Carmen Machi | ‘cronología de las bestias’

“Probablemente este sea el papel más difícil de mi vida”

Carmen Machi protagoniza 'Cronología de las bestias', un thriller en el que la familia se reencuentra con su hijo desaparecido. El Gayarre acoge mañana el montaje

Una entrevista de Ana Jiménez Guerra - Viernes, 11 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Carmen Machi.

Carmen Machi.

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Carmen Machi.

PAMPLONA.- Tras visitar Pamplona el pasado año con La autora de Las meninas, Carmen Machi (Madrid, 1963) regresa a la capital foral con Cronología de las bestias, un montaje teatral que ha escrito y dirige el argentino Lautaro Perotti, y que gira en torno a una familia cuya vida cambia cuando se reencuentra con un hijo que desapareció años atrás. Y este regreso traerá de vuelta también hechos del pasado que afrontar. Con un lenguaje narrativo más cercano al cine que al teatro, Machi avisa que el espectador deberá estar atento para encajar todas las piezas del puzle. Porque la mentira es el motor de la historia, y nada es lo que parece. El Teatro Gayarre acoge mañana la puesta en escena de la obra -20.00 horas, entradas desde 8 a 22 euros-,

Partiendo de que no quieren desvelar mucho del argumento, Cronología de las bestias narra la historia de una familia que arrastra un oscuro pasado, pero que decide evadir su realidad mintiéndose y engañándose los unos a los otros. ¿Es la mentira el chaleco salvavidas de los personajes?

-En la obra se sostiene una mentira a lo largo de tanto tiempo que consigues creértela y convencerte de que es real. Es algo que ayuda a sobrevivir, para una persona atravesada por el dolor, como esta familia, es una forma de ponerte una coraza que te hace caminar hacia delante. El motor de la función es la mentira, totalmente unida al dolor. Los personajes además viven alejados del pueblo, tienen poco contacto con los demás... con lo cual es también una manera de protegerse.

La llegada de un hijo a quien creían desaparecido detona un juego de mentiras que busca también incomodar al público, haciéndole partícipe de los engaños que se tejen entre los personajes. ¿Es tarea del espectador el encajar todas las piezas del puzle de la historia?

-La línea de pensamiento de cada personaje la va armando también el espectador. Es una función que genera cierto desconcierto, la reacción que tienen los personajes no es la que tú esperas. Es muy interesante de ver, al margen de que es heavy y dura, también hay algo de humor, como en la vida misma, que uno ríe en las ocasiones más intensas... Y algo diferente de esta obra es que el espectador debe estar muy activo a nivel de escucha y es bueno que se ponga a mirar, que se deje llevar y arme el puzle. Un compañero de oficio dice que estamos en un momento de la sociedad en que nos aburguesamos como espectadores, y es verdad. Aquí es bueno que estés muy puro a la hora de mirar. A la gente joven le gusta mucho esta función, tiene un lenguaje teatral que entienden, como el uso de los flashbacks.

El pasado año pudimos verle en el Teatro Gayarre como protagonista de La autora de las meninas, pero ahora con Cronología de las bestias regresa con un papel completamente diferente: el de una madre rota de dolor por la desaparición de su hijo.

-Esa es la premisa de mi personaje: desaparece su hijo con doce años y, pasados once años, aparece ya como un hombre. Es curioso porque uno cree que te vas a echar en los brazos de tu hijo en cuanto le ves, pero es complicado... Ha pasado de ser un niño a un hombre, al que no conoces realmente. Y justo en la etapa en la que más lo necesitas, en ese proceso de crecimiento y maduración del ser humano... Ahora ves a un extraño en tu vida y no sabes qué le ha pasado a esa criatura, si lo raptaron o qué. Y él tampoco sabe exactamente quién es responsable de su mal. Ciertamente mi personaje está rota por el dolor, pero en lugar de ser una mujer tierna y delicada, es una mujer fría y dura, con dosis importantes de fiereza, que vienen dadas por el desarme, por la pérdida, porque no sabía si él está muerto... Y por ello se pone una coraza para sobrevivir y poder llevar aquello.

Desde esta fiereza, ¿tuvo que sacar Carmen Marchi parte de su bestia interior para construir el personaje?

-Probablemente es el personaje más difícil que he hecho en mi vida, porque su línea de pensamiento, y la del resto de personajes, es muy compleja: de lo que tú tienes en tu cabeza a lo que ve el espectador, cambia mucho. Durante el proceso de creación tuve que hacer continuamente elecciones, pensar qué mostrar... Es un personaje con unas reacciones demasiado viscerales, no entiendes sus porqués. Y la elección es complicada, ya que debes elegir continuamente qué quieres mostrar. Fue muy divertido el proceso, pero es una función que tienes que hacerla siempre a tope, pasas de cero a cien constantemente.

Entre las evasiones, engaños y realidades que envuelven la obra, ¿cuánto de mentira y cuánto de verdad maneja el actor en escena?

-Cada actor tiene su manera de trabajar, pero creo que hay que tener un control importantísimo en lo que haces: no creerte nada de lo que dices, pero hacer creer que te está pasando. Es decir, hay algo muy mentiroso en todo esto y tienes que tener el control suficiente para que a ti no te afecte personalmente, porque entonces probablemente no transmitas nada y se quede ahí. Supongo que los actores estamos bendecidos para poder mentir de esa manera y no todo el mundo lo puede hacer (risas). Es una cuestión técnica, pero claro que hay una verdad: eso no quiere decir que el dolor no duela, porque duele, pero enseguida tienes que eliminarlo para pasar a otra cosa. Hay un 50% de verdad y un 50% de mentira, creo.

Precisamente la necesidad de indagar hasta dónde es capaz una persona de mentir y de mentirse a sí misma fue el punto de partida de la obra. ¿Dónde está el límite en esta cronología para seguir siendo humano y no convertirse en la bestia?

-Fíjate que la obra es pura ficción, pero está llena de connotaciones absolutamente reales que las tenemos no sabes qué cerca... De hecho acabamos de pasar una en nuestro país muy mediatiza -el niño Gabriel-. Nunca la ficción supera la realidad. Y sobre esa necesidad, es cierto, ocurre en cualquier parcela, hasta en la política: ¿hasta dónde puedes mantenerse una mentira? El problema es que cuando has empezado a lanzar la primera mentira, para sostenerla vas lanzando otras y así hacer creer que es verdad, y ya entras en un círculo casi vicioso. Pero llega un momento que para sostener tu propia mentira, llegas a hacer cosas increíbles y a pasar con todo por delante. Para eso el teatro es un lujo, por ejemplo ocurre en MacBeth, que ya no hay freno... Es peligrosísimo mentir en algo cuando era tan fácil como decir la verdad desde el principio.

¿Y hay alguna mentira que desde el principio pueda ser en cierta manera buena, como intentan conducir los personajes de la obra?

-Creo que sí, por algo existe la mentira. Muchas veces para protegerte, para proteger a alguien... Depende también de qué mentiras, incluso el silencio es a veces una manera de mentir, hasta cierto punto, porque no dices la verdad. La mentira es a veces sanadora, salvadora y salva a otros. No siempre, pero en algunos casos no tienes por qué ser peor persona porque mientas.

Ha mencionado antes la política y quizá sea mejor que en este país algunos políticos no escuchen aquello de “no eres peor persona porque mientas”...

-(Risas) Ah, pero... ¡estamos hablando de teatro! ¿O no?

Vayamos a la verdad, al texto de Cronología de las bestias, obra del argentino Lautaro Perotti, quien también dirige el montaje, ¿cómo ha sido la experiencia de trabajar con él, teniendo en cuenta su experiencia también como actor?

-Lautaro es un actor excepcional, como ha demostrado en La omisión de la familia Cóleman, o Chau Misterix -su trabajo mas relevante para nosotros-. Es descomunal, de los pocos buenos directores que son también buenos actores. Lautaro es un intérprete de una inteligencia increíble y como director ocurre lo mismo. Es muy respetuoso y entiende mucho al actor, toma decisiones conjuntas contigo y te lleva muy bien de la mano, pero a la vez tiene muy claro lo que quiere y si ves que te estás desviando, de manera muy sutil te vuelve a llevar al redil. Viene de una compañía, de hacer las cosas en equipo y de escuchar, unos conceptos con los que me identifico mucho y que para mí son los pilares de este oficio. También me gusta mucho su manera de escribir, desde dónde cuenta las cosas, desde esa sencillez y complejidad. Ha creado una función que tiene una estructura muy atractiva e innovadora porque parece más cine que teatro. Le amo profundamente, ha sido un encuentro con el que me pienso reencontrar sin que pase mucho tiempo.

Precisamente la obra se estrenó en su país, en Argentina, concretamente en Buenos Aires, la ciudad donde comenzaron a reunirse las Madres de la Plaza de Mayo en 1977. Sería una función emocionante, ya que en la obra la desaparición de un niño es clave.

-Sí, se estrenó en Argentina, con la escuela de teatro Timbre4 que Lautaro tiene en Buenos Aires, ya que a nosotros por agenda nos faltaba tiempo. Decidió estrenarla allá para ver si funcionaba la estructura, como una probatura, y se convirtió en el exitazo de la temporada. Fue maravilloso. Y efectivamente, Lautaro comentaba que allí, desde el espacio donde se hacía, que hay una cercanía con el publico maravillosa y a la misma altura, como si estuvieses que dentro de la casa con la familia... había gente que se desmayaba en el espectáculo, ya que allá el tema de los desaparecidos es muy cercano, tocó mucho en la dictadura, e incluso ahora desaparece gente continuamente en Buenos Aires...

En cuanto al equipo de actores, comparte escena con el joven Patrick Criado, que tras varios trabajos tanto en cine como en televisión -La gran familia española, Mar de plástico-, que ahora debuta en el mundo del teatro. ¿Qué le ha aportado profesionalmente compartir montaje con alguien que está descubriendo el universo teatral?

-Me tiene enamorada, Patrick es un descubrimiento. Para mí, y que me disculpen los muchos otros que no conozco, es el mejor actor de su generación. Quiero a Patrick conmigo para toda la vida. Lleva desde muy pequeño trabajando en audiovisual, que aunque es la misma profesión, casi es otro oficio, y tiene una capacidad e inteligencia escénica, un amor a lo que está viviendo... Se ha enamorado profundamente del teatro. Y tiene una de las cosas más difíciles que existe en el teatro: el saber escuchar. Y él se pasa el 60% de la función escuchando. Es una suerte tenerle al lado, lo que se aprende viéndole... Cuando ves a alguien joven con esta pasión que le ha dado de repente, que decía que ha encontrado su lugar, te contagia de todo.

Con Cronología de las bestias, ha estado arropado también por un elenco con muchas tablas.

-Sí, también le digo que ha tenido suerte de dónde ha encontrado su primera función, porque ha tenido un director de actores, está rodeado de unos actores que nos gusta esto mucho y lo vivimos desde donde lo vivimos... En esta función tenemos suerte porque hay un elenco cojonudo, con perdón. Están también Pilar Castro, Jorge Kent y Santi Marín. Es un sueño de reparto para mí, estamos todos en la misma onda y eso es maravilloso.

“El motor de la historia en ‘Cronología de las bestias’ es la mentira, totalmente unida al dolor”

“Lautaro Perotti ha creado una estructura muy atractiva e innovadora, parece más cine qu e teatro”

“Hay algo mentiroso en ser actor: no debes creerte nada de lo que dices, pero sí hacer creer que te está pasando”

“En Argentina hubo gente que se desmayó en la función, allá el tema de desaparecidos es algo muy cercano”