Mesa de Redacción

La mentira política necesita mundos irreales y miedos falsos

Por Joseba Santamaria - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

l a acción política basada en la mentira y en los discursos tóxicos que azuzan la confrontación social necesita crear mundos paralelos a la realidad que la sustenten. Mundos oscuros y casposos en los que el miedo a todo tipo de acontecimientos apocalípticos es la base. Mundos donde suceden hechos gravísimos y antinaturales contra los que es necesario combatir en guerra santa. Esta semana UPN y PP han tratado de retroceder a Navarra una vez más a ese mundo de miedos acomplejados en el que el eterno que vienen los vascos es el único mantra. Da igual que sean las políticas de apoyo a la normalización del euskera que un festival de folklore cultural de danzas y coros. O nosotros o el caos, dicen y repiten Esparza y Beltrán en los descansos del tiempo que dedican a descalificarse mutuamente. En esos mundos irreales todos tienen miedo de todos y así todos son enemigos de todos. Otra vez el viejo Navarra está en riesgo de ventasi no gobiernan ellos. Ellos son los de siempre. Los otros navarros no son buenos navarros. Son gentes nacionalistas y de izquierdas. No son gente de ley y orden y de eso no se puede esperar nada bueno. En realidad, ese discurso del miedo descubre su miedo a no recuperar el poder perdido que ellos siempre han creído exclusivo suyo por algún tipo de fórmula religioso-alquímica en la que sólo ellos creen. Miedo a que su verdad absoluta se desvele como falsa e irreal. Su miedo a la voluntad libre y democrática de los navarros y navarras, a aquella consiga de que Navarra será lo que los navarros quieran... siempre que lo que los navarros y navarras quieran coincida con lo que UPN y PP quieren. Miedo a que los navarros y navarras se vuelvan locos. Es viejo también ese miedo. Periódicamente se agita ese miedo a que la sociedad navarra se vuelva loa como argumento de peso para la derogación de la Transitoria 4ª de la Constitución, que avala el derecho a decidir de los navarros y navarras sobre la posibilidad de una unión política y administrativa con el resto de los territorios vascos y mantiene todavía un resquicio de la histórica soberanía foral de Navarra. Muy pobre argumentario. Simplimismo político para ocultar un extremismo autoritario peligroso. La única Navarra es su Navarra, la voluntad de los navarros y navarras no es válida si no acepta sus órdenes y vuela libre a sus anchas por otros caminos. El miedo de un régimen anclado en una visión minorizada y reduccionista de Navarra a reconocer que ese tiempo viejo ya ha pasado. Representan una vuelta al pasado que dejó un lastre político, social, económico y financiero desastroso para Navarra. De hecho, el único riesgo real para la viabilidad de Navarra como comunidad foral ha sido la gestión de UPN, PSN y PP, que puso en cuestión su futuro financiero y presupuestario y su capacidad de impulsar medidas de desarrollo económico, empleo y cohesión social y territorial. Miedo por saber que la sociedad navarra es una sociedad democráticamente madura, que no necesita fantasmas agitados a la desesperada para posicionarse en las urnas. Las encuestas no aseguran nada, pero apuntan una consolidación de las propuestas del cambio político y social en Navarra antes que un retroceso al tiempo de un régimen político anquilosado en realidades ya viejas. Por eso el discurso del miedo trata de ocultar sus verdaderos miedos a un presente cada vez más alejado de sus nostálgicos anhelos de su pasado.