El afán de mandar

Por Susana Aragón Fernández - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Por decirlo sencillo: el poder legislativo hace las leyes, el poder ejecutivo se encarga de que éstas se cumplan y el poder judicial interviene en los casos en que no se cumplen las leyes. Poder legislativo, ejecutivo y judicial son los tres poderes característicos de una democracia. Tres poderes. Tres poderes diferentes, autónomos e independientes entre sí. La separación de poderes la estudiamos en Historia como el gran avance en contraposición a regímenes absolutistas y totalitarios.

Un gran avance social: la separación de poderes. Pienso estos días sobre ello. Sobre el Código Penal. Sobre quién ha creado el Código Penal que tipifica las conductas que son consideradas delito en nuestra sociedad. Quién o quiénes han decidido qué penas corresponden a cada delito. El Código Penal es un acuerdo de funcionamiento en nuestra sociedad. Es una ley orgánica y, como ley que es, ha brotado del poder legislativo. Los jueces son los que han de trabajar con este código para hacerlo cumplir. No se lo han inventado los jueces ni los fiscales, pero tienen la responsabilidad ante toda la sociedad de hacerlo valer.

La tentación de mandar más allá de lo que nos compete la podemos encontrar en todos los ámbitos en que nos movemos. La atracción del poder. El salirse con la suya. El llevar la voz cantante y el tomar decisiones que afectan a todos. La gran tentación: querer mandar.

De todo lo que estoy viendo estos días, lo que me está disgustando cada vez más es el afán del poder ejecutivo (algunos de nuestros políticos) de mandar más allá de lo que les incumbe: ese querer mandar en el ámbito judicial. Y me pregunto cómo han accedido los políticos al cargo que ocupan y cómo lo han hecho los jueces. La larga trayectoria de estudio para acceder a la carrera judicial me merece un total respeto.

Con todo el revuelo que está habiendo con la sentencia del caso de La Manada, este lamentable caso, todos nos hemos vuelto jueces. Todos decimos lo que es, lo que no es, sin tener en cuenta que lo que coloquialmente vale, no vale en el campo judicial. Si han matado a un familiar mío no podré decir yo si quien lo ha hecho es un asesino o un homicida. Eso lo deciden los jueces. Sí que podré salir a la calle a protestar si me parece que la gravedad del hecho no se corresponde con la pena que le han puesto. Y todos, llevados por la indignación y el dolor, podremos salir a la calle a pedir cambios. Pero focalizando bien y respetando las decisiones de los jueces, recurriéndolas, lo que haga falta. No me encaja en todo esto el afán del poder ejecutivo (políticos) de querer mandar en el judicial. Esto es un mal ejemplo y un mal camino.

Otra cosa que me está alarmando es el afán de linchamiento hacia unos delincuentes (afán que si yo fuera la madre de la chica compartiría, no lo niego) para los que todo lo que se pida parece poco. He preguntado en los distintos grupos de WhatsApp: “¿Con qué sentencia te quedarías conforme en el juicio de La Manada?” y las respuestas van desde “la castración”, “el que la hace la paga”, “recluidos pero sin tanta comodidad, estudios, piscinas, internet, comidas…”, “cadena perpetua y trabajos forzados”, “los 22 años que pedía la fiscalía”, “el reconocimiento de todo el daño causado y los años de cárcel que correspondan a una violación”… en algunos grupos reina el silencio. Y Elsa responde que no sabe qué contestar, que “hay que reflexionar… estamos en un momento social donde se pueden hacer grandes cambios. Trabajar desde la justicia y no desde el odio… la respuesta a la violencia no es más violencia. Es la cultura, educación, valores…”.

¿Tú, si cometes un delito, quién quieres que te juzgue, un político, el pueblo por votación popular o un juez? Yo prefiero que sea un juez, y si son tres mejor que uno, y si entre ellos hay mezcla de hombres y mujeres, mejor.

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