Vivir de frase en frase

POR JORGE NAGORE - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 10:31h

El ser humano es fascinante. Conozco a varios que llevan años sobreviviendo a base de frases célebres, profundas o ingeniosas. Cada mañana, puntualmente, ponen alguna en sus cuentas de Facebook o de Twitter o de Instagram: la vida es muy simple, pero insistimos en hacerla complicada;lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad;Tierra trágame, pero escúpeme en Las Bahamas. Internet les provee de un arsenal infinito, así que para cuando se les ha pasado el efecto de la última sentencia, ya tienen otra colgada, a la que poco más tarde igual sigue un paisaje bonito y luego un vídeo de un niño a carcajada limpia o de un truco de cocina y antes de cenar otra frase y para acostarse una canción u otro vídeo emotivo o con mensaje o, por qué no, la última frase del día, yo qué sé: recuerda dormirte con un sueño y levantarte con un propósito. Al cabo de 24 horas, habrán podido compartir con los demás 10 o 12 cosas así, algo que me parece francamente bien siempre y cuando yo no lo vea. Sé por experiencia propia que yo mismo también caigo de vez en cuando en la tentación de compartir con otros asuntos de esta clase, así que no tengo nada de lo que ir presumiendo, pero diré en mi descargo que hay auténticos profesionales que casi cada 2 horas se sacan del bolsillo algo así y lo dejan ahí colgando en el ciberespacio para la eternidad, como quien antes te paraba por la calle y te contaba 20 chistes de carrerilla y no había puta forma humana de que se callara. La gente ahora ya no cuenta chistes, cuelga cosas en Internet, hace pesas, sube escaleras sin tasa para que se le ponga el culo duro y así sacarle fotos en el baño con el toallero oxidao y poner en Instagram un texto que diga Just do it o cualquier pollez en inglés, porque es inverosímil la cantidad de gente que mete el inglés en sus cuentas cibernéticas públicas. Pandemias así aún no han sido analizadas, fuck.

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