la carta del día

Homenaje de las ikastolas navarras a la artista Dora Salazar

Por Josu Reparaz Leiza - Miércoles, 16 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

altsasu es un cruce de caminos, de grandes vías de comunicación. Un lugar navarro situado entre los ríos Altzania y Burunda, que riegan sus tierras. En este territorio fronterizo, escenario de incendios, carnavales... transcurren las primeras vivencias de Dora Salazar.

El núcleo de Altsasu se ensanchó durante el siglo XX brutalmente. Pese a ello, sus trazas primordiales siguen siendo muy reconocibles. La potente arquitectura tradicional con sus hitos fundamentales: templo, ermitas, plazas, viviendas solariegas. Los amplios espacios libres y los ejes lineales: el ferrocarril y las vías de comunicación, le confieren un extraño aspecto urbano con matices rurales.

Nacida el 25 de febrero de 1963, coincidiendo con un momento de fuerte crecimiento demográfico de la villa, Dora Salazar es sensible a todo lo que la rodea. Se vive el desarrollismo, el acogimiento y la integración, pero también el desarraigo y una cierta discriminación que va desembocando en un febril desarrollo de su fuerza expresiva, que la encamina a la formación artística. El torbellino industrial cambia radicalmente la fisonomía del lugar, también a sus vecinos. Dora no es ajena a esa transformación, al contrario, su obra dirá hasta qué punto le impresiona aquella forma de vida: el trabajo industrial, lo fabril, la ingeniería, los talleres, sus estructuras… Levedad y materia serán constantes en su trabajo. Se tensiona el ambiente en los últimos suspiros de la dictadura y surgen movimientos de lucha y reivindicación durante la transición. En esos años tienen lugar sus estudios de Bellas Artes en la Facultad de Bilbao. Poco a poco, su incansable trabajo se convierte en una búsqueda individual, alejada de grupos o corrientes, explorando su propia poética que ha marcado su impronta, su estilo y su actitud, siempre identificables, aunque las formas para conseguirlo hayan evolucionado.

Desde aquel inicio, anticipando la liberación de tantos corsés al arte, a la mujer y a la sociedad, se encamina hacia su tarea como Leonardo o Le Corbusier: el cuerpo humano es la medida de todo. Su lenguaje persigue tanto la forma, como la estructura que la sustenta, con mensajes ácidos, irónicos, incluso humorísticos, en una búsqueda de formas expresivas capaces de mostrar la naturaleza del ser humano, su cuerpo físico, sus emociones y un claro compromiso contra el machismo, la injusticia, la brutalidad y lo intrascendente.

Dora comienza su labor creativa en la década de los 80, siendo inmediatamente reconocida, con gran aceptación, en la década siguiente. Su obra escultórica prefiere los espacios públicos, si bien, una buena parte de su producción resulta más delicada e intimista, realizada con materiales que piden el cobijo de un espacio interior. En la trayectoria de esta artista se evidencian varias etapas en progresión, unidas por una misma búsqueda de las diferentes pieles que adopta el ser humano y que bastan para cubrir roles y actitudes, reivindicando cuestiones de género y de justicia social. Luego vendrán sus incursiones en otro tipo de seres etéreos, terrestres, aéreos y marinos, volviendo finalmente a una interpretación más clásica del cuerpo humano, en relación con el movimiento, la danza, las ciudades y lo urbano.

Si las tres dimensiones explican absolutamente su quehacer, su obra gráfica, nos ofrece una nueva visión del espacio, sus perspectivas liberadoras, las interpretaciones que parten de la fotografía, el collage y las técnicas más variadas en dos dimensiones.

La escultura es el arte más completo, que precisa de múltiples vistas, bocetos y pruebas preparatorias. Ella recoge multitud de apuntes y dibujos. Así surgen sus obras, que enfatizan trazados y remarcan poéticamente retículas protectoras y envolventes o sus esculturas vistas desde ángulos diversos, cargadas de referencias, textos y pistas para el espectador.

Sus cuadros resumen y aclaran trazas maestras y ejes compositivos. Convierten en formas livianas los contornos sugeridos, mediante técnicas variadas: al óleo, acuarela, collage, tinta, grabado, etcétera. Es la visión de una escultora que vela por su paisaje interior, que lo asume y lo ama. La categoría de su trabajo artístico y la generosidad sin límites que siempre ha prodigado a las ikastolas motiva el cariñoso homenaje que le rinde, dentro de Artea Oinez y de los actos programados del Nafarroa Oinez 2018, Iñigo Aritza Ikastola de Altsasu, su localidad natal.

Mila esker, Dora laguna!

El autor es director de la Federación Navarra de Ikastolas

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