La rendija

Trabajar en el Pirineo

Por Ana Ibarra Lazkoz - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

“Lo esencial es invisible a nuestros ojos, sólo puede verse con el corazón”, gran cita de Antoine de Saint-Exupéry que a mí me recuerda estos días de verde monte la belleza oculta de la naturaleza y esa inexplicable armonía que esconden los pequeños pueblos de la montaña. No es fácil vivir en el Pirineo y resulta casi imposible encontrar a gente joven que sobreviva únicamente de alguno de sus recursos: el medio rural o el turismo. Encontrarla es un orgullo indescriptible para quienes somos hij@s del Pirineo. Ander Mendive, de Biskarreta-Gerendiain, nos sorprendió este sábado en el Aterpe de Sorogáin entrando 17 cabezas del rebaño familiar al comunal del valle. Es hijo y nieto de ganaderos pero lo realmente importante es que él también es ahora pastor. Con 19 años ha dejado de estudiar para criar su primera docena de pirenaicas. “Sé que es duro pero me gusta, no me importa que mis amigos tengan más tiempo para salir de farra, yo también salgo pero madrugo...”. Es tan vocacional lo suyo que va a seguir a diario la marcha del ganado hasta que las vacas, en septiembre-octubre vayan a parir. A Roberto Huarte, con 27 años, también se le ve feliz con sus yeguas y disfrutando de la gente que conoce en la casa rural que ha montado en Zilbeti. El aezkoano Koldo Villalba, afincado en Mezkirtiz, vive desde hace años de su empresa Itarinatura en la que apuesta por un turismo sostenible con el que conocer no sólo senderos, bosques y valles, la cultura y las formas de vida de estos pueblos. Para él es fácil mostrar la cicatriz que dejó un rayo en un hayedo o las huellas de un animal que pasó hace apenas unas horas de su última salida, los secretos de la ruta de los contrabandistas... Se dirige en inglés, francés, castellano y euskera, y no hay rincón de la selva de Irati que le sea ajeno. Y lo da todo para que la temporada de primavera a otoño se estire. Beñat Barberena, en Garralda, habla de inversiones por encima de los 400.000 euros para la compra de ganado, naves y maquinaria para poder empezar de cero. Sin carreteras de cemento ni banda ancha para conectarse, sin recursos educativos, con casonas que resulta difícil comprar o rehabilitar, duplicando empleos, o apostando duro por uno de ellos... y pese a todo tiene muchísimo mérito la gente que decide vivir de otra manera. Buscando lo esencial para vivir.