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El frikismo de Eurovisión corona a Israel y desdeña la música de Amaia y Alfred

La navarra y el catalán se vieron relegados a la 23ª posición tras una demoledora votación del público
‘Tu canción’ tampoco convenció a los jurados ‘profesionales’, que le otorgaron 43 puntos

Fernando F. Garayoa - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Amaia y Alfred, en un momento de su actuación ayer en el festival de Eurovisión, en el Altice Arena de Lisboa.VER GALERÍA

Amaia y Alfred, en un momento de su actuación ayer en el festival de Eurovisión, en el Altice Arena de Lisboa. (EFE)

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  • Amaia y Alfred, en un momento de su actuación ayer en el festival de Eurovisión, en el Altice Arena de Lisboa.
  • Netta vuelve a actuar después de recibir el trofeo.
  • Netta, representante de Israel, durante su actuación en Eurovisión.

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  • Las actuaciones de Eurovisión.
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Pamplona- No pudo ser. Ni de lejos. Amaia y Alfred tuvieron que conformarse con el puesto 23º, logrando únicamente 61 puntos. Eurovisión hizo bandera de su lado más friki y coronó como ganadora a Israel (su cuarto triunfo) y sus onomatopeyas gallináceas, una de las grandes favoritas en las apuestas. La clasificación del certamen estuvo en un vilo hasta el final, ya que tras la votación del jurado profesional era Austria, con César Sampson, quien figuraba en primera posición con su propuesta bañada en soul, pero llegó la votación del público y el frikismo derrotó a la música. Sin paliativos.

Una gala rápida y efectista Antes de que comenzaran las actuaciones, los presentadores de TVEtuvieron el detalle de dedicar la retransmisión al recientemente fallecido José María Iñigo. Un gala final de Eurovisión que contó con casi 20.000 espectadores en directo, y 400 millones, la final de Eurovisión, como no podía ser de otra manera, comenzó a ritmo de fado con Ana Moura y Mariza, cuyas interpretaciones dieron paso al tradicional desfile de banderas, donde se pudo ver por primera vez a Alfred y Amaia. 26 banderas, 26 países y 26 canciones para un concurso que contó con cuatro presentadoras que dieron la bienvenida a Europa y... a Australia (se olvidaron de que Israel tampoco es Europa). Un breve introducción que dio paso al primer concursante, Melovin, de Ucrania, que rompió la compostura saliendo de un ataúd, al ritmo del tema Under the ladder,queacabo echando fuego, literalmente.

Y sin casi tiempo a darse por enterados de que había comenzado la final de Eurovisión, Alfred y Amaia abrieron la puerta del escenario de un Altice Arena iluminado con miles de móviles, dejando bien a las claras el amplio número de seguidores que se desplazaron hasta Lisboa. Una canción, Tu canción, perfectamente ejecutada, en lo que a técnica se refiere, manejando con soltura la química precisa y dejando crecer el tema con maestría inusual para su edad;interpretación que remataron con un final emotivo a la par que intenso. Y no, no hubo beso. Un gesto quizá de rebeldía y de apuesta por la música, ya que si lo más importante de una canción es un ósculo entre sus intérpretes, mejor apaga y vámonos.

Lea Sirk, de Eslovenia, tomó el relevo de Tu canción yéndose al otro extremo musical de la navarra y el catalán, unos ritmos urbanos a los que siguieron Cuando seamos mayores, de Lituania, en un plano más melódico. Y llegó Austria, expertos en esto de Eurovisión, con César Sampson, con el soul por bandera, una voz cargada de matices, potente, cautivadora pegada a una canción, Nobody but you, que no necesitó de grandes pirotecnias para destacar, con un intérprete que supo meterse al público en el bolsillo, con sus movimientos y su paseopor el escenario. Y estuvo a punto de lograrlo...

Estonia, con La forza, apostó por el canto lírico... y por un vestido espectacular, que ha costado la impúdica cifra de 65.000 euros y que iba cambiado su colorido lumínico y su diseño pegado al devenir de la canción. Noruega, ganadores en 2009, presentaron un tema sencillo, casi adolescente, en buena parte marcado por el baile y creado en respuesta a las miles de fans que le preguntaron a su intérprete, Alexander Rybak, por un consejo para escribir una buena canción.

Micro arrebatado Los anfitriones, Portugal, se destaparon con una balada previsible que dio paso a uno esos momentos a los que casi se podría decir que Eurovisión ya está acostumbrada: un espontáneo saltó al escenario durante la actuación de la británica SuRie, arrebatándole el micrófono, lo que provocó que la organización le brindara la oportunidad de repetir su canción, Storm, al final del concurso, algo a lo que se negó, valientemente, ya que, según apuntó la organización, estaba muy satisfecha con su interpretación.

Tras el susto, Serbia, marcada por el pop con Nova Deca, pasó sin pena ni gloria dejando el testigo a una lumínica Alemania, con Michael Schulte, muy al estilo de los vocalista pop comerciales de la última década. La gala corría rauda y veloz llevando a su escenario a Albania, el primero de los que curiosa, y lamentablemente, optó por subir instrumentos al escenario, marcándose un cutre play back, ya que el festival no utiliza música en vivo desde 1999. Y, siguiendo con el play back, Francia se atrevió con una guitarra de atrezzo para que Madame Monseiur interpretaran Mercy,sobriamente vestidos, eso sí, por Jean Paul Gaultier. La República Checa, con Nikolas Josef, acondicionó su tema Lie to me con pasos de break dance y una estética colegial que recordaba a la primera mochila de Angus Young metamorfoseado en Bruno Mars. El danés Rasmussen, con una canción antibelicista, defendió el tema Higher Groundtocado con un vestimenta de aire gótico, marcándose una interpretación original, muy vocal y pegada a la épica y estética vikinga. Australia le siguió con una copia barata de Beyoncé y Finlandia hizo suyo el espectáculo gracias a Saara Alto y su Monsters.Una actuación en la que comenzó a dar vueltas sobre una ruleta gigante para desempolvar un tema, con estribillo pegadizo, en el que parecía no darse cuenta de que Madonna hace años que ya trabajó esa estética entre gótico y militar.

Bulgaria estuvo representada por Equinox y el tema Bones...potencia vocal para un nuevo episodio de estética pseudogótica. Moldavia, entre el swing y el folk, hizo de la originalidad de su escenografía la mejor arma, abriendo y cerrando puertas y ventanas para ofrecer a seis intérpretes clonados por parejas. Original, sin duda, su Lucky day.

Suecia, siempre favorito, con una clara inspiración en Michael Jackson, jugó con las luces de forma magistral para otorgar el punto justo de originalidad y espectacularidad a unas estrofas y estribillos en falsete, con tintes electrónicos altamente adictivos. Un videoclip en tiempo real.

Hungría puso el toque de metal a esta edición con AWS. A pesar, de nuevo, de los inservibles instrumentos en escena, aquí sí que venían a cuento los fuegos artificiales. Su vocalista recorrió a todo trapo pasarelas y escenario, haciendo gala incluso de guturalidad, su actuación acabo de forma épica tras el paseo del guitarrista sobre las cabezas del público.

La gran favorita, Israel, presentó una canción con mensaje feminista y antibullying, Toy,interpretada por Netta.Estética oriental para una mezcla entre onomatopeyas gallináceas, gatos chinos, bases electrónicas y cierta potencia vocal.

PaÍses Bajos estuvieron representados por Waylon, que regresaba Eurovisión tras su paso en 2014, mezclando el country con el rock, mirándose al espejo de Bon Jovi o Aerosmith y utilizando pasos de Krumping como complemento para su puesta en escena (ya que, de nuevo, los instrumentos que mostraron al principio no les servían más que para figurar, como se demostró cuando los dejaron de lado...). Irlanda, el país con mejor palmarés, con 7 victorias y 3 segundos puestos, se presentó con Ryan O’Shaughnessy, voz al calor del las últimos songwriters que han conquistado el mercado. Dos bailarines pusieron el brillo el brillo gayfriendly del festival a relucir con una coreografía que, por momentos, superó a la canción. Otras de las favoritas, Eleni Fuoureira, propuso un Fuego también muy a lo Beyonce, con una coreografía más que inspirada en la diva estadounidense, sostenida en efectistas proyecciones y juegos de luces, en incluso bocanadas de auténtico fuego. Eso sí, se metió al público en el bolsillo. Italia hizo de Italia, con su pop edulcorado, para cerrar el certamen.

Una vez terminadas las actuaciones de los concursantes, y antes del recuento de los votos, el escenario del Altice se iluminó de verdad para acoger la actuación de Caetano Veloso y Salvador Sobral. Y luego ya... llegaron los votos, primero del jurado, y luego de público. Y el frikismo ganó, pero no sorprendió. Ni de lejos.

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