Cuando veo esas noticias de padres que han perdido a sus hijos me imagino muy bien qué tienen que sentir. Seguro que se preguntan si estarán haciéndoles daño, si estarán solos, si tendrán miedo... No habrá madre que no haya tenido ese miedo.

¿Esta es una cuenta atrás también para cerrar algunas de las tramas que ha desplegado en estas tres novelas? ¿Con Te veré esta noche cierra una etapa?

-Cierro un capítulo grande. La tensión me gusta, creo que es necesaria, pero no puede ser eterna, no se puede estirar como un chicle porque se romperá. Hay partes que hay que cerrar, solucionar. El lector lo pide. Y en esta novela hay tramas que acaban, pero quedan personajes con los que me gustaría seguir, siempre, eso sí, que tengan algo que contar.

Irene Ochoa genera todo tipo de opiniones, a favor y en contra, y seguro que también le pasa con otros personajes. ¿Le sorprenden las opiniones de los lectores?

-¡Mucho! Incluso hay gente que les hace perfiles psicológicos. Hace poco estuve en un club de lectura en Madrid y una mujer que es una gran lectora me preguntó si me había dado cuenta de que Irene no tiene amigas. Y me quedé de piedra porque ni lo había pensado. Lo que aportan los lectores no tiene precio. Recuerdo también que con Sin retorno discutí con un señor mayor que no estaba de acuerdo con la salida que le da Irene a su marido y le dije que yo tampoco. Que yo escriba algo no quiere decir que piense así. Esto es ficción. Soy periodista y creo distinguir bien entre la narración de hechos veraces y la narración de hechos ficticios, aunque verosímiles.

En esta novela se lo hace pasar muy mal a David Vázquez.

-El personaje cae casi al inframundo. A nivel personal empieza a comprender que Irene Ochoa es una asesina, lo que le genera un gran debate interno entre su consciente y su subconsciente, entre el policía y el amante. Además, está rodeado de suspicacias porque algunos compañeros no creen que como profesional no hubiera notado ninguna señal. Pero es que, claro, a veces todos somos ciegos con nuestras parejas o vemos lo que queremos ver. Y luego está el caso en el que se ve inmerso, que es el secuestro de la familia;un caso muy duro que le va a afectar mucho física y psicológicamente. La verdad es que el pobre queda hecho jirones. El domingo una lectora me comentó que le debo a David Vázquez un libro feliz...

¿Y lo tendrá?

-Pues que no tiene ninguna pinta que vaya a ser así (ríe). La novela que acabo de terminar, que no sé si se publicará, no tiene nada que ver con esta historia porque necesitaba limpiar la cabeza, pero lo siguiente de David Vázquez ya está en un cuaderno y es un relato duro.

¿Es un personaje sufridor?

-Claro, es que lo que te va pasando en la vida te moldea el carácter y puede que llegue un momento en ya no sufres, sino que más bien soportas. Aprendes a congelar el corazón, te proteges y tiras hacia delante. Eso lo vemos en mucha gente que lo ha pasado mal, por ejemplo víctimas de guerra. Yo lo que quiero es que David evolucione a partir de las circunstancias que ha vivido, no que de pronto todo empiece otra vez de cero como si nada hubiera pasado.

En la novela está muy presente el concepto de querer mal o más bien de no querer y aguantar.

-Yo creo que muchos lectores van a reconocer algunas situaciones. Eso de ‘sigo contigo porque tenemos que pagar la hipoteca’ o ‘seguimos juntos porque tenemos dos hijos’ o ‘porque es cómodo’, pero ‘no me toques, no te acerques y no me preguntes dónde voy’. Al final, hay parejas que son compañeros de piso mal avenidos. Para mí, el matrimonio es mucho más que eso y cuando una pareja se pregunta qué tienen en común ya no hay nada. Pero hay tantísimas parejas así, incapaces de reconocer el error y de adoptar una solución de buen talante. Cuántas veces se utiliza a los hijos como arma arrojadiza;niños que luego acarrean una vida complicada por las experiencias vividas.

A veces todo es pura conveniencia.

-Y la violencia contra la mujer es económica. Por ejemplo, cuando una pareja decide que ella deje de trabajar para hacerse cargo de los niños y, pasado el tiempo, se encuentra con que no tiene medios y el hombre lo sabe y lo aprovechan. Ojo, que también pasa al revés, que hay mujeres que no quieren dejar su estatus, su comodidad y sus caprichos. Hay parejas que son pura conveniencia, sí. Fíjate esa imagen de Melania Trump quitándole la mano a su marido... Terrible.

Nuevamente aborda el tema de la violencia de género, igual que hizo en Sin retorno. ¿Es un tema que le inquieta especialmente?

-Me inquieta la maldad y la violencia ejercida hacia las mujeres y hacia los menores y las relaciones mal entendidas. Cuando dos personas no pueden estar juntas, deberían existir mecanismos sencillos que permitieran una buena salida a esa situación. Es un tema que me preocupa porque no entiendo la desigualdad, ese tener que demostrar que vales que nos exigen a las mujeres y que a los hombres no porque parece que valen ya de serie me está empezando a cabrear y quizá ese sentimiento es el que luego vuelco en las novelas.

En la novela, las localizaciones son muy importantes. Como el Fuerte de San Cristóbal, por ejemplo.

-Yo soy de la Chantrea y toda mi vida he sabido que en el monte Ezkaba había un fuerte, pero desconocía lo que había pasado allí. Necesité pensar en este libro para empezar a informarme y me quedé asombrada. Tuve la suerte de conocer a un historiador, Mikel Ozkoidi, que me llevó a hacer una primera visita al fuerte y me recomendó el documental de Iñaki Alforja, que es fantástico. Y luego me puse en contacto con el Ejército, que no me puso ninguna pega para hacer una visita más detallada. Entrar allí, sabiendo lo que había pasado, te enfrenta a la historia de una manera muy diferente. El propio militar que me acompañó reconoció que allí tuvo que haber mucho dolor. Es que es innegable, las paredes húmedas, el moho, las celdas sin cristales con ventanucos a través de los cuales se colaban la niebla, la lluvia, las ratas... Ver aquello tan grande, tan desolado, tan triste...

Y luego está la Línea P, que apenas es conocida.

-Para empezar, no hay consenso sobre si la ‘P’ es de Pirineos o de Petrirena, el ingeniero que la diseñó. Franco estaba convencido de que cuando los aliados ganaran la segunda guerra mundial iban a intentar conquistar España y construyó una línea de búnkeres que en Navarra llegan a más de 500. Unos son un simple agujero en el suelo y otros son construcciones de hormigón en las que caben 50 personas. Hay gente que los ha reutilizado como garaje, como redil para las ovejas... Es un tema apasionante, ¿por qué no recuperamos esa parte de la historia?

Es memoria.

-Es nuestra memoria. Estos búnkeres los construyeron los soldados de reemplazo, los quintos, y el recorrido que aparece en el libro por el monte Adi es real. Es muy duro, puedes tardar horas en recorrer 500 metros.

Las atmósferas de la novela son pesadas. Oscuridad, frío... No deja muchos resquicios a la esperanza.

-Creo que este es el más negro de todos los libros que he escrito. Es la que más me ha costado escribir, a nivel personal me ha costado bastante y tardé en encontrar el final perfecto. La oscuridad está en el carácter de los personajes y en las dos tramas;también en el ambiente de humedad, de negrura... Hay una oscuridad que a veces es dolorosa y que te aprieta el corazón y el estómago.

en corto

“tengo tres novelas empezadas”

Susana Rodríguez reconoce que cuando le asalta una idea tiene que desarrollarla. Y tiene ya dos nuevas novelas empezadas y una terminada este pasado domingo. Esta última es un divertimento que necesitaba para “limpiar” los rastros oscuros deTe veré esta noche. “Ya veremos si se publica”, dice. Otra continúa con David Vázquez y la tercera es “muy negra”.

“estoy muy ilusionada con pamplona negra”

Susana Rodríguez está diseñando ya la 5ª edición de Pamplona Negra, la primera que dirigirá tras la marcha de Carlos Bassas. Y está “muy ilusionada”. Sabe que el programa ya tiene mucho peso y no aspira tanto a superar su nivel como a “mantenerlo”. De momento es la única directora de un festival de novela negra en el Estado.

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