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David Rodríguez da vida a la ilusión

LA LUCHA POR EL ASCENSO | Osasuna remonta ante el Oviedo, gana en casa después de dos meses con un gol del delantero y alimenta las esperanzas de clasificarse para la disputa de la promoción

Javier Saldise - Javier Bergasa/Mikel Saiz - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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David Rodríguez señala al cielo tras marcar su gol, el del triunfo.

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David Rodríguez señala al cielo tras marcar su gol, el del triunfo.Reproducir

pamplona- Osasuna culminó una remontada impensable para el nivel de juego que había expuesto en una primera parte para olvidar y con una versión sólo ligeramente mejorada en la segunda mitad fue capaz de llevarse los tres puntos, el único premio interesante. Los rojillos, desacompasados un acto, reconstruidos en el siguiente, no hicieron un buen partido pero, a estas alturas del torneo, ahora en esta fase decisiva, ya ha quedado más que claro que no hay que andarse con remilgos y que el que sea más práctico va a tener mucho conquistado.

Con el manual bien claro para lo que queda -otra cosa es que se asuma la propuesta como dogma con semejante desembolso de plantilla-, Osasuna hizo ayer lo único que le vale de aquí hasta la conclusión del campeonato y firmó una victoria muy trabajada, con indudable sufrimiento, de gran valor. El Oviedo, uno de los candidatos a estar entre los que se repartan una de las plazas de la promoción de ascenso, hizo muy poco para ponerse por delante en el marcador pero luego, con el aumento de la presión con el paso de los minutos, se mostró como un equipo demasiado frágil, al que Osasuna creó innumerables problemas con su insistencia de juego por las bandas y que terminó por claudicar. Ganar a un rival directo tiene por añadidura más premio.

David Rodríguez, el delantero que hasta ayer ocupaba el último lugar en el escalafón de preferencias del entrenador, se convirtió en el último actor de la victoria ya que con su gol culminó una excelente actuación personal. El atacante rojillo avivó la ilusión de este Osasuna, ayer de nuevo gris y pesado en su condición de equipo local, y le coloca decididamente mirando a la zona noble, quizás comenzando a pensar en gestionar su futuro sin preocuparse de los demás. Esto es lo único que le queda a Osasuna, porque lo de menos del partido fue el juego -sí el desarrollo, porque hubo revolcón- y sólo cuenta el resultado. Los rojillos quebraron también ayer su mala racha en casa, ya que la última victoria que se había visto en El Sadar se remontaba a más de dos meses. Por ahora, se cabalga en una nueva serie satisfactoria, con dos victorias seguidas.

Llamados a darle duro desde el primer minuto, Osasuna volvió a tener una puesta en acción muy discreta, tan ramplona que el Oviedo, con orden e ideas algo más claras, hizo saltar por los aires la defensa a los quince minutos. Fue una jugada de fallos en cadena, en la que salió beneficiado Linares, ayer el azote de la zaga rojilla. El delantero se encontró solo en el área, con los centrales descolocados por el auxilio al flanco izquierdo de donde había surgido el error, y marcó de tiro raso.

A Osasuna le llegaron minutos de andar a la deriva, de mostrarse ni contundente ni explosivo, sino todo lo contrario. Cada propuesta de ataque resultaba pesada y previsible, y lo mismo terminaba la pelota en las manos de nuevo de Sergio Herrera, que caía por las inmediaciones del otro área sin peligro alguno. Los primeros cuarenta y cinco minutos se marcharon por el sumidero sin pena ni gloria para Osasuna, atascado de nuevo para gestionar el juego desde su condición de equipo local y, en teoría, obligado a exponer más mando.

Osasuna no necesitó en el segundo tiempo un cambio radical para meterse en faena y, finalmente, remontar. Entró en el partido mucho mejor que el Oviedo que, con un solo disparo entre los tres palos -esa estadística ya no iba a cambiar en los 90 minutos- se estaba llevando demasiado botín. El equipo de Diego Martínez insistió con más criterio en su juego por las dos bandas y, a partir de sus centros y su cercanía al área, comenzó a estar en posiciones de remate, a teñir por fin de peligro su juego.

Róber Ibáñez está dejando una imagen estupenda en este periodo de cesión. El extremo valenciano es un futbolista distinto, que se siente cómodo encarando a los defensas, metiendo en apuros a los que le retan por la banda. En el primer tiempo había sido el único argumento ofensivo de Osasuna y, en el segundo, fue el que prendió la mecha de la remontada. A Ibáñez se lo llevó por delante como un trailer el portero del Oviedo en su alocada salida y el penalti pitado se lo cobró Fran Mérida, relevo de Roberto Torres.

A Osasuna le sentó bien el gol del empate y hubo un empuje anímico inequívoco en los minutos de juego siguientes. Con más intensidad, con más interés por estar cerca de la portería rival, los rojillos continuaron destrozando los flancos de su rival y pisando área. El Oviedo se proyectó en ataque gracias al trabajo de su delantero, Linares, y a los titubeos de la defensa rojilla de los que se aprovechó.

A David Rodríguez le bastaron los veinte últimos minutos para protagonizar la explosión de la remontada. Casi marca nada más saltar al campo, le anularon un gol por un fuera de juego milimétrico y, en la recta final del partido, anotó el segundo gol de su equipo envenenando a gol un centro de Lillo. Aún estuvo a punto de apuntarse otro gol. La voltereta estaba hecha y la llama de la ilusión se ha avivado, y eso cuenta mucho.

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