Las bicicletas son para el ‘munipa’

Ioseba Imanol Reta Ciriza - Viernes, 11 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El pasado 21 de abril, a eso de las 7.30 de la mañana, me fui a desayunar con una amiga al Horno Artesano de la plaza del Vínculo. Confieso que la noche anterior había salido a la calle con mi bicicleta con el único propósito de tomarme un par de cañas y volverme a casa. Pero no fue así: ¡me lié!

En la puerta de la cafetería apoyé mi arma de dos ruedas frente a la entrada y simulé estar poniéndole un candado. Sí, ¡simulé! Mientras lo hacía, aproximadamente una docena de agentes de la Policía Municipal de Pamplona/Iruña fueron entrando en el local después de haber dejado aparcada una furgoneta policial de transporte en una zona reservada a parada de taxis.

Charlé con alguno de esos agentes y después cada uno a lo suyo. Yo con mi amiga, acompañando el desayuno con una amena conversación. Ella con que Nietsche y Kant fueron claves en la filosofía (más el segundo que el primero), y yo con que fueron unos que estuvieron a prueba en Osasuna. Mientras tanto, ahí seguía la docena de agentes desayunando, ajenos a nuestra transcendental conversación, y, por descontado, a la furgoneta que sin motivo habían estacionado de forma ilegal.

Después de más o menos media hora de desayuno, y sin aclarar si Kant era mejor que Messi, o si CR7 aludía a Nietsche con su emigmático “¡Siuuuuu!”, salimos de la cafetería detrás de la avanzadilla del grupo de agentes municipales. Después de haber hecho como que le quitaba el candado a la bici seguí la marcha detrás de dos de esos agentes que se me habían adelantado. Pero yo, que soy un bocazas bienintencionado, estando aún detrás de ellos, y con sonrisa de listillo les dije: “¿Sabéis que un vehículo policial que no esté prestando un servicio debe respetar las normas de estacionamiento como cualquier otro vehículo, y que por lo tanto no puede estar esa furgoneta aparcada en un área reservada para taxis?”.

Los agentes se giraron y, tras dedicarme un reconocimiento visual sólo al alcance de aquellos que están acostumbrados a desayunar con el crimen, el más... el menos... El de barbas me preguntó: “¿Ha bebido usted?”. Yo, seguro de conocer la respuesta verdadera, con orgullo respondí: “¡Sí!”. La sonrisa aún seguía en mi cara. “Bien, pues que sepa que andar en bici bajo los efectos del alcohol es una infracción, así que manténgase separado de su bicicleta a la espera de que llegue una patrulla para realizarle el test de alcoholemia”. Tal cual.

Una vez llegó esa patrulla, y tras esperar rodeado por esa docena de agentes que antes desayunaban con calma, el test vino a confirmar mi respuesta: ¡había bebido! ¿Es esto un chiste? No. De ahí me trasladaron a Monasterio de Irache, donde me hicieron soplar de nuevo dos veces. A mi amiga la identificaron porque se hizo cargo de mi bicicleta, ya que en caso contrario se la hubieran llevado al depósito municipal y recuperarla me hubiera costado 100 €.

Esto no acaba aquí, pero por hoy sí.