En fin

Del silencio de la huerta, a la cocina

por javier arizaleta - Sábado, 12 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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La vinculación de Tierra Estella con productos como el espárrago, es uno de los activos con los que cuenta esta comarca. Por un lado, este cultivo es uno de los que más trabajo directo crea en la agricultura y en la industria agroalimentaria. Nuestra Merindad cuenta con importantes explotaciones de este cultivo que, poco a poco, se va ubicando en terrenos de regadío con el fin de controlar su producción. El cambio climático es una de las razones por las que las esparragueras abandonaran el secano para asentarse en regadío donde pueden ser más rentables. Otro de los avances del espárrago es su consumo en fresco. En este sentido, hay que destacar la importancia divulgativa que las fiestas de Andosilla, Dicastillo y Mendavia -que por cierto se celebra mañana domingo-. Esta reivindicación del consumo de los productos en temporada es de sentido común y siempre ha formado parte de una cultura muy interiorizada en nuestra tierra. Tras el fin del invierno, vemos estos días la transformación de infinidad de pequeños huertos que se van preparando para asimilar las plantaciones que alcanzarán su plenitud en verano. Lechugas, tomates, pimientos, alubias, patatas y un sinfín interminable de productos, comienzan su ciclo en la tierra para acabar formando parte de nuestra dieta. Esta economía doméstica de las huertas no está cuantificada pero históricamente ha sido de una decisiva importancia. Arranca el tiempo de los motocultores, los cordeles y las azadas. Las plantaciones de verduras comienzan su ciclo que acabará bien entrado el invierno. Comienza la apasionante y minuciosa cultura de la excelencia culinaria en los pequeños regadíos que acabará con grandeza, en fin, en la mayor parte de las cocinas de Tierra Estella.