Tricentenario del Gaetana Agnesi

Por Ignacio del Villar - Miércoles, 16 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Maria Gaetana, nacida el 16 de mayo de 1718 en Milán, demostró desde su niñez unas dotes intelectuales excepcionales. Por eso, su padre, que pertenecía a una pudiente saga de comerciantes de seda, contrató a los mejores profesores para formar a su hija. Gaetana era capaz, con menos de cinco años, de dialogar en francés fluido con los invitados que acudían al palacio de los Agnesi, a la vez que los entretenía con sus ingeniosas respuestas. Poco tiempo después llegaría a dominar hasta siete idiomas. Al francés y al italiano, esta última era su lengua materna, había añadido, latín, griego, alemán, hebreo y español.

Con once años Maria Gaetana aprendió un texto en latín que recitó en el jardín del palacio de los Agnesi ante una asamblea invitada a tal efecto. Los espectadores prorrumpieron en aplausos. El contenido del discurso no estaba seleccionado al azar. Trataba sobre el derecho de la mujer a estudiar finas artes y ciencias sublimes, lo que se alineaba con el movimiento de la Ilustración católica, en el que se abogaba por que las mujeres accedieran a la cultura. Italia cuenta en el siglo XVIII, fruto de este sentir, con otras ilustres personalidades femeninas como Laura Bassi, que alcanzó la cátedra de Física Experimental en la Universidad de Bolonia, la escritora Francesca Manzoni, la pintora Rosalba Carriera, la anatomista y escultora Anna Manzolini y la propia hermana de Maria Gaetana, Teresa Agnesi, que destacó en el campo de la música. Hasta en los cuadros de la Virgen de aquella época se representa a la madre de Jesús leyendo la Biblia, como signo de que las mujeres deben instruirse.

Dentro del ámbito académico lo que más le apasionó a Gaetana son las matemáticas. En este campo cabe destacar su obra maestra, el libro Instituzioni analitiche ad uso della gioventù italiana (Instituciones analíticas para el uso de la juventud italiana), acogido en toda Italia y el extranjero como una maravilla del género del Cálculo. Gaetana eliminó lo superfluo del ámbito de las Matemáticas, mientras que lo que estaba disperso lo reunió con la siguiente estructura: un primer volumen sobre el análisis de cantidades finitas, que recoge los principales métodos de la teoría de ecuaciones algebraicas y de la geometría cartesiana;y un segundo que se centra en el análisis de infinitesimales (cálculo diferencial, integral e integración de ecuaciones diferenciales), una continuación natural de los métodos geométricos del primer volumen.

Las mujeres de su tiempo se felicitaron por el éxito cosechado por María Gaetana. En concreto la emperatriz María Teresa de Austria, que recibió un ejemplar del libro dedicado a ella, le agradeció por correo y le envió una caja incrustada de diamantes.

Gaetana también remitió su trabajo a la máxima autoridad religiosa, el Papa Benedicto XIV. El Santo Padre le correspondió con una corona de piedras preciosas atada con oro y una carta escrita por el cardenal Antonio Ruffo, en la que reconocía: “El libro contribuirá a la reputación literaria de Italia y a la Academia de Ciencias de Bolonia, a la que Agnesi pertenece con gran alegría por nuestra parte”.

El Papa le otorgó el título de profesora honoraria de Matemáticas de la célebre Universidad de Bolonia. Agnesi redactó una carta de agradecimiento a la que de nuevo replicó el Sumo Pontífice, esta vez asegurando que eran ellos los que se sentían premiados por que Agnesi perteneciera a la Universidad de Bolonia. Asimismo, le asignaban la cátedra de Matemáticas y le animaban a tomar posesión de su merecida plaza.

Pero sorprendentemente Maria Gaetana no ocupó nunca su merecido puesto. Su padre murió víctima de un infarto y ella aprovechó esta circunstancia para dedicarse a lo que verdaderamente le apasionaba: la oración, enseñar el catecismo y atender a los enfermos y necesitados. Convirtió su vivienda en un hospital y su cuarto de dormir en una cocina, donde descansaba escasamente. Allí hacía de amiga, hospitalera, criada y maestra de espíritu, noche y día, atendiendo a los necesitados con sus propias manos, sin ayuda alguna de sus criados, a los que resguardaba de estos menesteres. Acogía los ulcerosos y atendía sus llagas sin que la repugnancia la desanimara de ejercer esa tarea, como sí fue el caso de hermana Paola, joven piadosa y de probado talento, que se quedó afectada varios días debido a la dureza del oficio.

A finales del siglo XX un movimiento en Milán promocionó su proceso de canonización sin que este llegara a término. Y es que incluso en el campo de las matemáticas Gaetana unía esta ciencia a su profunda espiritualidad. Indicaba que las ciencias exactas potencian determinadas aptitudes como la capacidad de concentración, cualidad esencial para poder contemplar a Dios y dialogar con Él de una manera más sencilla. Por este motivo, uno de sus biógrafos, el profesor de Historia en la Universidad de Berkeley, Massimo Mazzotti, la ha apodado como la matemática de Dios, un hermoso apelativo que nos recuerda que ciencia y fe pueden ser compatibles.

El autor es profesor de la UPNA