Ana Torrent Actriz

“En esta obra estoy disfrutando como nunca lo había hecho en el teatro”

El Teatro Gayarre acoge hoy la puesta en escena de ‘Todas las noches de un día’ a partir de las 19.00 horas. Las entradas cuestan 22, 18 y 8 euros, según la zona elegida

Ana Oliveira Lizarribar - Domingo, 20 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ana Torrent, con Carmelo Gómez, en ‘Todas las noches de un día’.

Ana Torrent, con Carmelo Gómez, en ‘Todas las noches de un día’. (Cedida)

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Ana Torrent, con Carmelo Gómez, en ‘Todas las noches de un día’.

Pamplona- La actriz Ana Torrent buscó un hueco en su agenda para atender a DIARIO DE NOTICIAS unos días antes su actuación hoy en Pamplona junto Carmelo Gómez.

Todas las noches de un día, una obra de título sugerente, que, cuando menos, da que pensar...

-Sí, pero déjame pensar cuánto te puedo yo contar. Todas las noches de un díatiene varias lecturas. Desde el punto de vista de Silvia (su personaje) es una oscuridad en su vida que no consigue superar, un dolor, una herida muy grande. Es una mujer que ha tenido un trauma que arrastra, algo que es imposible de olvidar. Son abusos o dolores familiares que sufrimos de jóvenes y te dañan para siempre. Silvia habla mucho de la oscuridad;de hecho empieza hablando de ella y casi la termina de la misma forma.

He leído que el personaje de Silvia es para usted un regalo, ¿cómo llega hasta él y qué lo hace tan especial?

-Me llamó Jesús, el productor, en octubre, y me dijo que tenía un texto que quería que hiciera yo y que me lo enviaba. Fue leerlo y ¡ya! No tuve ninguna duda. Además, también sabía que lo iba a hacer Carmelo. Pero no fue solo por el personaje sino por la historia maravillosa de amor o no amor;es una función de un nivel poético impresionante. También me ocurre a mí que me gustan este tipo de proyectos que plantean preguntas y te dejan posibilidades abiertas sobre qué ha pasado. El personaje es maravilloso porque es una mujer que va contando diferentes momentos de su vida, es una mujer imprevisible, con fuerza y seducción, pero a la vez es incapaz de amar, de entregarse... Es una mujer que esconde un pasado, una herida, le cuesta relacionarse con los hombres pero, a la vez, tiene seducción. Siendo un personaje y una obra muy poética, podríamos quedarnos como encantados con esa melodía, pero eso lo ha roto Luis (Luque, el director) completamente, con la forma de hablar y con la fuerza que le ha otorgado. Así, hay momentos poéticos, con mucha fuerza, pero en otros da zarpazos, y eso que usa un lenguaje sofisticado. Estoy enamorada de la función porque es difícil encontrar amores así, hasta el final, con esa fidelidad y esa entrega. Lo que pasa es que son dos personas heridas, lo que hace que sea un historia de amor pero con sus cosas, con su dolor, con su posibilidad y su no posibilidad;lo que permite al público dejarse llevar, haciendo a su vez el viaje de Samuel (Carmelo Gómez), al que los hechos le preguntan dónde está esa mujer, que ha pasado con ella... Pero con todo lo que va sucediendo, él intenta comprender ese viaje que, realmente, hacen los dos juntos, hablando... Ahí está todo el encanto de poder dedicarse a pensar y, como digo, dejarse llevar por silencios, miradas...

Por lo que me está diciendo, esta es una obra que se sustenta mucho entre los dos intérpretes, sujetándoos entre ambos...

-Completamente. Además, creo que, a medida que vayamos ganando en esa complicidad, será más rico, porque estamos pendientes el uno del otro todo el tiempo en el escenario. Es curioso, porque hay una conexión inmensa pero a la vez están aislados en ciertos momentos, son dos mundos que a veces no se encuentran;pero, como actores, estamos pendientes el uno del otro al 100%.

Carmelo decía que, aunque coincidieron en Vacas, realmente no habían trabajado mucho juntos y que la experiencia está siendo muy bonita. De hecho, apunta sobre Ana Torrent que es un ser “enigmático y especial”...

-¡Enigmático! (risas). Sí, me lo ha dicho. Es verdad que tengo esa parte, aunque no la potencio y no sé dónde está o cómo se hace eso. Es algo que se tiene o no se tiene y que, a lo mejor, solo es una distancia, a veces, o un observar, porque yo no me hago la enigmática, ¿cómo se hace eso? (risas). Pero sí es verdad que me han dicho que transmito algo así, aunque no sé qué es. Y este personaje, en ese sentido, tiene un pasado que no es muy claro, ya que Alberto Conejero (el autor) solo deja entrever ese dolor, esa herida que tiene Silvia. Y en cuanto a lo de especial, no sé a qué se refiere Carmelo, porque todos somos especiales. Él es un gran actor y la verdad es que en Vacascoincidimos pero no tanto como en este viaje, que es todo el tiempo mano a mano. Y es un placer trabajar con él, me encanta verle, es una maravilla lo que hace, su entrega, su generosidad, su búsqueda... Y yo me identifico con todo eso, y creo que a él le gusta mi forma de trabajar, que también incide en el buscar y buscar. La verdad es que estamos disfrutando mucho.

Además, en cada función se van descubriendo cosas del personaje. De la primera lectura al momento actual imagino que Silvia habrá cambiado mucho.

-Ha cambiado un montón. De hecho, en aquella primera lectura, en mi casa, a Silvia la imaginé de otra forma, pero luego, las cosas se van haciendo día a día, con el director, según cómo lo quiere contar... Esa es la parte más apasionante, a veces, del trabajo: descubrir. Por eso me gusta seguir descubriendo siempre, así, en cuanto esto se acaba, entras en otra parte del trabajo. Ahora estamos en ese descubrir, y que dure, porque lo bonito es ir encontrando esos momentos, esos silencios o esas miradas. Es lo bonito del teatro.

A priori parece una historia policial, un misterio, pero no lo es, es una obra mas bien intimista. Pero, al final, las relaciones humanas son un misterio que no sé si llegamos a desentrañar.

-Eso es exactamente lo que ocurre aquí. Se da un interrogatorio en el que a Samuel se le está preguntando por unos hechos concretos que quiere saber la Policía para armar el puzzle y saber qué ha pasado, dónde está esta mujer... Pero, creo que él, poco a poco, al hablar de eso, va sintiendo la necesidad de entender qué ha pasado entre los dos. Y, al final, es más la historia de qué pasó entre ambos: al policía le va contestando pero, a la vez, va descubriendo lo otro, ese viaje que estamos haciendo... Y eso nos pasa todo el tiempo en relaciones de amor o de amistad;a veces intentas recordar momentos, miradas, gestos... para saber qué pasaba y cómo uno puede haber leído una cosa y pensado otra... Cómo se ha ido haciendo la historia entre lo dos.

Luis Luque apunta que quiere hacer vivir al espectador un instante de belleza emocional, que puede ser difícil de traducir en la práctica, pero también es necesario tomarnos tiempo para vivir esos momentos y esas emociones.

-Claro, porque el ritmo de hoy en día es otro, todo es muy rápido. Y, precisamente, Samuel, el hombre que cuenta la historia, es un jardinero que ama profundamente el silencio, le hace esperar, como las plantas... Y a Silvia la ha tratado como una planta más del invernadero, con paciencia, sin resignarse, esperando, respirando a su lado con el silencio... y en todos esos momentos que han vivido ellos en el invernadero, ¡claro que hay una gran belleza y amor! Pero, a veces, tienes que parar, observar, dejarte llevar por ese silencio y esas sensaciones para entenderlo y ver que estaba ahí. Es muy sutil todo, muy delicado.

¿Cómo afrontan el reto de meter al público en esa atmósfera casi aislada en la que están los dos solos en su universo?

-Es un reto, sí. Porque no es una función al uso, se está jugando muchas veces con tiempos que se mezclan en una misma escena: una frase es de una época y la siguiente corresponde a otra. Es un juego. Pero yo creo que el espectador claro que se mete, tampoco hay que explicárselo todo como si fuera un niño. Simplemente tienes que estar un poco abierto a dejarte llevar, pero no es tan difícil, y yo no lo siento así;de hecho, la respuesta que estamos teniendo es maravillosa porque los espectadores enseguida entienden que hay varios tiempos que se están mezclando, que hay un policía que está pero al que no se le ve... Son códigos en los que el espectador entra, porque también hay un poco de thriller,ya que durante buena parte de la función no se sabe qué ha pasado con Silvia o qué ha hecho este hombre con ella. Poco a poco se va desvelando todo eso a la vez que te vas dejando llevar por todo lo que él va narrando de la vida de ellos. Creo que ya estamos muy acostumbrados a pasar de una cosa a otra, a que puede haber diferentes realidades juntas;no creo que sea problema para el espectador.

¿Qué está significando el papel de Silvia para Ana Torrent en este momento de su carrera? Porque ha comentado que está en un momento en el que quiere disfrutar ante todo, jugar;y en el fondo su profesión es eso.

-Yo defiendo todos mis trabajos, pero me gusta tanto Silvia, me gusta tanto esta función, que estoy pudiendo jugar como nunca lo había hecho en teatro, disfrutando, probando, descubriendo cosas del personaje. Y, como actriz, estoy sacando cosas que no había hecho, mostrando un lado de mi forma de trabajar que no se conocía, marcado por el desgarro de una mujer que es muy especial, y que también da zarpazos queriendo disfrutar, luchar y mostrar su pasión. Para mí es un trabajo muy diferente a lo que había hecho hasta ahora, por lo que disfruto con el texto, con Carmelo en el escenario... Así que estoy en un momento muy feliz y, además, en una época profesional idónea para esto, para entregarse así cuando algo te gusta tanto y crees tanto en ello.