Música

El barroco siempre vuelve

Por Teobaldos - Viernes, 11 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

ciclo grandes intérpretes de la fundación gayarre

Fecha: 8/05/2018. Director: Octavio Dantone, clave y dirección. Programa: obras de Vivaldi, Albinoni, Marcello, Platti, y Galuppi. Un Bis y una propina de regalo. Programación: Ciclo Grandes Intérpretes, de la Fundación Gayarre. Lugar: Teatro Gayarre. Público: el habitual del abono;lleno el patio, menos de la mitad el palco.

desde aquellas primeras Estaciones de Vivaldi programadas, ya hace más de cuatro décadas por la Sociedad Filarmónica (injustamente tratada por los estamentos públicos, por cierto) y servidas poderosamente por la orquesta, más bien romántica, I Solisti Venetti, con Claudio Scimone -por otra parte de glorioso recuerdo-, la interpretación de la música barroca ha ido evolucionando hacia el historicismo que, hoy día, prevalece. Afortunadamente, aquí, entre la Semana de Música Antigua de Estella, y los diversos ciclos estables, hemos podido asistir en primera línea, a esa evolución interpretativa. Han pasado por nuestra comunidad todas las orquestas barrocas que en el mundo han sido: primero las inglesas, con la Sant Martin in de Fields a la cabeza;deslumbrante, al principio, por la limpieza de retórica, pero que luego nos parecía fría, al lado de los nuevos conjuntos italianos y españoles, por ejemplo. Y luego, todas las demás: desde la de Ámsterdam, Limoges, Les Art Florissant, Köln, Berlín, etc, hasta la barroca de Sevilla o Al Ayre Español, que, desde luego, están a la altura del resto del continente. Eso sí, los italianos -In Fondamento, Il Giardino, Il Pomo D’Oro…-, dieron cierto vuelco a las versiones con respecto a los centroeuropeos;por su luminosidad, un sentido más anárquico de la medida, y ritmo. La Accaemia Bizantina, está, claro, en la órbita de las versiones italianas, digamos más marchosas, pero, a la vez, los de Rávena, tienen una muy cerrada disciplina de sus diversas familias, y sacan un sonido absolutamente puntillista, preciso, con el staccato (o sea todo muy marcado) como idea general, y que deslumbra, sobre todo, en los ataques, en los acentos, en la evolución del sonido a partir de un punto preciso. El conjunto (3-3-2-2-1-laúd y clave) suena, realmente como cuarteto;las individualidades destacan en las intervenciones solistas, nada más, porque el sonido percibido es el del conjunto como un nuevo y rotundo instrumento. Es cierto que, al principio, como suele ocurrir en estas orquestas que trabajan con instrumentos originales -cuerdas de tripa-, la sonoridad se nos hace un poco lejana;hay que ir a buscarla, no te envuelve, de primeras;pero, una vez metidos en el sonido historicista, la claridad del discurso, los matices, la relación entre el matiz fuerte -más brillante que voluminoso- y el matiz piano -más bien pianísimo-, conforman unas versiones que nunca abandonan la delicadeza, incluso en los abundantes arrebatos virtuosísticos. El programa presentado por su titular y clavecinista, Octavio Dantone, no podía ser más agradable: los Vivaldi, Albinoni, Marcello, Platti, y Galuppi, en todo su esplendor. Analizados hasta el mínimo detalle, con una sonoridad que siempre parte del clavecín, con el mismo pellizco, con la misma pulsación y soltura, con la misma consecuencia de que esta música vuela a partir de la perfecta afinación de cada nota -y hay miles-, de la simetría del adorno, de la feliz combinación del allegro-lento-allegro, de la especular respuesta de los Da Capo(vuelta al comienzo) con matices siempre distintos. Todo es igual, pero todo es distinto. En una velada con la misma y limpísima tensión tímbrica, sin altibajos;y que no cae en la rutina por las soberbias intervenciones del clave, del concertino, solo y a dúo, de los chelos en contrapunto, de la acentuación de todos.

Este curso ha sido magnífico, en líneas generales. El siguiente ya está anunciado. Solo esperamos que los dos ciclos de cámara (este y el del Baluarte), no coincidan tanto en día y hora.