El arte actual

Iñaki Amatriain Guembe - Martes, 8 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

No me he podido aguantar las ganas de replicar cuando he visto esas sillas y esa mesa a escala 3 veces superior a la normal tratando de impresionar desde la última página del periódico el sábado 5 de mayo. Esa grandeza del arte actual no es tan actual. Hay ahora una exposición en la Casa de Cultura de Zizur Mayor conmemorando los 25 años de existencia. Allí expuse en 2004, en mi segunda exposición, una silla de dos metros y medio de altura que hice en 2000. La titulé Descontextualización del objeto a través del tamaño. En 1971 Claes Oldenbourg sorprendió al mundo del arte con una paleta de albañil de 12 metros clavada de punta en un parque escultórico. Después vinieron más objetos cotidianos de tamaños terribles. Dije en un libro que si esas obras desaforadas eran arte, sólo podían serlo debido a su dimensión;si fuera de otro modo tenderíamos a mirar las ferreterías como si fueran museos. La descontextualización a través del tamaño provoca arte.

Cuando realicé esa silla gigante dentro de mis posibilidades económicas, no lo hice por Oldenbourg, a quien desconocía. La fabriqué por motivos muy diferentes: demostrar la relación entre los ready-made y el arte conceptual. Para ello definí previamente qué es un ready-made. Para mí sólo es una forma encubierta de la metáfora, la paradoja y el símbolo. Dijo Borges: “la metáfora es una superposición de dos imágenes;momentáneamente una se vuelve la otra”. Clasifiqué los ready-made en cuatro tipos según su comportamiento metafórico. En el segundo tipo, el que relaciono con la paradoja, Duchamp convierte un objeto en un no-objeto descontextualizándolo, sacándolo de su contexto, por ejemplo, clavándolo en el suelo o en el techo y lo vuelve inútil, le quita la función para la que ha sido creado. Una silla de cierto tamaño ya no es un asiento. Si es una silla lo es por su forma pero no por su contenido ya que no se utiliza de asiento. La protagonista fue una silla y no otro objeto precisamente porque iba destinada a puntualizar algunas precisiones en la obra más famosa de Joseph Kosuth Una y tres sillas, estandarte del arte conceptual.

En Burlada, en 2006, incrementé el volumen de la conocida música de la película Titanic al ser tocada con bocinas de camión manipuladas. Fue otra exageración donde pretendí mostrar que la música es una serie de repetición con variaciones y por lo tanto está muy cerca de las series de repetición de ciertas obras minimalista y de casi todas las obras del Op-art. Además era una metáfora contra el cambio climático. Alguien me tildó de estar en contra del progreso. ¡Será del progreso mal entendido. Si me acabo de comprar un ordenador!, pensé yo.