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Cuando el juez González hahla en las condenas

Un recopilatorio de las últimas cinco condenas del juez discrepante de ‘La Manada’ en delitos sexuales
La mayoría hacen referencia a situaciones de violencia e intimidación explícitas
El tribunal también fue unánime al condenar, salvo en un caso en el que otro juez se inclinó por la absolución y González y Goyena condenaron

Enrique Conde - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Un cartel pidiendo Justicia.

Un cartel pidiendo Justicia.

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Un cartel pidiendo Justicia.

pamplona- En la disección pública que se está realizando de la tinta desprendida en aquellas sentencias por delitos sexuales que el magistrado Ricardo González González ha redactado como ponente a lo largo de sus 15 años en la Audiencia Provincial se advierte un especial celo por las garantías que velan por un proceso penal justo, por la minuciosidad y el detalle en los hechos probados, en una fundamentación jurídica honda y una querencia por apoyar dichos argumentos en jurisprudencia que hacen que sus resoluciones no sean precisamente de lectura rápida. No se aprecia, y este de ayer y de hoy busca ser un resumen apropiado, en las sentencias de delitos sexuales que le ha tocado juzgar a González por ahora una problemática singular por resoluciones especialmente anómalas en casos así, todos narrados con verbo fluido e interpretaciones en ocasiones poco sobrias. Hoy, en esta compilación de condenas por abusos y agresiones sexuales, González tampoco se inclinó al margen de la opinión de sus compañeros de Sala. Tampoco lo hizo en las absoluciones, como se decía ayer por aquí. Lo que sí resulta un esfuerzo baladí y no ajustado a la verdad sería realizar un recopilatorio estadístico de las condenas y absoluciones que ha dictado González en delitos sexuales. La balanza siempre se bajaría al lado condenatorio puesto que muchas de esas resoluciones proceden de conformidades previas entre las partes y otras harían referencia a la estimación o desestimación de recursos formulados a raíz de condenas en los juzgados penales. Conviene tenerse en cuenta, por tanto, que ahí ya se parte de una práctica de la prueba por otro juzgador y de la resolución que este ya ha dictado.


29 de marzo de 2016

14 años por agresión y secuestro a su ex

González, junto a Francisco Goyena y José Francisco Cobo, condenó a diez años por violación a un rumano de 30 años, que encerró a su expareja, de la que tenía una orden de alejamiento, en la vivienda de su familia en Pamplona, la amenazó para que volviera con él y la agredió sexualmente. El Supremo confirmó el pasado año esta sentencia, que alcanza los 14,5 años de cárcel (detención ilegal y amenazas). González apreció la agresión. Existía violencia explícita (dos puñetazos, la mujer estaba rodeada de familiares del acusado, forcejeo en el dormitorio y agarrón del cuello a la víctima) e intimidación (amenazas de que la iba a desnudar y que prefería verla muerta que con otro, lo que hizo sentir un gran temor a la mujer). González redactó que en este caso concurrían todos los elementos que indican el expresado delito de violación: “un acto de acceso carnal, en dos ocasiones sucesivas, llevado a cabo contra la voluntad de la víctima mediante el empleo de la intimidación (fuerza psíquica) para vencer su oposición y resistencia, intimidación consistente en reiteradas amenazas que el acusado dirigió a la mujer y, en menor medida, pero también de forma relevante y suficiente por sí misma para conseguir su propósito, mediante la fuerza física empleada contra la víctima;fuerza desplegada inmediatamente antes de las penetraciones y durante la propia agresión agarrando del cuello a la mujer;todo lo cual contribuyó a evitar cualquier resistencia mayor en ello ante el temor cierto que le infundió el acusado de sufrir unos daños mayores”.

21 de julio de 2014

9 años por violación y otro juez quería absolver

Un ecuatoriano de 36 años y vecino de Pamplona fue condenado a nueve años por violación y a nueve meses por coacciones leves, delitos cometidos contra su exmujer. González y el magistrado Francisco Goyena (presidente del tribunal del caso Nagore y ahora en la Audiencia de Madrid) votaron a favor de la condena. El juez Ernesto Vitallé, ahora en Primera Instancia 5 de Pamplona después de haber sido sancionado por la tardanza de sus resoluciones en la Audiencia, se posicionó por absolverle. Los hechos ocurrieron en 2011 cuando el acusado y la víctima estaban separados desde hacía cuatro años. A partir de febrero de 2011 la mujer prohibió al acusado ir a su domicilio por las discusiones que “provocaba a horas intempestivas y en presencia de sus hijos menores”. Pero el procesado incumplía dichos deseos. Así, en una ocasión, el 10 de junio de 2011 el acusado se presentó en el piso para recoger un encargo. El acusado recriminó varias cuestiones a la mujer e irrumpió en el dormitorio. La forzó sexualmente tras agarrarla por las muñecas y de que ella le dijera que no iban a volver a estar juntos. “El acusado la tumbó y la penetró fuertemente, como con rabia, quitándose de encima al ver que ella se puso a llorar en posición fetal, preguntándole que por qué lloraba, a lo que ella respondió porque me has violado. Y él le dijo;‘no, no te he violado, te lo he hecho a las descuidas’. Mientras ella seguía llorando le preguntó si su novio nunca le había hecho algo así y ella le dijo que no”, dice la sentencia. La víctima tuvo a raíz de estos hechos una infección vaginal y un trastorno por estrés agudo que requirió tratamiento hasta varios años después. La víctima acudió a 50 sesiones psicológicas. La defensa trató de cuestionar la denuncia de la víctima y restarle credibilidad porque la presentó 11 días después de la agresión. El juez González explica que “en cuanto al retraso en interponer la denuncia, la psicóloga explicó que es muy habitual y mucho tiene que ver con la sintomatología ansiosa y de shock inicial que presenta la paciente y luego la que está asociada a los sentimientos de culpa, humillación y vergüenza, que es propia de la agresión sexual. Las personas que han sufrido una agresión de este tipo es normal que tengan miedo a no ser creídas y a que otras personas las rechacen. En este caso la víctima tenía miedo a que su pareja (su novio actual, no el acusado) fuera a rechazarla”. El magistrado firmó que el delito de agresión sexual en este caso queda justificado por el “empleo de la fuerza física suficiente para vencer la oposición mostrada por la víctima, siendo evidente, a este respecto, la superioridad física del acusado, persona fornida, sobre aquella, mujer menuda;así como el acoso a que la sometió mediante sus frecuentes e intempestivas llamadas”.

14 de marzo de 2012

9 años por agresión

González, junto a Cobo y Vitallé, condenó a nueve años por agresión sexual a su esposa y a otros nueve meses por maltrato a un portugués de 44 años y vecino de la Comarca de Pamplona. Los hechos probados ocurrieron en junio de 2010 en el piso familiar. Eran fiestas en el pueblo en el que vivían. El acusado se molestó porque su mujer hablaba con una amiga en la calle y, pese a no tener llaves de casa, arrastró a su mujer de los pelos hasta el portal. La condujo a la fuerza hasta el dormitorio, le arrancó la ropa y la agredió sexualmente, tras negarse ella a gritos y decirle déjame, déjame. El acusado le propinó golpes en la cara y la sujetó de las muñecas. Al valorar las pruebas practicadas, el juez entendió que la declaración de la víctima había resultado “plenamente creíble, verosímil y persistente, con la particularidad añadida, en este caso, de que existe un testigo directo de los hechos (una vecina que había oído los gritos de la víctima) que, obviamente no los vio, pero sí los escuchó, reforzando lo declarado por la víctima”. El juez descartó de dicho testimonio cualquier fabulación y móvil espurio que enturbiara su credibilidad. Y añade un dato relevante. La víctima no dijo en este caso a los agentes de la Policía Foral que, además de pegarla, había sido víctima de una agresión sexual. Y el juez reflexiona: “En contra de lo que en un principio pudiera parecer, en lo que concierne a la persistencia en la incriminación, el hecho de que no hubiera relatado a los policías dicha agresión sexual, encuentra fácil explicación en el temor que les expresó”. Uno de los agentes declaró que la víctima “estaba atemorizada y no quería que fuéramos a hablar con su marido” y otro policía municipal detalló que “tenía muchísimo miedo, hasta el punto de que la alejamos del portal cuando se lo llevaban detenido”. El magistrado González sentencia que “se trata de una situación que, con frecuencia, se ve en los casos que una mujer ha sido víctima de algún tipo de agresión sexual por parte de su pareja;y en la que, al temor por las consecuencias de una denuncia, se añade la vergüenza que siente la víctima al tener que contar los pormenores de un ataque sexual”.

30 de enero de 2012

Una doble agresión sexual en Sanfermines

El 30 de enero de 2012 el magistrado González fue ponente de un caso terrible de una doble agresión sexual también ocurrido en Sanfermines. El acusado, natural de Badajoz y vecino de Vitoria de 52 años, era reincidente ya que había sido condenado por violación en 2002 a 15 años de cárcel. En esta ocasión la Sección Segunda le condenó a 14 años prisión por violación a una pareja de 20 años de edad y a otros cinco años de cárcel por robo. Actuó contra una pareja que estaba en la hierba de los fosos de la Vuelta del Castillo. Se acercó a ellos para pedirles fuego y les sacó un cuchillo de 20 centímetros. Les exigió el dinero. Les obligó a desnudarse. Les ató con los cinturones de manos y piernas. A ella le obligó a hacer una felación al chico mientras éste le decía al acusado que los dejara en paz. También obligó a la chica a masturbarle al propio procesado y a hacerle una felación. Toda la agresión la cometió con un cuchillo sobre el pecho. Esta pesadilla, para la que la Fiscalía pedía 24 años de cárcel al considerar que se trataban de dos violaciones, terminó por el juez González sus compañeros de Sala como un delito de violación (por lo que hizo contra ella) y un delito de agresión sexual sin acceso carnal (por lo que hizo contra él). “Se trata de un delito único con pluralidad de actos: una acción de acceso carnal llevadas a cabo contra su voluntad, habiendo empleado el procesado, para vender su oposición y resistencia, la intimidación mediante el uso de un cuchillo para doblegar la voluntad de ambos”. González aludía aquí a la jurisprudencia del Supremo a este respecto para añadir que “basta que la intimidación, el temor creado en la víctima haya sido eficaz y la haya llevado a no oponerse, a adoptar una actitud pasiva y con base en el convencimiento de que otro caso se le inferiría el mal anunciado”.

31 de marzo de 2010

7,5 años por violar

En la última sentencia condenatoria aquí referida y de la que fue ponente González se condenó a un ciudadano marroquí de 42 años y vecino de Tudela a siete años y medio de cárcel por haber violado a su exmujer. La víctima estaba acostada en la cama con su hijo menor de edad por el temor que le infundía el acusado cuando bebía y tomaba sustancias. Él empezó a tocarla y ella le dijo que estaba muy cansada y que la dejara en paz. Entonces, él la escupió e insultó. Acto seguido la agarró y le introdujo por la fuerza el pene en la boca “pese a la oposición mostrada por ella, quien no opuso una mayor resistencia física por el temor de que el procesado, ante el estado de nerviosismo que comenzaba a tener, pudiera reaccionar de forma más violenta”. Luego la volvió a agredir en el baño, mientras ella lloraba y temblaba de miedo, sin llegar a gritar para que sus hijos no se enterasen de lo que estaba sucediendo y evitar que su hijo menor se despertara. En este caso, “no ofrece duda alguna la concurrencia de todos los elementos precisos para calificar los hechos probados como constitutivos del delito de violación pues el acusado, valiéndose de su superioridad física (notoriamente visible para este tribunal pues la víctima presenta una más que perceptible lesión en una pierna) y del temor que su comportamiento agresivo, de lo que era plenamente consciente, inspiraba a la víctima, doblegó su voluntad, contraria a mantener relaciones y reiteradamente expresada, tanto por el empleo de la fuerza física, de lo que son buenas muestras las lesiones que le ocasionó como la intimidación que ejercía sobre ella. Aquí, el juez González recuerda que no hay nada que indique que la víctima pueda actuar en base al resentimiento y para reforzar dicho argumento “resulta relevante que la denuncia ni siquiera responde a su propia iniciativa, sino a la psicóloga de Cáritas, quien manifestó que la acompañó hasta la Policía Foral diciéndole que eso no podía ser. Estuvo presente en su declaración porque ella estaba muy nerviosa y le daba vergüenza contar lo que había pasado. Ha sido por tanto la actuación encomiable de esta testigo el motivo que movió a la víctima a denunciar, siendo destacable asimismo la opinión del forense cuando explicó que “posiblemente denunció más porque ya no podía más con esa situación que por pensar que había sido víctima de violación, lo que resulta indicativo del trato degradante a que se ha visto sometida”.

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