Amabilización y aparcamientos

Por Antonio Etxarri Irigoien - Jueves, 10 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

beti bezala, que diría el Olentzero, como siempre, el vecindario del Casco Viejo, ahora también, al parecer, el del Primer Ensanche, somos el colectivo que acaba pagando las facturas más caras en los desajustes que se van dando en torno a nuestro barrio. Hostelería y comercio son, en mi opinión, los colectivos más premiados en los conflictos de intereses que van surgiendo.

Llevo viviendo en el Casco Viejo los años suficientes para haber visto bastantes cambios en general, y en la problemática del aparcamiento en particular. Nunca fue fácil acceder a casa, y mucho menos encontrar sitio para aparcar a una distancia razonable desde el domicilio. Tenemos costumbre, resignación y, quizá, hasta cierto compromiso cívico para entender y sobrellevar este asunto con cierta entereza. Por eso y por haber dejado un margen de confianza al Plan de Amabilización, creo llegado el momento de cuestionar algún aspecto del citado plan. Las personas que vivimos, por ejemplo, en el antaño llamado Burgo de San Cernin, y ante la desaparición de numerosas plazas en el Primer Ensanche, nos vemos obligadas a dejar el vehículo en zonas como Vistabella, en Taconera, o en la zona (inundable) del río, en Rochapea. Unas zonas lejanas, poco iluminadas y con problemas de seguridad. Lugares en los que es habitual encontrar lunas rotas y otros desperfectos, porque los y las amigas de lo ajeno, se lo han pasado cañón. Eso por no decir que a ciertas horas, tener conocimientos de Kung Fu viene de perlas para acercarse a casa con tranquilidad.

Por otro lado, en las calles Bosquecillo, Sandoval, etcétera, han desaparecido numerosas plazas que desahogaban algo el sempiterno problema. Se han habilitado espacios exclusivos, de pago, para el tráfico de rotación. También, algunas de las plazas de esta zona se han reconvertido en reservados para algunos comercios que, así, disponen a pie de calle y durante 12 horas al día de sitio, supongo para los repartidores o clientes foráneos. Todo ello sin recibir, por ejemplo, una rebaja en el precio de la tarjeta de residente. Suscribo, en general, el espíritu que puede haber detrás de amabilizar la ciudad. Entiendo que no es fácil legislar a gusto de todo el mundo. Que el Consistorio ha tenido que salir al paso de una campaña mediática contra el citado plan, llevada a cabo por algunos comerciantes y dirigida desde la sombra, obscena y espúreamente, por aquel grupo político que vendió la ciudad a los grandes grupos comerciales que son, junto a internet, los que han llevado en gran medida al pequeño comercio de proximidad, al carajo. Pero, por encima de todo, quiero recordar que aquí vivimos personas, con necesidades tan prosaicas como acercarse a casa brevemente para dejar en el portal, la compra, a los abuelos o los palos de golf… Personas que, como digo, somos las que diariamente tenemos que bregar con el ocio propio y ajeno, con las fiestas de guardar, y con cualquier asunto le surja al personal, mayormente de otras zonas. Por todo ello, sería de agradecer que, haciendo honor a su nombre, el excelentísimo Ayuntamiento se dignase a reconsiderar este tema y nos facilitara algo la vida rehabilitando más espacios para solventar este asunto, y, a modo de idea, la mencionada calle Bosquecillo, ahora infrautilizada, podría ser el primer acto de reconversión.