Emisión imposible

Y por fin llegó la magia de Amaia

Por Javier Arizaleta - Jueves, 10 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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La muerte de José Mª Iñigo dejó huérfanos a millones de espectadores de la historia de la televisión que todavía recuerdan como un hito aquel programa con Uri Geller, en el que el mago fue capaz de partir la cuchara con le fricción de los dedos. Nunca un momento televisivo había transcendido tanto como aquel y pocos más sencillos e intensos ha habido después. Pero ahora que entramos en las finales de Eurovisión la ausencia de Íñigo va a ser más contundente. Supo seguir el rebufo de Jose Luis Uríbarri, y leer perfectamente el guión por el que la fiesta de Eurovisión es una especie de espectáculo mágico inexplicable pero que atrae la atención de medio mundo. 1.500 millones de espectadores estarán pendientes de lo que suceda en Lisboa: un concierto con nueve salas que cobijarán a unas 100.000 personas. En el centro de ese ciclón audiovisual e interpretativo, tendremos a Amaia Romero, esa chiquilla navarra que en un pispás se ha convertido en una estrella de la tele a fuerza de expresar su talento dentro de las estrictas normas de un concurso televisivo. Ya está en marcha la cuenta atrás del escaparate de la canción y nuestra pequeña resulta que no está entre los favoritos. No se asusten que no voy a esgrimir los argumentos como solían hacer Íñigo y Uríbarri. No. Simplemente quiero recordar que el próximo sábado quienes hemos visto evolucionar a Amaia sabemos que, además de una actuación portentosa, surgirá un brote de genialidad en pleno directo que romperá las frías estadísticas y acercará incluso aquellos votos transfronterizos que, a decir de Íñigo y Uríbarri, nunca llegaron. Es tarde para dejarme crecer el bigote pero no descarto que el sábado haga fuerzas para ver si, con Mi canción,por fin rompo aquella cuchara que dejé intacta hace ya tanto tiempo.